27 de enero de 2016 00:00

1 391 esmeraldeños llegaron a los albergues

Las familias del barrio La Propicia 1 permanecen a orillas del río Esmeraldas con las cosas que rescataron, tras el desbordamiento del afluente. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Las familias del barrio La Propicia 1 permanecen a orillas del río Esmeraldas con las cosas que rescataron, tras el desbordamiento del afluente. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor (I) 
marcel.bonilla@elcomercio.com

Dos coliseos, una iglesia de los mormones, un cuartel del Cuerpo de Bomberos de Esmeraldas y dos escuelas son el refugio provisional de cerca de 1 391 personas afectadas por las inundaciones, provocadas por el desbordamiento de los ríos Teaone y Esmeraldas.

La cantidad de damnificados puede aumentar en estos días.
La provincia busca ser declarada en emergencia por los daños en Rioverde, San Lorenzo, Eloy Alfaro, Esmeraldas y Atacames. La gobernadora Paola Cabezas dijo que los municipios tienen la potestad para hacerlo.

En los albergues, 304 familias tratan de sobrellevar la tragedia. El lunes, la primera noche sin casa, los adultos durmieron sobre cartones, ya que los pocos colchones que llevaron los representantes del Ministerio de Inclusión Económica y Social solo alcanzaron para los niños, que son un 40% de los evacuados.

250 personas se instalaron sobre las gradas y patio del coliseo del colegio Margarita Cortés, que está a 500 metros de la isla Luis Vargas Torres, la cual se inundó el lunes por la crecida del río Esmeraldas. Llegaron con sus cocinas, televisores y ropa en cestos.

Los niños que no han podido ir a la escuela, porque perdieron sus cuadernos y uniforme con el agua que ingresó a sus casas, juegan fútbol sobre la cancha del coliseo. Pedro, de 6 años, no quiere volver más a la isla porque teme ahogarse.

Sobre los colchones, las madres atienden a sus niños que están con gripe por el resfrío de la inundación. Jahaira Angulo, una de las afectadas, dijo que algunos médicos evalúan a los niños, pero cree que por la cantidad de personas que hay puede haber más enfermedades.

Los albergados comparten los botellones de agua que son llevados por representantes del Municipio y voluntarios. 

Uno de los problemas es el uso de las baterías sanitarias, que no abastecen a todos. Otro de los inconvenientes es la alimentación que no llega a tiempo y desespera a las madres que tienen hasta cinco hijos, opinó Carolina Montaño, una de las albergadas.

Rosa Sánchez y sus dos hijos no habían almorzado hasta las 14:00 de ayer, porque no llegaba la alimentación. “No es igual estar aquí en un salón abierto donde no podemos cambiarnos, que estar en nuestras casas”.

Víctor Borja, del sector La Chamera, quien perdió todos sus enseres, protestó ayer en el albergue de la iglesia de los mormones en La Propicia, sur de la ciudad. “No solo queremos que nos cuenten a cada rato sino que nos digan qué va a pasar con nuestras casas que siguen llenas de agua”, dijo Borja, de 65 años. A ese albergue fueron llevadas 243 personas, entre ellos 107 niños.

Ese y tres albergues más fueron fumigados por el Servicio de Erradicación de la Malaria, para prevenir la propagación del zancudo que trasmite el dengue y paludismo.

Otras 30 familias durmieron tras la inundación en la vía que atraviesa la isla, porque se quedaron cuidando sus pertenencias que sacaron. Emilia Arboleda durmió en una carpa con sus cuatro hijos.

A lo largo de la vía, cientos de conductores se estacionaron sus vehículos para regalar agua, alimentos, ropa y dinero. Los afectados se unieron entre familias para preparar alimentos para todos con parte del dinero que recibieron.

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