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2 de octubre de 2015 00:05

Grecia entierra a los muertos anónimos de la crisis de refugiados

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Agencia AFP
Catherine Boitard y Will Vassilopoulos (I)
Mitilene, Grecia

Una niña envuelta en un sudario blanco yace en una esquina del cementerio de la isla griega de Mitilene. Se ahogó el 20 de septiembre y no se encontró a su familia. Unos voluntarios la acompañan en el final de un viaje que debía llevarla al norte de Europa.

Entre ellos figura Effi Latsudi, miembro del colectivo local de la isla de Lesbos que lucha por ofrecer un entierro digno a los migrantes ahogados. También están Mustafá, intérprete egipcio de la ONG Pro Asyl, un iraquí que reza la oración de los muertos y dos cooperantes de la organización Isra-aid, una israelí y una palestina. 

Otras tres mortajas de dos mujeres y un hombre tampoco han podido ser identificados. Por falta de espacio, la niña, de siete años según el acta de defunción, será enterrada con una de las mujeres, que iba en el mismo barco.

“Su madre quizá esté viva en Turquía pero no hemos conseguido encontrar un contacto”, lamenta Latsudi. La niña apareció en el lado griego después de un naufragio entre la costa turca y la de Lesbos, muy cercanas. Los 20 supervivientes socorridos por una patrulla turca dieron cuenta de 24 desaparecidos.

En lo que va de año hubo que sumar once tumbas a las más de 60 cavadas en este rincón del cementerio Aghio Panteleimona, en Mitilene. Y diez cadáveres, hallados en septiembre, todavía no han sido enterrados.

'Vergüenza'

Todos los del grupo, algunos de ellos con mascarilla quirúrgica, ayudan a sepultar los cuerpos, con el apoyo gratuito de una empresa local de pompas fúnebres. Primero esperan delante de los féretros colocados en el suelo a que el sepulturero cave tres tumbas orientadas hacia La Meca.

Uno de los cooperantes se desmorona: “Europa debería avergonzarse, ¿por qué les obliga a arriesgar la vida?”.

Sobre los tres montículos de tierra, plantan ramas de olivo. Antes, en esa parcela había fosas comunes. Mustafá quita con la mano algunos huesos que subieron a la superficie.

“Ahora que sopla viento del norte, habrá todavía más naufragados”, suspira Christos Mavrakidis, el responsable del cementerio. Esa misma mañana, una mujer y un niño perdieron la vida frente a la isla, en un nuevo naufragio en el que sobrevivieron 47 migrantes.

El fondo de la lancha neumática, unas embarcaciones precarias fabricadas en cadena para un solo uso, se rompió, cuenta una superviviente iraní.

El 19 de septiembre se ahogó una niña siria de cinco años. Pudo ser identificada. Su familia, refugiada en Alemania, va a llevarse el cuerpo.

“Desconocido, 28/8/2015” , “Desconocido 4/9/2015”, se lee en algunas de las tumbas.


Coronas de flores

Otras sepulturas llevan nombre. Como la de un sirio, identificado más tarde por su mujer, llegada también de Turquía en barco, gracias al ADN conservado por los servicios forenses.

En las tumbas más antiguas, los muertos de éxodos anteriores, kurdos, iraquíes o afganos, no son más que números.

Y es que no fue hasta el 2012, después de la muerte de 22 migrantes en un naufragio frente a la isla, cuando la red local Horia oloi mazi se movilizó para rescatar a las víctimas del olvido, aportándoles “ un poco de respeto y de humanidad ” y, si fuera posible, ayudar a sus familias a encontrarlas, explica Latsudi.

El cementerio ya no tiene capacidad desde que Lesbos se convirtió en la primera etapa para decenas de miles de migrantes que intentan llegar a Europa, afirma Christos Mavrakidis.

Para él sólo hay una solución: “exhumar los muertos de años anteriores”, como se hace en Grecia con aquellas personas sin medios para las concesiones a perpetuidad en los camposantos. Y eso a sabiendas de que el rito musulmán lo prohíbe.

A unos metros del sepulcro, una familia siria (padre, madre, abuela y dos niños) descansa bajo lápidas decoradas con coronas de flores. Se ahogaron el 18 de marzo del 2014. Eran cristianos que se dirigían a Suecia, de donde vinieron unos familiares para enterrarlos, cuenta el pope Papaleftherios.

Según las autoridades griegas, más de 100 migrantes murieron o están desaparecidos durante las dos últimas semanas en al menos siete naufragios.

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