2 de agosto de 2015 12:12

Cuatro parejas de cóndores son la esperanza de reproducción de la especie en cautiverio

El Parque Cóndor  de Otavalo, el proyecto Cóndor Huasi de Zuleta y el zoológico Guayllabamba  mantienen un convenio para reproducir cóndores en cautiverio. Foto: José Mafla/ El Comercio

El Parque Cóndor de Otavalo, el proyecto Cóndor Huasi de Zuleta y el zoológico Guayllabamba mantienen un convenio para reproducir cóndores en cautiverio. Foto: José Mafla/ El Comercio

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Andrea Medina

El primer intento falló. A Pacha la juntaron con una especie 15 años mayor a ella y su unión nunca generó resultados positivos, y fueron separados. Pero la esperanza está puesta ahora en una nueva pareja.

Pacha es un cóndor hembra de 13 años que fue rescatada y que habita en el parque Cóndor, ubicado en Otavalo, en la región andina del Ecuador. Ella fue una de las primeras especies de un proyecto de conservación y reproducción de cóndores que se impulsa desde varios frentes. Pero la primera ocasión en la que se esperó la reproducción fracasó.

Pacha e Inti, de 35 años, no lograron reproducirse. “El macho estaba demasiado agresivo, entonces les separamos”, cuenta Jozef Hendriks, director del parque Cóndor.

Por ello, agrega el experto en aves,  le buscaron otra pareja a Pacha de una edad similar a la de ella. Allí, encontraron a Pimampiro de 21 años, que habitaba en Zuleta, a pocos kilómetros de Ibarra, en la andina provincia de Imbabua. Ahora ambos comparten una misma jaula desde el pasado viernes 31 de julio del 2015.

En el parque Cóndor vivirán dos parejas que se espera puedan reproducirse. Una de ellas se colocará en un sitio de exhibición y podrá ser vista por el público que visita este lugar. Mientras que Pacha y Pimampiro estarán en aislamiento. “Lo bueno de ellos es que la cría nunca va a acostumbrarse a la gente. Hay que esperar un tiempo, que también se invierte en investigación”, dice Hendriks.

En esta iniciativa se juntaron el parque Cóndor, el proyecto Cóndor Huasi de Zuleta y el Zoológico de Guayllabamba (de Quito), con el apoyo del Ministerio del Ambiente. En estos lugares se han criado varios ejemplares. Entre todos ellos, se formaron cuatro posibles parejas para intentar la procreación, según Yann Potaufeu, biólogo de la Fundación Galo Plaza Lasso, en Zuleta (proyecto Cóndor Huasi).

La idea es también que algunas de estas crías se desenvuelvan ya en un ambiente que se asemeje más a su hábitat natural, para que luego puedan ser liberadas. Por ello, estarán lejos del contacto con los humanos.

El cóndor Pimampiro, que llegó a Zuleta en los noventa, fue rescatado de la zona de la cual adquirió su nombre. También tuvo un intento para juntarse con una hembra, pero no pudieron tener descendencia.

Los cóndores que crecen en cautiverio pueden tener una cría cada año. La edad promedio para que puedan reproducirse es de 4 años, según el veterinario Édison Encalada, encargado del cuidado de las aves en el parque Cóndor.

Para este especialista lo ideal es seguir un proceso de adaptación antes de unir a los cóndores en parejas. La alimentación es fundamental. “La dieta principal del cóndor es carroña, de res o chivo”. También se debe revisar su plumaje y peso.

La transición previa a la unión de Pacha y Pimampiro se inició días atrás. El macho tuvo que pasar un tiempo en cuarentena, mientras que la hembra, fue la primera en ser llevada a la nueva jaula. Esto se realizó dos días antes de juntarlos. El objetivo: que ella se sienta segura y dueña de todo el espacio.

El traslado de Pacha a la jaula de 1 650 metros cúbicos se hizo con cautela el pasado miércoles. Luego de 10 minutos de tratar de atraparla, pasó por una breve revisión médica para aprovechar que el doctor pudo estar cerca de ella. Según Encalada, para revisar a estas especies se necesitan varias manos por la fuerza de sus alas y los posibles cortes de su pico.

Y justo mientras la llevaban de un sitio a otro, llegaron dos amigos a visitar a Pacha e Inti: dos cóndores silvestres que sobrevolaron el parque Cóndor por casi 30 minutos.

“Criar cóndores en cautiverio y liberarlos no tiene sentido cuando no sabemos por qué hay tan pocos cóndores en la naturaleza”, asegura Hendriks. Por esa razón, opina, es igual de importante esta tarea como la educación ambiental, para saber el valor que significa verlas volar con libertad.

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