13 de July de 2009 00:00

Dos equipos asesoran a R. Correa

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Redacción Política
 
El viernes 3, el presidente Rafael Correa estaba  por concluir la reunión de su Gabinete, en Pasaje. Mientras se alistaba para continuar con una agenda cultural, recibió una llamada del canciller Fander  Falconí, quien se encontraba en la sede de la Organización de Naciones Unidas, en Washington.

La Asamblea extraordinaria de la OEA estaba por comenzar y la condena al gobierno de facto hondureño encabezado por Roberto Micheletti  era inminente.

En ese instante, Correa decidió  viajar a ese país para, junto con otros mandatarios de la región, llegar a Tegucigalpa con el depuesto mandatario hondureño, Manuel Zelaya. El personal de protocolo inició los preparativos para el viaje, mientras que  la Secretaría de Prensa de la Presidencia convocaba a los medios de comunicación para  acompañar al Jefe de Estado.

En Carondelet está claro que quien toma las decisiones en la política internacional es el presidente Correa, no solo porque así dispone el literal 10 del artículo 147 de la Constitución,  que indica que entre las atribuciones del gobernante está la de “definir la política exterior, suscribir y ratificar los tratados…”, sino también porque actúa de forma impulsiva,  y esas varias  decisiones no necesariamente  son recomendadas por sus asesores.

“Muchas veces estas resoluciones son de carácter ideológico e impulsivas, más que reflexivas”.  Esa es la opinión de funcionarios diplomáticos de carrera que   han tenido algún tipo de contacto en esta materia.

¿Quiénes son los asesores directos en materia de política exterior del Presidente ecuatoriano? Hay dos equipos. El primero está encabezado por el canciller Fander Falconí,  uno de los  fundadores de Alianza País, y su equipo de trabajo en el que se incluyen a asesores y un equipo de analistas políticos, entre los que están el español Decio Machado (ver nota compartida),  Julio Oleas, Marco Albuja, Jorge Orbe...

El canciller  Falconí, de profesión economista, es uno de los hombres de confianza del Primer Mandatario, incluso él fue el coordinador del Plan de Gobierno de la lista 35. Sin embargo, el papel del Canciller en muchas ocasiones se ha limitado a ejecutar las decisiones del Presidente, opina un ex canciller, pues su perfil es el de un  planificador. 

 Falconí no siempre le presenta los escenarios geopolíticos para que decida el Mandatario, añade la analista Grace Jaramillo, coordinadora del Programa de Estudios Internacionales de la Flacso.

En Carondelet hay un segundo grupo  de asesores en   política exterior. Francisco Suéscum, quien retornó de Bogotá tras la ruptura de las relaciones con Colombia, el 2 de marzo, está en ese grupo. Antes de llegar en misión al país cafetalero estuvo seis años en Caracas (Venezuela) y se transformó en la bisagra que articula las relaciones con ese país.

Junto a Suéscum, quien poco se deja ver en el Palacio de Carondelet, también están dos personajes con una clara tendencia política de izquierda. Ellos son Pedro Páez, ex ministro de Coordinación de la Política Económica, y su sucesor, Diego Borja, quien también estuvo en la Asamblea Constituyente de Montecristi. 

Ellos realizan seguimientos de los convenios suscritos con Venezuela y tienen contactos directos con el embajador de ese país en Quito, Óscar Navas Tortolero.

En la relación con Venezuela el papel del embajador René Vargas Pazzos está en segundo plano. Eso fue visible en la última visita del presidente Correa a ese país petrolero. Incluso físicamente se le vio distante del Jefe de Estado ecuatoriano.

El ministro de Defensa, Javier Ponce; el secretario particular Galo Mora, identificado con la revolución nicaragüense; Alexis Mera, asesor jurídico de Carondelet, quien ha sido el principal consejero del Mandatario en temas como la denuncia del Ecuador del Ciadi;  y el asesor de Carondelet, Miguel Carbo, completan ese otro grupo de asesores.  

No obstante, ello no implica que el Mandatario también pida la opinión de expertos en distintas materias. Después del ataque del Ejército colombiano al campamento de las FARC en Angostura y antes de romper las relaciones diplomáticas con el presidente Álvaro Uribe, Correa hizo varias consultas, entre ellas al ex embajador Francisco Carrión.

La opinión de todos ellos fue que el país debía mantener una actitud firme y de respeto a la soberanía nacional. En esa decisión se ha mantenido el Mandatario.

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