31 de August de 2010 00:00

A la escuela solo se llega en canoa

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 0
Elsa Mera.

De pie sobre una estrecha canoa de madera, las hermanas Lorena y Betty Martínez Pianchiche se trasladan a su escuela aguas abajo del río Cayapas.

A las 06:45 de un miércoles de agosto, con un canalete entre sus manos, suben a la embarcación rústica de 5 metros de largo por 40 centímetros de ancho.Lorena y Betty parten desde la escalinata del recinto El Encanto, en la parroquia Atahualpa, en el cantón Eloy Alfaro, norte de Esmeraldas. Otros 10 estudiantes también están listos para iniciar su recorrido por el afluente.

Ellos reciben clases en la Unidad Educativa Fiscomisional Santa María de los Cayapas, en la comunidad del mismo nombre, que está a 25 minutos en canoa. Es la única forma de transporte que tienen los niños de esta localidad esmeraldeña para ir a clases. No hay vías terrestres.

Coordinan cada uno de sus movimientos y se mantienen erguidos y sin moverse sobre las canoas, que parecen hechas a su medida. Una a una se van alineando en el afluente. En el ancho de la embarcación apenas hay espacio para poner los pies.

Por un brazo del extenso y caudaloso río Cayapas, se observa a decenas de niños y jóvenes que se desplazan en las pequeñas naves. Lo hacen todos los días .

Se distinguen del resto de navegantes por su uniforme de camisa o blusa de color blanco y falda o pantalón caqui.

El grupo de alumnos pertenece a la etnia chachi. Las niñas lucen una larga cabellera negra y lacia. Los varones llevan el cabello perfectamente recortado. Lorena tiene 15 años y está en el octavo año de educación básica; Betty, con quien comparte la canoa para ir a la escuela, cumplió los 10 y cursa el quinto año escolar.

En el trayecto esquivan las ramas de los grandes arbustos que hay en la ribera y los troncos secos varados en el agua que han sido desechados por las empresas madereras que talan el bosque. En ocasiones hacen maniobras para no hundirse.

Llevan sus cuadernos y libros dentro de un bolso (no son mochilas) que cuelgan en sus hombros. Reman en silencio, nadie conversa, solo se cruzan las miradas. No está permitido distraerse ni por un instante. Así de forma aleatoria avanzan por el río, flanqueado por grandes árboles.

A las 07:10 llegan a la comunidad Santa María de los Cayapas, donde está la escuela y el colegio que tienen el mismo nombre. Dejan, de manera ordenada, sus pequeñas embarcaciones ancladas en la escalinata.

La imagen de la Virgen María les da la bienvenida en este pueblo de 700 habitantes, que pertenece a la parroquia Atahualpa, del cantón Eloy Alfaro.

A la entrada de la escuela se ve el escudo, un símbolo de trabajo y el esfuerzo para la comunidad. Dos manos, una de color canela y otra de color negro, sostienen un bastón de mando sobre la cabeza de un tigre.

Al igual que la unidad educativa, las casas -en su mayoría- se han construido sobre la loma, en donde no son alcanzadas por la corriente del río Cayapas, que en cada invierno se desborda inundando las partes bajas.

Detrás de los alumnos de la comunidad chachi El Encanto llegan más niños en canoas de otros poblados aledaños.

Los hermanos Argel, de 11 años; Byron, de 10; y Jackson Ayoví Nazareno, de 8 años viven en el recinto Zapallito, aguas arriba del Cayapas, un poco más distante de El Encanto. Ellos pertenecen a la etnia de los negros.

Sonríen amablemente mostrando su blanca dentadura.

Con ellos son alrededor de 70 alumnos que se trasladan en canoa, según Fausto Caicedo, rector de la Unidad Educativa, que fue fundada por la Misión Católica el 15 de agosto de 1961.

En la actualidad continúa siendo administrada por el Vicariato Apostólico de Esmeraldas.

En esa escuela se educan 270 niños, niñas y adolescentes. Vienen de varios recintos asentados a lo largo del río, entre los que están Camarones, Rampidal, Trinidad, Zapallito, Bellavista y de la parroquia San José.

Santa María de los Cayapas y sus alrededores son el territorio donde conviven negros y chachis, dos etnias que hasta hace cuatro décadas mantenían conflictos por sus diferencias culturales.

Hoy no solo comparten los salones de clases, también luchan juntos por desterrar el analfabetismo y la pobreza, enviando a sus hijos a esta escuela, que es un referente en la zona.

En las comunidades de otras parroquias de Eloy Alfaro, por donde cruzan los ríos Ónzole y Santiago, los niños también viajan en canoa para ir a estudiar.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)