16 de January de 2010 00:00

Su discurso ambiental se muestra ambigüo

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Redacción Política

¿Qué  motivó la ruptura  entre el Régimen y  la apuesta ecológica por  la Iniciativa Yasuní-ITT? Las lecturas políticas se han multiplicado esta semana al tratar de responder esta  interrogante.

El Gobierno cuestionó el  esquema de negociación del fideicomiso que debía administrar la cooperación internacional.  El ex canciller Fander Falconí dijo  que al Presidente le llegó  información errada. En Carondelet se  criticó  la soberbia  colonialista de los países donantes, mientras que los sectores ambientalistas de Alianza País señalan que se ha impuesto en el Gobierno una  visión  extractivista. 

Qué hizo
Rafael Correa
El sábado pasado, el Primer Mandatario dijo que la negociación de la Iniciativa Yasuní-ITT fue ‘vergonzosa’. Por sus declaraciones, renunciaron el canciller Fander Falconí y los miembros del Consejo Administrativo del Proyecto.

En medio  de este fuego cruzado  está el presidente Rafael Correa, quien ha puesto a uno de los proyectos estrella de la denominada revolución ciudadana al borde del fracaso. En este caso,  que ha significado  un duro  golpe en  Alianza País, el Primer Mandatario juega  un doble y polémico protagonismo.

En primer lugar,  porque se ha mostrado como un Presidente contradictorio en el manejo de la agenda ambiental, uno de los pilares más importantes del Plan del Gobierno de la corriente ciudadana que lo llevó al poder.

Segundo, porque ha preferido ventilar los problemas internos sobre este tema  con declaraciones públicas y ofensivas. Estas  no han  generado espacios de reflexión, pero  sí han  elevado  la temperatura de la confrontación y han suscitado una catarata de dramáticas renuncias.

No resulta novedoso concluir que la agenda ambientalista siempre  le fue esquiva al  presidente Correa. De hecho, parte de los enfrentamientos que tuvo con el  ex titular de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta,  fue por las divergencias en la concepción de la política minera. Acosta se oponía a la explotación a gran escala y el Mandatario vio en esa tesis una dosis de “ecologismo infantil”.

Pese a esas fricciones, en   A. País  había mucha ilusión porque la Iniciativa Yasuní-ITT, que busca dejar el petróleo de esa reserva ecológica bajo tierra, se constituyera en la primera piedra del nuevo modelo de desarrollo.

Qué dijo
“No hemos estado negociando con los supuestos donantes, sino con el ecologismo infantil, que ahora
aparece”.

Las señales desde  el Poder Ejecutivo aparentaban  entusiasmo. El 5 de junio de 2007 se lanzó el proyecto en el Salón Amarillo con bombos  y platillos.

Sin embargo, el Presidente nunca cuestionó el avance metódico y silencioso con el cual Petroecuador diseñaba el esquema de explotación de crudo en esta reserva ecológica.
Correa siempre dijo que la prioridad era dejar el petróleo bajo tierra. Pero, al final, el trabajo del Consejo Administrativo del Yasuní-ITT tuvo un sinnúmero de traspiés. La mayoría, originada desde  Carondelet.

¿Por qué Correa, el presidente ecológico, no estuvo en la cita mundial por el calentamiento, en Copenhague? ¿Por qué si en ese foro, donde Ecuador iba a dar vida a la Iniciativa, llegaron cuatro días antes los reparos al modelo de fiducia? Correa  dijo  que la “negociación fue vergonzosa” y que él ha sido víctima de un engaño del ecologismo infantil, pero que, pese a todo, el proceso continuará. En respuesta, se fueron  del Gobierno  el Canciller y los principales impulsores de esta propuesta.

Resta por saber si tras este ambiente de incertidumbre y acusaciones, aún hay países   interesados en colaborar con el plan.

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