10 de febrero de 2015 18:30

¿Qué pasa en la central del Ku-Klux-Klan en EE.UU.?

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Agencia DPA

En algún lugar apartado de la autopista 7 cerca de Harrison, en la América profunda, una pista de grava se desvía en medio del bosque seco de Arkansas.

Automóviles para el desguace oxidados y caravanas se hunden en el suelo. Por allí discurre un pequeño riachuelo junto al que se amontonan sacos de plástico llenos de basura.

Un par de kilómetros más adelante, a la derecha, aparece una entrada por un área vallada y un poco más adelante se levanta una casa de madera blanca de una planta con un tejado rojo. Bienvenidos a la sede central del Ku-Klux-Klan.

Allí espera Thomas Robb, director del "Knights Party" (partido de los caballeros), el mayor grupo actual en Estados Unidos vinculado al ku .

Con manifestaciones violentas, detenciones y ataques que terminaron con graves heridas en la cabeza, este hombre de 68 años tiene una larga historia a sus espaldas.

En realidad el KKK remite a una horrible historia de odio y violencia racial sin precedentes. Aunque los afroamericanos fueron declarados como los enemigos número uno de los miembros del grupo, éstos atacaban también a judíos, inmigrantes, homosexuales, lesbianas, católicos y republicanos.

Brutales asesinatos por linchamiento, violaciones y coberturas de alquitrán y plumas a todo el que pusiera en cuestión la "supremacía blanca" se convirtieron en el distintivo del grupo secreto fundado en 1865.

Sin embargo, después de algunos años "dormido", volvió a ser refundado hace ahora cien años, un evento desatado por la popularidad de la película muda "The Birth of a Nation". Y naturalmente, estaban las togas blancas o coloridas, las capuchas puntiagudas o la cruz ardiente: ningún ritual podía asustar tanto a las potenciales víctimas del odio radical como la de estos hombres enmascarados que por las noches caminaban alrededor de una cruz en llamas en el bosque y con el brazo extendido celebraban el "white pride", el "orgullo blanco".

El año pasado un exmiembro del KKK fue condenado a dos años de prisión en Alabama por instalar una cruz gamada en un barrio habitado por negros, rociarla con gasolina y hacerla arder.   Su intención era "aterrorizar" al municipio, constató el juez.

Robb, sin embargo, ve las cosas de forma diferente. Es cuestionable que el clan utilice la violencia, opina, y asegura que a él la gente le llama el "Gandhi del nacionalismo blanco". Además la ceremonia nocturna en torno a la cruz que celebra cada año el "Knights Party" es popular, asegura.

También sobre la entrada de la casa del KKK salta a la vista una cruz en un círculo rojo, en cuyo centro arde una llama. Más que el centro de comando secreto de un grupo terrorista racista, parece la sala de un club deportivo regional, llena de fotografías y recortes de periódicos que cuentan las marchas del pasado.

En un cuadro, un miembro enmascarado del clan cabalga en la oscuridad. Una instantánea enmarcada muestra a un hombre sonriente al que alguien ha pintado en la mejilla un corazón con las siglas KKK.

En la última "conferencia para la fe y la libertad" incluso hubo lugar para los más pequeños, porque Robb, que se dirige a los suyos como pastor baptista, celebró el encuentro en una iglesia y un parque infantil cerca de la sede del KKK.

Sus próximos proyectos: crear campamentos, aulas y un museo sobre el quién es quién del nacionalismo blanco. Además, amenizó la velada con una barbacoa, música y discursos de los oradores.

La contribución anual de los miembros: USD 35  y un examen escrito de acceso. Según el Southern Poverty Law Center (una ONG de defensa de los derechos civiles), en 41 de los 50 estados del país hay 163 "capítulos" activos del grupo, mientras la cifra de seguidores se calcula que oscila entre 5 000 y 8 000.

Un llamado "klavern" (reunión de un clan local) puede ser especialmente peligroso para la población. El próximo está a punto de celebrarse, mientras se preparan ceremonias a pedido para periodistas curiosos.

Una especie de espectáculo racista para personas sedientas de emociones fuertes. El historiador Samuel Hyde llama "show klan" a esas celebraciones. "Les encanta estar ante las cámaras y difundir su mensaje en Internet", explica el investigador de la universidad de Lousiana experto en el desarrollo de grupos de derecha y extrema derecha en los estados del sur.

Pero la herramienta número uno de propaganda es Internet: las webs en su mayor parte creadas por aficionados ofrecen todo lo que necesita un miembro del clan para alimentar su ideología: "pensamientos arios" y música del "white power", folletos para imprimir uno mismo, un uniforme KKK plateado-dorado por USD 130  (envío gratuito) y bromas sobre el presidente Barack Obama.

El grupo ha pasado por varias fases. Lejos están de su gran influencia de 1925, cuando el clan contaba con entre cuatro y siete millones de miembros e influyó en la elección de al menos 20 senadores y gobernadores.

Escándalos sexuales y luchas de poder internas lo debilitaron, así como procesos judiciales que lo llevaron a dividirse, pero no hay que infravalorar al grupo: desde la llegada de Obama a la presidencia, la cifra de miembros no ha dejado de crecer.

Robb, acompañado de Billy Roper y Rachel Pendergraft, otros dos miembros del grupo, comienzan a explicar el mundo a partir de la visión del Ku-Klux-Klan.

El pastor Robb explica su ideología basada en el amor, los valores familiares y su sueño de renovar Estados Unidos: "No odio a los negros, no odio a los mexicanos, no odio a nadie".

El racismo es sólo una cuestión de definición y para él no se trata de odiar, sino de "amar a su propia gente", es decir, los cristianos blancos. Porque "éramos una nación poderosa" que al pasar los años olvidó su "carácter", su "moral", añade. "No es racista amar a tu propia gente", dice también el cartel de gran tamaño que Robb ha colocado en la carretera de entrada a 30 minutos en automóvil de Harrison.

Sin embargo, Roper se expresa de forma más clara, sin tapujos: "Somos una raza especial. Dios nos ha bendecido. Tenemos la labor de decir públicamente lo que muchos dicen en privado". Los tres transmitieron pronto su ideología a sus hijos. "Nuestras familias viven, comen, respiran y sudan nacionalismo blanco", apostilla Pendergraft.

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