28 de May de 2013 11:46

La adopción, una buena dosis de entrega en Ambato

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Un problema en su útero frenó a María F. la posibilidad de ser madre .

Después de varios intentos por embarazarse, Luis C., el esposo de esta supervisora de ventas, le propuso adoptar un bebé.

Los esposos de 28 y 29 años, respectivamente, iniciaron el proceso en la Unidad Técnica de Adopciones Regional Norte, que funciona en Quito. Para cumplir con el papeleo viajaban dos veces al mes, de Ambato a Quito.

Después de postularse, esperaron más de un año para recibir a su hijo. Según Martha Freire, técnica del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), “previamente se les hizo un estudio para saber si estaban psicológicamente capacitados para adaptarse a un menor que no es de su sangre”.

Además, tanto la familia como la persona que se postula para adoptar reciben una preparación. Todo este proceso podría durar entre nueve meses y un año.

Luego se inicia el denominado ‘emparentamiento’, que podría extenderse hasta tres meses. Es decir, en ese tiempo los niños y sus nuevos padres se conocen y empiezan a compartir su tiempo.  

En el caso de esta pareja, se emparentaron en el Hogar Santa Marianita, en Ambato,  que es un centro de acogida permanente para chicos maltratados y huérfanos.

Ellos se familiarizaron en un mes. En ese tiempo, Luis y María hicieron un álbum con fotografías de la casa, el dormitorio del pequeño, sus juguetes, su mascota y más. “Los papitos postulantes vienen a este centro y pasan con los pequeños para descubrir sus afinidades. Así van identificando sus pertenencias para cuando se vayan a su nuevo hogar”, explica Eulalia Vásconez, directora de este hogar que funciona desde 1951.

Allí actualmente hay 31 niños de 0 a seis años. Es una institución privada que recibe el apoyo de la Sociedad Protectora del Niño Huérfano y Abandonado y del MIES, que aporta con el pago del personal, la alimentación, el 50% de las medicinas y el vestuario de los empleados.  

La fase del emparentamiento es la más sensible de todo el proceso de adopción, según los expertos. Después de esto, si no hay contratiempos, la nueva familia podrá empezar su vida junta.  

El pequeño acogido por Luis y María tiene ahora 12 años y cursa el octavo año de básica.

En opinión de María, él se integró muy bien. Sin embargo, los técnicos del MIES continuaron visitándolos una vez por mes durante dos años. De ese modo se vigila que no ocurran maltratos, abandonos e incluso tráfico de menores.

Gladys Cují, trabajadora social del hogar, cuenta que no todos los postulantes concluyen el proceso de adopción. “Muchos desisten, porque es muy largo. No entienden que debemos ser rigurosos, pues se trata de cuidar totalmente la integridad física y emocional de los menores”.

Carla A., una abogada soltera de 30 años, aceptó seguir este proceso. Pero cuando estaba en el emparentamiento se enamoró y desistió de adoptar, porque su pareja no aceptó. La pequeña, de dos años, volvió al hogar y fue protegida por otra familia tiempo después. Por eso, añade Freire, es muy importante el análisis minucioso previo de las familias acogientes.

La especialista insiste que entre los requisitos consta que deben vivir en el país por más de tres años, tener más de 25 años de edad, no tener antecedentes penales, estar en pleno ejercicio de derechos políticos. Además, “una persona soltera sí puede adoptar si la diferencia de edad no es mayor a 45 años con relación al menor”.

El único centro regional

El Hogar Santa Marianita es el único que atiende casos de niños en abandono. También recibe a pequeños maltratados o hijos de padres con adicciones o enfermedades mentales.

Los pequeños con capacidades especiales o enfermedades graves son enviados a Quito. En la zona no hay un lugar con este tipo de especialidades.

Las familias extranjeras deben esperar más tiempo para el proceso de adopción.

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