8 de November de 2009 00:00

Elvis Presley, el eterno seductor

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Apasionante, porque puede pasar del mero entretenimiento a la pretensión artística en un santiamén, por lo que exige una cierta entrega de quien se detiene frente a él. Desconcertante, porque ya en sus comienzos exhibió como nadie esa delgada línea que divide cualquier pretensión de cualquier banalidad.



Daniel Amiano
Columnista

Es editor de La Nación Tevé y columnista de rock en la sección Espectáculos.  Trabajó en el suplemento Vía Libre, suplemento Rock y Deportes, y realizó colaboraciones en la Revista y Cultura. La Nación, Argentina.  GDAY Elvis Presley fue quien abrió la puerta.  Dueño de una voz dúctil y sumamente expresiva, y de un manejo del cuerpo del que hizo su sello distintivo, Elvis fue el primero en casi todo. Su exposición plena ayudó tanto a demoler prejuicios y generar un espacio de pertenencia propio para los jóvenes como para exponer su propia decadencia como una performance.

Se adueñó de una música negra (heredera del blues, el gospel, el R&B) para convertirla en un negocio descomunal, entonces solo permitido a los blancos, y una vez convertido en el realizador del gran sueño americano (vale decir: el joven camionero que se convirtió en una estrella), su movimiento de caderas comenzó a dar extrañas señales a los jóvenes.

Eso, entonces, era rebeldía. Y esa rebeldía llevaría a dar el salto del entretenimiento al movimiento cultural que se instaló en los  60. 

Más de medio siglo después del siempre ejemplar ‘Heartbreak Hotel’, y a 30 años de su muerte (el 16 de agosto de 1977), Elvis es un mito que nada ni nadie puede derribar. No importan sus vaivenes. De ser el rey del rock pasó a ser un baladista difícil de defender. También fue ese gran rebelde que -mientras sus ex seguidores marchaban contra la guerra de Vietnam- apoyaba a Nixon. Nada puede apagar el fuego que encendió en los años 50.

Elvis aún genera contradicciones. Los incondicionales, por supuesto, aman todo lo que hizo. Otros prefieren cierta etapa, determinada actitud. Tiene miles  de imitadores, pero cuando suena alguno de aquellos viejos sencillos...

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