20 de November de 2011 09:56

La rivalidad entre colegios tiene 40 años en Ambato

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Más de 200 policías y militares fueron ubicados estratégicamente para evitar un potencial enfrentamiento entre los  grupos de  estudiantes.  Esta fue una de las medidas en el intento por frenar una rivalidad entre dos de los colegios considerados  de prestigio en Ambato, que   persiste por más de 40 años.

Estos establecimientos son el Instituto Tecnológico  Superior Bolívar  y el Instituto Superior Tecnológico Docente  Guayaquil. Su antagonismo  ocasiona malestar entre la gente que acude a un evento social o deportivo, aparte de  que  pudiera  derivar en un hecho  de violencia impredecible, según los educadores consultados.

Nadie sabe con precisión por qué empezó esta rivalidad. Lo cierto es que   reprime  la  actuación de los chicos en eventos deportivos como los intercolegiales y actos sociales como ocurrió en el  desfile del 12 de noviembre.

Mario M., egresado del Bolívar, recuerda que estos conflictos  empezaron en los torneos  de baloncesto que se jugaban en las canchas del Colegio Juan León Mera La Salle. Fueron los años 70 y la polémica  comenzó entre el Bolívar y La Salle. Después los partidos eran en el  Coliseo Cerrado de los Deportes y apareció un nuevo contendor:  el Colegio Guayaquil.

Según la psicóloga estudiantil, Gabriela Cruz, esta energía antagónica debería canalizarse   hacia   concursos de investigación científica.   Pero el tema  todavía aguarda una solución definitiva. “A mediados de los 90, las diferencias entre los del Guayaquil y del Bolívar se solucionaban a trompadas en el parque Cevallos. Las chicas del Ambato apoyábamos a los del Bolívar y las del Hispano a los  del Guayaquil. Así lo acordamos”, recuerda Elizabeth Cruz, una ex alumna del Colegio Ambato.


En la última década y conforme la rivalidad se convirtió en batallas campales en donde, según  las autoridades de ambos colegios, “hay  jóvenes egresados” que incentivan a estos hechos. Por eso la Dirección de Educación de Tungurahua  aplicó medidas de control más severas. Incluso, el miércoles  9 se elaboró  un acta transaccional de mutuo respeto. Esta fue firmada por los rectores y representantes estudiantiles de los colegios Ambato, Hispano América, Guayaquil, Bolívar y Atahualpa.  El acta   los comprometió a participar pacíficamente  y sin protagonizar desmanes. Tampoco exhibir algún distintivo relacionado con la institución. Se creó una veeduría.

Pero el pacto no se respetó. Por lo menos no durante el   desfile del 12 de noviembre. A una cuadra de la tribuna principal, en la avenida Cevallos entre Mera y Martínez, las barras de los alumnos del Guayaquil y Bolívar protagonizaron incidentes que la gente  calificó de vergonzosos. Hubo señales obscenas, gritos procaces  e insultos.

La Fuerza Pública intervino  para evitar la violencia física. “Esto debe ser corregido de una vez con la participación de los padres de familia, las autoridades de cada plantel y los estudiantes. Son unos pocos y por ellos se descalifica a todos”, opina Miguel Morales, coordinador del desfile.

Según el rector de instituto Bolívar, Édgar Castellanos,   las barras del desfile estaban integradas por ex alumnos. “No se trata de un asunto institucional interno, son  barras callejeras que se autodenominan Luto Rojo”

El rector (e)  del Guayaquil,  Joffre Venegas, explica   que se trata  de concienciar a  los estudiantes sobre este tema.  “Quienes intervienen en esas barras no son estudiantes”.

 

 

Punto de vista  Marcelo Robayo/ Jurista

‘Un cambio en la mentalidad’

 

Este antagonismo hay que cortarlo de raíz y pronto o lamentaremos acontecimientos impredecibles. Para conseguirlo se requiere  un cambio progresivo en la   mentalidad de los jóvenes  desde las aulas y desde los hogares.

Hay que  cambiar el pensamiento  de determinados  profesores. Ellos son quienes  infunden en los alumnos ese sentido absurdo de superioridad frente al otro.

El segregacionismo  es una práctica muy peligrosa. Se debe entender  que si hay alguna aptitud sobresaliente en algún colegio debería  servir como un buen ejemplo para el resto de instituciones.

Cuando fui estudiante se organizaba el concurso de libro leído. Era una olimpiada del saber , pero  sin ofensas  ni violencia.

 

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