30 de julio de 2014 00:00

Los abogados se convierten en jueces en la Escuela Judicial

Más de 1 000 funcionarios de la justicia se han capacitado en las aulas de la Escuela de la Función Judicial. Cortesía / Consejo de la Judicatura

Más de 1 000 funcionarios de la justicia se han capacitado en las aulas de la Escuela de la Función Judicial. Cortesía / Consejo de la Judicatura

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Sara Ortiz.  Redactora

Los jueces tienen el poder para definir el futuro de una persona procesada por un delito. Para bien o para mal, estos funcionarios, en segundos, ordenan la prisión de una persona, disponen el embargo de los bienes de un sospechoso o reparan el dolor de las víctimas.

Se trata de una práctica delicada que no está exenta de errores, ni corrupción. Así lo explica el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA) en sus análisis.

Una forma para reducir este riesgo y mejorar la aplicación de la justicia es a través de la formación continua de jueces y los demás operadores como fiscales, abogados y defensores públicos, según el organismo. Esta entidad autónoma intergubernamental que acompaña procesos de modernización judicial, plantea que todos los Estados tomen a un abogado y lo conviertan en juez o fiscal.

En el país, desde el 2013, el Consejo de la Judicatura es el rector de la formación de todos los funcionarios de justicia a través de la Escuela de la Función Judicial. De forma presencial o virtual, con clases prácticas y teóricas, los futuros jueces y fiscales asumen sus cargos tras aprobar un curso de formación inicial que dura entre 180 y 200 horas.

Si el estudiante no obtiene el 80% de la nota, no podrá ser un servidor público de la Justicia.

El lunes pasado, en la Unidad de Flagrancia de Quito, en el norte, un juez se alistaba a celebrar una audiencia. Como si se tratara de una misa, en esta diligencia se debe cumplir una especie de liturgia. El juez primero toma la palabra. Con todos los presenten en la sala de pie, explica que “la República del Ecuador” le dio la potestad para dirigir esta audiencia.

El segundo acto: juez le concede la palabra al fiscal para que exponga los hechos. Después le toca el turno al abogado, de nuevo habla el fiscal y luego la palabra la tiene el abogado.

En apariencia parece un acto fácil; sin embargo, la primera vez que el juez Carlos Erazo dirigió una audiencia escribió en un cuaderno de notas los pasos que de esta diligencia. “Así no me olvidaría nada”.

Con el tiempo ese cuaderno se convirtió en su libro de consulta obligada. Allí anotaba las respuestas a las interrogantes que se planteaban en el estrado.

“Qué hacer en caso de que las partes quieran conciliar, qué hacer si una mujer en medio de la audiencia dice que está embarazada…”. Erazo ya no usa este cuaderno, pero aún mantiene en cada diligencia sus libros de Derecho.

Tomás Alvear es el director nacional de la Escuela Judicial. El trabajo que se hace en esas aulas lo resume así: “cada nuevo funcionario debe aprender en la Escuela cuál va a ser su rol dentro de la Función Judicial y sus límites de accionar”.

Según Alvear, a pesar de que la Constitución del 2008 ordenaba la creación de la Escuela Judicial debieron pasar cinco años para que en la práctica exista. De los 23 países que componen la Red de Escuelas Judiciales de Iberoamérica, la ecuatoriana es la más nueva.

En sus aulas se dictan cursos de formación inicial para los futuros operadores de justicia y de formación continua para los funcionarios que llevan años en el sistema.

Tania Moreno llegó a la Fiscalía en el 2002. En este tiempo se ha encargado de unidades de Delitos sexuales y Delincuencia organizada. “Mi papel en el sistema judicial es sostener una acusación”, señala. Para ella, ser fiscal es un ejercicio de vocación. Solo así se entiende que dirige operativos en horas de la madrugada y arriesga su vida en las investigaciones.

Alvear señala que cada una de las destrezas de los fiscales y jueces se aprende en la práctica diaria. Un investigador, por ejemplo debe saber cómo dirigir una indagación, entender el comportamiento criminal, hacer hipótesis. La de un juez es, sobre todo, garantizar la aplicación imparcial de las leyes.

Un estudio del CEJA sobre la calidad de las sentencias en juzgados penales de tres países (Uruguay, Chile y Perú) concluye que los jueces que mejor argumentaron sus fallos fueron los que había recibido formación previa para juez.

Saber cómo redactar una sentencia, litigar en un estrado, rebatir una acusación son algunos de los cursos que deben superar los jueces y fiscales los jueces y fiscales ecuatorianos.
La capacitación, según la ley, es la única vía para lograr un ascenso en su carrera.

Santiago Guarderas, decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica del Ecuador, indica que si bien sus estudiantes se gradúan con los suficientes conocimientos teóricos, la práctica es una forma de madurez profesional.

En esta Facultad existe un consultorio jurídico en donde los futuros abogados atienden hechos reales, demandas de alimentos y violaciones de derechos. “Uno puede saber mucho de las leyes, pero en la vida real, un caso tiene un contexto diferente”, explica Silvia Mejía, estudiante. La joven aspira a convertirse en juez algún día. Pero ahora, hace es practicante en un juzgado Penal.

El último estudio del Latinobarómetro, señala que la justicia ocupa el segundo lugar de desconfianza de la gente.

La CEJA explica que un mecanismo para lograr deducir los índices de corrupción en la Función Judicial es a través de la formación de jueces, una de sus recomendaciones es que esta se haga de forma independiente de otros poderes.

En contexto
Como parte de los cursos continuos, la Escuela Judicial también diseñó un curso sobre el Código Integral Penal. Además de jueces, fiscales y defensores públicos, policías, abogados y estudiantes universitarios se capacitan de forma virtual en la normativa.

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