15 de December de 2010 00:00

698 familias evacuadas formaron tres nuevos pueblos

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Redacción Sierra Centro

El proceso eruptivo del volcán Tungurahua cambió la vida de 698 familias. Todas residían en las poblaciones consideradas de riesgo como Cusúa, Chacauco, Juive Grande, El Manzano, Puela y Bilbao. Hace dos años, con la ayuda del Gobierno, las mingas comunitarias y otras organizaciones, estas familias fueron reubicadas en tres reasentamientos situados en los cantones Baños, Pelileo y Penipe (Chimborazo).

Los técnicos del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) les pusieron condiciones para poder cambiarse gratuitamente a las nuevas edificaciones. Por ejemplo, en 10 años no podrán venderlas y deberán residir permanentemente en ellas.Mientras los plazos se cumplen, no todos cuentan con las escrituras y decenas de familias tampoco han roto el vínculo con sus tierras de origen. A diario van y vuelven de las zonas consideradas en peligro. Allá continúan con sus cultivos y la cría del ganado.

Para muchos, el cambio les significó una mejoría. Antes moraban en casas de tapial y teja. Ahora los rodean edificaciones de bloque con techados modernos, jardines, calles adoquinadas, alumbrado público y servicios de agua potable, alcantarillado, Internet y TV por cable.

En el cantón Penipe (Chimborazo) se construyeron 380 viviendas. Wilfrido Núñez, de la parroquia Puela -en las faldas del volcán- habita en una de ellas.

“En este reasentamiento la mayoría de gente regresa diariamente a las zonas de riesgo. Allá cuidan los sembrados de maíz, tomate de árbol, fréjol, arveja y el ganado. A las 08:00 el pueblo se queda vacío”, señala Núñez. Este hombre de 45 años extraña la libertad que tenía en su finca.

“Aquí apenas si hay un poco de tierra para plantar flores”.

Para José Mazón, presidente de la parroquia Puela, los vecinos ya se acostumbraron a ir y venir. “Incluso, tienen parte de sus pertenencias (cocinas, platos, ropa, armarios, mesas, camas) en las comunas de riesgo”.Desde la semana pasada, luego de la reactivación del volcán, soldados de la Brigada Blindada Galápagos recorren las zonas de riesgo. “Nuestro trabajo es ayudar a evacuar a la gente en caso de que se complique la erupción”, dijo el oficial Roberto Ruales.

En el reasentamiento de La Paz, en Pelileo, hay 210 casas. Los adultos no solo viven del agro y la ganadería. Algunos incursionaron en la confección de ropa jean, mientras que sus hijos asisten a los colegios y a las escuelas de Pelileo y Baños. Eso cuenta Víctor Núñez, presidente de La Paz. “La gente labora ocho horas diarias en las faenas agrícolas y en las fábricas. En la tarde retornan y duermen en sus casas”.

María Rosero, por ejemplo, vivía en Bilbao. Para ella, la agricultura quedó relegada a un segundo plano. “Manufacturo ropa en tela jean. Eso nos ayudó a mejorar nuestros ingresos y ahora estamos ampliando nuestra vivienda. Solo mi esposo trabaja en la tierra”.

Para los esposos Fausto Rodríguez y Rosa Bonilla, su casa fue una bendición. Ellos perdieron su pequeña vivienda en un deslave que ocurrió en Cusúa. “Nos quedamos en la calle. Pero ahora tenemos otro techo. Extrañamos nuestra comunidad y como consuelo sembramos un poco de maíz en el pequeño jardín”, dice Rodríguez.

En Río Blanco, a 10 minutos de Baños, se levantaron 108 viviendas. Allí residen personas que provienen de Juive Grande. Los adultos siguen acudiendo a sus parcelas en esa comuna. Los niños y jóvenes los aguardan, después de ir a las escuelas y al colegio de Baños.

Rubén Sánchez estudia en el colegio Óscar Efrén Reyes. Tiene 16 años y está a cargo de su hermana y tres primas. “Mis papás regresaron a la agricultura en Juive. Lo malo es que en Río Blanco la gente ya no se lleva como antes. Se ha perdido la confianza entre vecinos por problemas en la distribución de la ayuda estatal”.

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