14 de mayo de 2015 23:00

Obama da un primer paso para encauzar las relaciones con el Golfo Pérsico

Barack Obama (segundo desde la derecha) junto al emir de Catar Sheikh de Kuwait Ahmed Al Sabah y de OMán Mahmud al Said. Foto: AFP

Barack Obama (segundo desde la derecha) junto al emir de Catar Sheikh de Kuwait Ahmed Al Sabah y de OMán Mahmud al Said. Foto: AFP

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Agencia EFE

El presidente de EE.UU., Barack Obama, dio hoy un primer paso para encauzar una relación con los países árabes del Golfo Pérsico que se ha debilitado en los últimos años, en un intento de convencer a Arabia Saudí y sus vecinos de que Irán no es el centro de su política en Oriente Medio.

"Los compromisos que hemos anunciado hoy podrían marcar el comienzo de una nueva era de cooperación entre nuestros países, una alianza más cercana, más fuerte, que impulse nuestra seguridad mutua durante décadas", declaró Obama después de reunirse con líderes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Omán y Baréin.

Con esa frase, Obama buscó marcar un antes y un después en las tensiones que han lastrado la relación desde el comienzo de la Primavera Árabe en 2011, y que se han acentuado a raíz del conflicto en Siria y las negociaciones nucleares con Irán, el principal enemigo de los Estados suníes del Golfo.

La cumbre regional celebrada hoy en Camp David (Maryland) se cerró con garantías específicas de defensa a esos estados y la promesa de mantener otra reunión de alto nivel en 2016 para seguir profundizando en esa relación.

Eso supone "un paso en la dirección correcta, pero habrá que hacer más, y seguro que se hará más, para reiniciar las relaciones entre Estados Unidos y el CCG (Consejo de Cooperación del Golfo)", al que pertenecen esos seis países árabes, según dijo hoy a Efe el experto en la región Hussein Ibish.

La relación entre Estados Unidos y el Golfo se ha tensado "por la incertidumbre en torno al rumbo de la política estadounidense en Oriente Medio en general, y en lo relativo a la seguridad del Golfo en particular", aseguró Ibish, analista del centro de estudios independiente Instituto de Estados Árabes del Golfo, en Washington.

"Los estados del Golfo temen que las conversaciones del Grupo 5+1 (EE.UU., Francia, Reino Unido, China y Rusia, más Alemania) con Irán fortalecerán a Teherán en detrimento suyo", afirmó el experto.

Obama buscó eliminar en la cumbre dos temores claves en ese sentido: el de que Estados Unidos buscará un acercamiento diplomático a Teherán a raíz del acuerdo nuclear y el de que el levantamiento de sanciones dará alas a Irán para aumentar lo que el Golfo considera actividades hostiles en su área de influencia.

Sobre el primero, Obama les aseguró que el acuerdo nuclear "no es parte de un cambio" en la relación de EE.UU. con Irán, según dijo el asesor estadounidense Ben Rhodes; y respecto al segundo, el mandatario prometió trabajar junto a ellos para "contrarrestar las actividades desestabilizadoras" iraníes en la región.

Esas garantías satisficieron, al menos aparentemente, a Arabia Saudí, el aliado más importante de Washington en la región y el más crítico con la política estadounidense en Irán.

El ministro de Exteriores saudí, Adel al Yobeir, dijo al terminar la cumbre que es "pronto para prejuzgar" el acuerdo nuclear que negocia Estados Unidos con Irán, dado que todavía no hay un pacto definitivo, y fue categórico en su alabanza de Estados Unidos.

"Esta es una reunión sin precedentes entre los países del Golfo y Estados Unidos para llevar nuestra relación a un nivel completamente distinto en las próximas décadas", aseguró Al Yobeir a periodistas.

Esas declaraciones contrastaron los rumores sobre la frustración de Arabia Saudí con EE.UU. que marcaron los días previos a la cumbre, cuando múltiples analistas interpretaron la decisión de última hora del rey saudí Salman de no acudir a la cita como un claro desplante a Obama por sus políticas en Oriente Medio.
Según Ibish, el hecho de que tanto Arabia Saudí como Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Omán enviaran a funcionarios de menor nivel a la cumbre se debe más bien a su deseo de "asegurar que estas reuniones son el comienzo, y no el fin, de la conversación con Estados Unidos sobre sus acuerdos de seguridad y otras formas de cooperación".

"Enviar a funcionarios de menor nivel les ha permitido asegurar que habrá más reuniones (en 2016) y por tanto más oportunidades de cerrar un acuerdo mutuamente aceptable", opinó Ibish.

Quizá por eso, los países del Golfo se han conformado con una promesa escrita de que EE.UU. los defenderá en caso de agresión, en lugar de con el tratado de defensa mutua que habían solicitado inicialmente y que Washington rechazó por la falta de apetito en el Congreso por un nuevo compromiso militar en Oriente Medio.

Tampoco recibieron su petición de aviones de combate F-35, una solicitud complicada para Estados Unidos dada su voluntad de mantener la ventaja militar de Israel en la región.

No obstante, la cumbre se cerró sin ninguna crítica abierta a Estados Unidos, en parte por la promesa de una nueva cita el año que viene y en parte porque los países del Golfo "esperan que sus preocupaciones se puedan aliviar y que la relación pueda volver a encauzarse", concluyó Ibish.

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