24 de April de 2012 12:19

Una de las carreteras más peligrosas del país

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Sin duda, la vía que una a Papallacta con Quito es una de las carreteras que mayor cantidad de accidentes produce.  Por eso, seguramente, quienes viven cerca de ella la llaman “La autopista de la muerte”.

En los últimos 12 años, al menos 90 personas han muerto en 23 accidentes, según una contabilización hecha por este diario y la Policía.  Se calcula que hubo 180 heridos.

Según una nota publicada en EL COMERCIO el 11 de enero del 2010 la principal causa de accidentes en esa vía es la invasión de carril.  En ese entonces, la Unidad de Investigación de Accidentes en la Provincia de Pichincha, del SIAT, estableció que la principal causa de accidentes, en los 20 casos más graves, es la invasión del carril de circulación, con un 35% .

Le sigue el exceso de velocidad (25%), la pérdida de control del vehículo por cristalización de zapatas (20%) y la desatención de conductores (20%). “Es importante que los conductores descansen lo suficiente para que no se queden dormidos y no se distraigan manipulado los radios, fumando o hablando por teléfono celular”, refiere Pavón.

Sin embargo, parece haber otras posibles causas. Una persona que tiene una propiedad en la zona de Paluguillo, y que no quiso revelar su identidad, sostiene que en una de las curvas donde se producen los accidentes muchas veces hay gravilla que cae de las volquetas que llevan material de construcción. Esa gravilla, dice, hace que la curva sea particularmente resbalosa. Además, sostiene, muchas veces se congela el agua que está sobre el pavimento.

Los conductores coinciden en que el trazado de la vía también es un detonante para que ocurran accidentes. “Las curvas son demasiado cerradas y uno tiene que pegarse al carril contrario para poder tomarlas de forma adecuada”, dice Jaime Vélez, taxista de Quito. “Si no se tienen los nervios bien puestos se puede chocar con los carros que circulan en sentido contrario. Por la noche o madrugada, la situación se agrava porque hay neblina”.

Además, la vía está en medio de elevaciones montañosas y peñas pronunciadas. “El bus en el que iba mi hija, precisamente se salió de la vía y cayó a una quebrada de 80 metros”, recuerda Blanca Campoverde.

“Un sobreviviente me dijo que el conductor se durmió y que por eso se cayeron”. El SIAT asegura que los buses de transporte interprovincial ocupan el tercer lugar en la lista de mayores accidentes en esa vía. Primero están los camiones y luego los vehículos particulares.

“Pero los de los buses son los más graves, porque normalmente llevan pasajeros y se pierden muchas vidas”, comenta Pavón. En un recorrido hecho por este diario en el 2010 se constató que pese a los riesgos de esta arteria, muchos conductores la transitan con imprudencia. En el kilómetro 21, por ejemplo, la calzada tiene una doble línea de color amarillo, que indica que es prohibido rebasar.

Pese a ello, un camión y un tráiler lo hicieron en una curva cerrada. Luego, ambos aceleraron como si se tratara de una competencia. Se aproximaron a las vallas amarillas que están a un costado de la vía rozando. Esas estructuras de hierro están dobladas por impactos anteriores de vehículos.

“El bus en el que iba mi hija chocó contra una de esas vallas antes de caer al abismo, pero por la gran velocidad que tenía las atravesó”, se lamenta Campoverde.

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