13 de December de 2011 12:03

Menos gente de Perú vive en Loja

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La presencia de comerciantes peruanos se redujo en Loja. En el centro comercial Reina de El Cisne, el más grande de la ciudad, pocos vendedores de ese país promocionan su mercadería.

Hasta inicios de año su presencia era masiva. Según la peruana Patricia Segarra, de 36 años, la situación económica de su país mejoró. “Muchos de mis amigos comerciantes ya no traen cosas para vender porque les va mejor allá”.

Segarra vive en Loja desde hace un año. Está casada con el ecuatoriano Darwin Rodríguez, con quien tiene un hijo. En un local rentado en el centro de Loja se dedica a la venta de artesanías.

Eulalia Vélez, de 28 años, llegó la semana pasada a Loja. Ella coincide con Segarra. “La situación en Perú está mejorando, pero la suerte no es para todos y tenemos que salir a buscar la vida en Ecuador”. Ella vende pijamas en los mercados lojanos.

Según Vélez, las ventas están bajas. El año pasado su mercadería se terminó en tres días. “Este año muchos compañeros se fueron a otras ciudades de mi país (Perú) para vender sus cosas”.

La oficina del Consulado del Perú en Loja registra 1 456 peruanos con visas en el país. De ese número, 400 viven en Loja.

La peruana Patricia Segarra, además de vender artesanías, es chef profesional. Asistió a eventos internacionales como la Feria Internacional Gastronómica realizada en noviembre en Loja.

Su anhelo es regresar a su país, pero por su familia no lo puede hacer. “Si no tuviera mi familia acá en Loja me iría sin pensarlo porque gastaría menos. Esta ciudad es muy cara para vivir”.

Patricia Gutiérrez, coordinadora de la Secretaría Nacional del Migrante (Senami) en Loja, asegura que en sus visitas a los cantones fronterizos como Espíndola, Calvas, Zapotillo y Macará encontró gran cantidad de peruanos que ingresan sin documentos.

Ellos laboran en la agricultura o en la construcción y las mujeres como empleadas domésticas.

José Estrada, presidente de la Asociación de Peruanos residentes en Catamayo, dice que no hay una reducción importante. Cuando empezó su organización en el 2009 fue integrada por 15 personas y ahora son 35. “Muchos temen ser deportados, por eso no se registran”.

El peruano José Rubio, de 29 años, estudia medicina en la Universidad Nacional de Loja (UNL). Sus estudios son financiados por sus padres y hermanos mayores. Hasta hace seis meses quería radicarse en Loja. Ahora quiere ir a un posgrado en Chile para luego ejercer la profesión en su país.

“Las cosas mejoraron dicen mis padres. Acá con mis paisanos hemos pensado y algunos estamos tomando en serio la decisión de regresar”, cuenta Rubio, quien cursa el tercer año de medicina.

Lo mismo piensa Mayra Calderón, de 27 años, quien está en sexto módulo de odontología en la UNL. Ella quiere regresar a Piura para ofrecer sus servicios.

Este año, en la UNL se matricularon 42 estudiantes de ese país. Según las estadísticas de la Unidad de Desarrollo Universitario de esta universidad, 33 de esos alumnos estudian en áreas vinculadas con la medicina.

En la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) se registraron 27 peruanos y se encuentran distribuidos en las carreras humanísticas y psicológicas.


La regulación

En un sondeo realizado por el programa de Movilidad Humana en Loja se determinó que el 60% de peruanos no está regularizado en esta provincia.

Ellos pueden acceder a la visa 9-VII. Es de carácter indefinido y se aplica a quienes ingresaron por un puesto fronterizo oficial antes del 3 de febrero pasado.

250 personas accedieron este año a la ayuda que brinda la oficina de Movilidad Humana de la Pastoral Social de Loja.

También es cierto que hay estabilidad económica en Perú e, incluso, muestra un crecimiento importante en los últimos años. Sin embargo, no creo que la migración de peruanos se haya detenido. En la capital azuaya aún es común ver familias de peruanos dedicadas a varios trabajos.

Hay peruanos que se ocupan en la construcción y las mujeres en quehaceres domésticos, porque el sueldo en dólares todavía es atractivo. Además, en Ecuador hay menos inseguridad y hechos delictivos que en otros países.

Estos factores contribuyen para que nuestro país siga recibiendo a personas de otras naciones, que buscan un sustento económico y en muchos casos se radican.

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