8 de January de 2010 00:00

Los fuertes vientos destruyeron los techos de 70 casas de Quinindé

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.Redacción Santo Domingo
ecuador@elcomercio.com

Un gigantesco árbol de aromo cayó  sobre la casa de caña y madera de Tenorio Quiñónez. Él es un agricultor que vive en  Quinindé, a  orillas del río del mismo nombre (sur de Esmeraldas).

Una tormenta sorprendió a los moradores de este sector localizado en el oeste de Quinindé, el pasado miércoles, a las 16:00. “Los techos se volaron como hojas de papel por el fuerte viento. El aguacero era terrible”, cuenta.



Detalles de la zona
El barrio 5 de Agosto  está en un área por la  cual el Cabildo planea abrir una vía. Los vecinos aún no han sido notificados. En la zona donde azotó el  huracán hay solo construcciones de madera, caña guadúa y techos de zinc. La mayoría está en el borde del río.La noche del miércoles, Quiñónez debió acomodar los restos de techo sobre una de las paredes de su casa. “Tuvimos que dormir a la intemperie, porque  teníamos temor por  una  nueva tormenta y  por  la creciente del río, que en invierno llega al filo de mi casa”, asegura el agricultor.

Ayer en la mañana, Quiñónez,  con machete en mano, cortó las ramas del árbol de aromo y empezó a reparar su casa de  5 metros de frente por 7 de fondo.
Ahí vive con su esposa, Jenny García,  y con sus dos hijas: Betania, de 12 años, y Jecsi, de 11.

La tormenta que cayó causó que esta familia perdiera su televisor y  su ventilador, entre otros electrodomésticos. “La noche de la desgracia no   tuvimos con qué cubrirnos, porque se mojaron los colchones, sábanas y toda la ropa de la familia”, señala García.

Una vecina de Quiñónez, Maritza Villacrés, tuvo peor suerte. La tempestad  y los vientos huracanados destruyeron por completo toda su casa de caña. “Comenzó a llover  y la casa se  cayó con el viento”, recuerda.

Villacrés se mudó hace tres años a esta zona.  Es una mujer que vive sola. Su madre le regaló el terreno donde levantó su vivienda.  Ahora, del inmueble solo quedan pedazos de caña y madera.  “Me quedé con lo que traigo puesta”, dice.
 
Ella aspira a que alguna autoridad le ayude. Hasta que su anhelo se cumpla o hasta que pueda solucionar el problema, permanece en una habitación que le prestó una vecina, por unos días.

Otra vivienda afectada es la de Yesica Minota. “Alcanzamos a sacar algunas cosas”.  Ella está consciente de que las casas, ubicadas en el borde del río, están expuestas a algún tipo de peligro y eso la  inquieta. Por eso, los vecinos del sector piden la reubicación.

En el barrio 5 de Agosto  se presentaron escenas similares. El ventarrón levantó los techos de 28 construcciones de caña. En total son 70 casas las afectadas.
Marianela Chica pasó momentos de angustia. “Mi esposo  se lastimó la mano al impedir que el zinc caiga sobre mis hijos”.

Ayer en la tarde,  el esposo de Chica, Wellington Nazareno, al igual que sus vecinos, volvió a colocar el techo. Ellos esperan que algo  así no vuelva a ocurrir.

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