8 de julio de 2015 15:10

Francisco en El Quinche: 'Por favor, que nuestra pastoral sea gratuita'

El papa Francisco en El Quinche. Foto: EL COMERCIO

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Palabras del papa Francisco en el Campo Mariano de El Quinche, al oriente de Quito. 8 de julio del 2015.

“Buenos días hermanos y hermanas. En estos dos días, 48 horas que tuve contacto con ustedes, noté que había algo raro en el pueblo ecuatoriano. Todos los lugares donde voy siempre el recibimiento es alegre, contento, cordial, religioso y piadoso, en todo lado.

Acá había en el modo, en la piedad, por ejemplo en pedir la bendición desde el más viejo hasta la guagua que lo primero que aprenden es a juntar sus manos. Había algo distinto.

Yo también tuve la tentación como el Obispo de Sucumbíos de preguntar cuál es la receta de este pueblo. Me daba vueltas en la cabeza y rezaba y le pregunté a Jesús en la oración, ¿qué tiene este pueblo de distinto?

Esta mañana orando se me impuso aquella consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Pienso que debo decir como mensaje de Jesús, todo lo que tienen de riqueza espiritual, de profundidad, viene de haber tenido la valentía, porque fueron momentos muy difíciles, de consagrar la Nación al Corazón de Cristo, ese corazón divino y humano que nos quiere tanto. Y yo los noto un poco con eso, divinos y humanos.

Seguro que son pecadores y yo también, pero el Señor perdona todo y custodien eso y después, pocos años después la consagración al Corazón de María. No olviden, que esa consagración es un hito en la historia del Ecuador. Y de esa consagración siento como que le viene la gracia que tienen ustedes, esa piedad, esa cosa que los hace distintos.

Hoy tengo que hablarle a los sacerdotes, a los seminaristas, religiosos, religiosas y decirles algo, tengo un discurso preparado pero no tengo ganas de leer, así que se lo doy al Presidente de la Conferencia de Religiosos para que lo haga público después. Y pensaba en la Virgen, pensaba en María, dos palabras de María. Ya me está fallando la memoria pero no sé si dijo alguna otra, hágase en mí, bueno sí, pidió explicaciones de por qué el ángel la escogió. Hágase en mí. Y otra palabra, hagan lo que les diga.

María no protagonizó nada; discípula toda su vida; la primera discípula de su hijo. Tenía conciencia de que todo lo que ella había traído era que era pura gratuidad de Dios, conciencia de gratuidad, por eso hagan que se manifieste la gratuidad de Dios.

Religiosas, religiosos, sacerdotes, seminaristas, todos los días hagan el camino de retorno hacia la gratuidad con que Dios los eligió. Ustedes no pagaron entrada para entrar al seminario, para entrar a la vida religiosa, no se lo merecieron. Si algún religioso, religiosa, sacerdote, seminarista cree que se lo mereció que levante la mano. Todo gratuito y toda la vida de un religioso, religiosa, sacerdote, seminarista y de los obispos tiene que ir por el camino de la gratuidad, volver todos los días y decir hoy día hice esto Señor, me salió bien esto, tuve esta dificultad pero todo viene de vos y todo es gratis.

Somos objeto de gratuidad de Dios, si olvidamos esto lentamente nos vamos haciendo importantes. ¡Mirá vos a este!, ¿qué obras que está haciendo? ¡A este le hicieron monseñor! Lentamente nos vamos apartando de esto que es la base de lo que María nunca se apartó, la gratuidad de Dios. Un consejo de hermano, todos los días antes de irse a dormir, una mirada a Jesús y decirle, todo me lo diste gratis, y volverse a situar.

Y cuando me cambian de destino no pataleo porque todo es gratis, eso hizo María. San Juan Pablo II en la Redemptoris Mater, que les recomiendo la lean, él tenía un estilo de pensamiento circular, profesor, era un hombre de Dios, hay que leerla varias veces para sacarle todo el jugo que tiene.

Dice que quizá María en el momento de la cruz, de su fidelidad, hubiera tenido ganas de decir: ¿Y este me dijeron que iba a salvar a Israel?, ¡me engañaron!

No lo dijo porque era la mujer que sabía que todo lo había recibido gratuitamente. Todas las noches resitúense en la gratuidad. Digan, hágase, gracias, porque todo me lo diste vos.

Una segunda cosa que les quisiera decir es que cuiden la salud pero sobre todo cuiden de no caer en una enfermedad que es medio peligrosa para los que el Señor nos llamó gratuitamente a servirlo, no caigan en el alzheimer espiritual, no pierdan la memoria, sobre todo la memoria de dónde me sacaron.

La escena esa del profeta Samuel cuando es enviado a ungir al Rey de Israel, va a Belén a la casa de un señor que se llama Jesé, que tiene siete u ocho hijos y Dios le dice que entre esos hijos va a estar el rey. Samuel ve al mayor que era grande, apuesto y piensa que es él, pero Dios le dijo que no era ese porque la mirada de Dios es distinta a la de los hombres.

El profeta no sabía quién y le pregunta al Señor: Ché, ¿no tenés otro? Está el más chico cuidando las cabras. Viene el mocosito de 17 años y Dios le dice: Ese es. Lo sacaron detrás del rebaño. Y otro profeta cuando Dios le dice que haga ciertas cosas le dice: ¿Quién soy si a mí me sacaron de detrás del rebaño? No se olviden de dónde lo sacaron y no renieguen las raíces.

San Pablo se ve que intuía este peligro de perder la memoria y a su hijo más querido, el obispo Timotéo, a quien él ordenó, le da consejos pastorales pero hay uno que toca el corazón y le dice: No te olvides de la fe de tu abuela y tu madre. No te olvides de dónde te sacaron, de tus raíces, no te sientas promovido.

La gratuidad es una gracia que no puede convivir con la promoción y cuando un sacerdote, un seminarista, religioso, una religiosa, entra en carrera humana empieza a enfermarse de alzheimer espiritual y empieza a perder la memoria de dónde me sacaron.

Dos principios para ustedes sacerdotes y consagrados y consagradas, todos los días renueven el sentimiento de gratuidad de la elección de cada uno de ustedes. Ninguno la merecimos y pídanle la gracia de no perder la memoria, de no sentirse más importante.

Es muy triste cuando uno ve a un sacerdote, consagrada, consagrado, que en su casa hablaba otra lengua, una de esas nobles lenguas antiguas que tienen los pueblos, y Ecuador cuántas tiene, y es triste cuando se olvidan de la lengua y no la quieren hablar, eso significa que se olvidaron de dónde lo sacaron. No se olviden de eso, pidan la gracia de la memoria. Esos dos principios si los viven, pero todos los días, esos dos principios si los viven les van a dar en la vida, los van a hacer vivir con dos actitudes, primero el servicio.

Dios me eligió, me sacó para servir y el servicio que me es peculiar a mí, que tengo mi tiempo, que tengo mis cosas, que tengo esto, que ya cierro el despacho, que esto, que tenía que ir a bendecir las casas pero estoy cansado, que hoy pasan una telenovela linda por televisión, para las monjitas, y entonces… Servicio, servir, servir y no hacer otra cosa y servir cuando estamos cansados y cuando la gente nos harta.

Me decía un viejo cura que fue profesor en colegios y universidad, enseñaba literatura y letras, un genio. Cuando se jubiló le pidió al provincial que lo mandara a un barrio pobre, de esos que se forman de gente que migran buscando trabajo, gente sencilla, y este religioso una vez por semana iba a su comunidad y hablaba en esas comunidades que eran facultad de teología.

Hablaba con los otros curas de teología al mismo nivel. Un día le dice a uno: Ustedes ¿qué son, quién da el tratado de la iglesia aquí? El profesor Tamayo alzó la mano, él le dijo: Te faltan dos tesis. ¿Cuáles? El santo pueblo fiel de Dios es esencialmente olímpico, hace lo que quiere, y ontológicamente hartante.

Eso tiene sabiduría porque quien va por el camino de servir tiene que dejarse hartar sin perder la paciencia. Está al servicio y ningún momento le pertenece. Estoy para servir. Servir delante del sagrario pidiendo por mi trabajo, por mi pueblo, por la gente que Dios me ha encomendado. Servicio hay que mezclarlo con gratuidad. Entonces aquello de Jesús, lo que recibiste gratis, dalo gratis.

Por favor, por favor, no cobren la gracia, por favor. Que nuestra pastoral sea gratuita. Es tan feo cuando uno va perdiendo el sentido de gratuidad y se transforma. Hace cosas buenas pero ha perdido eso.

La segunda actitud que se ve en un sacerdote, consagrado, consagrada que vive esta gratuidad y esta memoria, estos dos principios, es el gozo y la alegría, y es un regalo de Jesús. Es un regaló que él nos da si se lo pedimos y si no nos olvidamos de esas dos columnas de nuestra vida sacerdotal y religiosa que son el sentido de gratuidad, renovado todos los días, y el no perder la memoria de dónde nos sacaron.

Les deseo esto. Usted nos habló que quizá la receta de nuestro pueblo es que somos así por el Sagrado Corazón. Les propongo otra receta que está en la misma línea del Corazón de Jesús, el sentido de la gratuidad. Él se hizo nada, se bajó, se humilló, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, pura gratuidad y sentido de la memoria. Hacemos memoria de las maravillas que hizo el Señor en nuestra vida.

Que el Señor nos conceda a todos esta gracia, a todos, nos la conceda a todos los que estamos aquí, y que siga bendiciendo a este pueblo ecuatoriano a quien ustedes tienen que servir y son llamados a servir, los siga bendiciendo con esa peculiaridad tan especial que yo noté al llegar acá. Que Jesús los bendiga y que la Virgen los cuide.

Dios todopoderoso los bendiga, el Padre, Hijo y el Espíritu Santo. Por favor, por favor, les pido que recen por mí porque yo también siento muchas veces la tentación de olvidarme de la gratuidad con la que Dios me eligió y de olvidarme de dónde me sacaron. Pidan por mí”.

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