2 de December de 2010 00:00

La ceniza contamina las granjas avícolas

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Redacción Sierra Centro

Las explosiones del volcán Tungurahua hacían vibrar ayer las ventanas de la humilde vivienda de María Pérez. Pero ella permanecía quieta y tranquila.

“En el 2006 y en junio de este año fue peor. La ceniza que caía sobre el pueblo era negra. Ahora es gris y blanca. Esto se ha vuelto común para nosotros. Lo que más nos preocupa son los daños en la agricultura y la ganadería ”, explicó Pérez.Esta mujer reside en el centro urbano de la parroquia Cotaló (cantón Pelileo) situado a 5 kilómetros de las faldas del coloso. Desde el fin de semana pasado, las lluvias de ceniza son constantes. Cotaló está en la zona de riesgo y los 2 800 habitantes viven en alerta naranja.

Esto significa que, si el volcán aumenta su actividad a niveles de riesgo, tendrán que abandonar el pueblo hacia los refugios situados en Pelileo. “Esperamos que eso no ocurra. Acá la gente se opone a abandonar sus tierras”, señaló Pérez.

Desde la carretera asfaltada de doble carril de 17 km, que conecta a Cotaló con Pelileo, el pueblo se observa de color gris. Los extensos cultivos de maíz, los pastizales y calles adoquinadas están cubiertas por la ceniza. En las canchas deportivas el material se acumuló más.

La asistencia a las cuatro escuelas y el colegio que funcionan en esta parroquia están suspendidas por el censo en las zonas dispersas. “Cuando los chicos retornen a clases habrá problemas de salud. A pesar que ya se les entregaron mascarillas siempre hay casos de enfermedades respiratorias”, dijo Juan Martínez, presidente de la Junta Parroquial. En Cotaló, según Martínez, la ceniza empezó a dañar 400 hectáreas de maíz y 800 cabezas de ganado no cuentan con pastos para alimentarse.

Otra de las actividades en riesgo por causa de la ceniza es la avicultura. En esta zona hay 50 pequeñas y medianas granjas avícolas que crían a 1200 000 aves. La producción diaria supera los 700 000 huevos que se distribuyen a todo el país.

Luis Sánchez es el propietario de avícola Cecilita, una de las más grandes de la parroquia. Cría 350 000 gallinas que le permiten contar con 200 000 huevos diarios.

“La reactivación volcánica nos ha obligado a proteger los reservorios de agua y el almacenamiento del balanceado.

También les aplicamos antibióticos. Sin embargo, si las cosas se complican con el volcán, en mi caso, no pienso sacar a mis animales ni desarmar mis galpones. Me iré con mi familia a otro lugar, pero eso será todo”, señaló Sánchez.

Ayer, alrededor de las 10:00, los técnicos del Instituto Geofísico registraron incandescencia en el volcán. Los bloques de fuego, según el reporte, se elevaban a 1 000 metros del cráter. Los habitantes de las zonas más cercanas (Bilbao, Chacauco y Pillate) aseguraron que la tierra temblaba con cada una de las explosiones.

En Cotaló, la gente no estaba asustada. “Deberían venir en las noches y madrugadas cuando el coloso se despeja. Allí si se puede observar la candela desde los miradores de por aquí”, recomendó José Narváez, otro morador.

Daniel Yancha, encargado de la Sala Situacional de la Secretaría Nacional de Riesgos, explicó que la ceniza de estos días tiene la particularidad de que se adhiere firmemente a las plantas y luego se vuelve dura como el cemento.

Lava y piedras son expulsadas

Según el director del Instituto Geofísico, Hugo Yepes, la actividad del volcán Tungurahua es considerada actualmente como estromboliana. Este término hace referencia a un conjunto de erupciones explosivas, separadas por espacios de tranquilidad. Así como a la salida constante de material incandescente en forma de bloques.

Esto se registra en las noches. En cada explosión existe la salida de gases y ceniza liberados por el propio magma. En la noche se observan los flujos piroclásticos, que son lava y piedras incandescentes que descienden por las laderas.

Según el Instituto Geofísico, en la noche del martes hubo expulsión de bloques hasta 1 kilómetro sobre el cráter y rodando hasta 1 km bajo la cumbre.

La salida de ceniza y vapor de agua es continua, y la ceniza es muy fina.

También está acompañada de bramidos de variada intensidad. La altura que alcanza es de 3 a 4 kilómetros sobre el nivel del cráter. La dirección de los vientos fue de nororiente a occidente.

Los técnicos de la Estación Guadalupe reportaron la caída de ceniza en los pastizales y sembríos de las partes altas de las comunidades de Bilbao, Pillate, Cusúa, Cahuají, Choglontús y El Manzano, en el cantón Penipe (Chimborazo), y en Quero y Mocha (Tungurahua).

En las últimas horas, según el Instituto Geofísico, no se registraron lluvias ni descenso de lodo y piedras.

Según Yepes, no se registran cambios significativos en la energía del coloso, por lo que se considera actualmente que el proceso eruptivo del volcán tiene un comportamiento estromboliano (o sistema abierto). Redacción Sierra Centro

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