EUROPA

27 de agosto de 2015 14:47

¿Cuál es la diferencia entre refugiados, inmigrantes o clandestinos?

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Agencia AFP
Eric Randolph (I)
París

¿Son “inmigrantes”, “refugiados” o “clandestinos” ? ¿Puede hablarse de “crisis migratoria” ante la llegada a Europa de miles de hombres, mujeres y niños que huyen de las guerras, las persecuciones o la miseria en Oriente Medio o África? La elección de las palabras no es neutra.


Ese fenómeno de desplazamiento ocupa la primera plana de los medios de información, y a los debates sobre las tragedias que acarrea se agrega una polémica sobre la manera de nombrar a esas personas.

El primer ministro británico David Cameron utilizó el mes pasado la palabra “enjambre” para hablar de los inmigrantes que tratan de llegar al Reino Unido a través del canal de la Mancha. La oposición se lo reprochó ásperamente recalcando que “no son insectos”.

La palabra “inmigrantes” se ha impuesto en el vocabulario de políticos y medios de prensa.

En Italia, el líder de la ultraderechista Liga del Norte, Matteo Salvini, suele hablar de “clandestinos”. La agencia de prensa polaca PAP opte por “inmigrantes ilegales”, calificativo que evitan muchos medios de información, que optan por “inmigrantes sin papeles” o “irregulares” para no darles una connotación peyorativa o delictiva.

El debate fue avivado la semana pasada por un periodista del canal catarí Al Jazeera, que instó en un artículo en línea a no emplear la palabra “inmigrantes” sino la de “refugiados”. “El término genérico de 'inmigrantes' no es pertinente para describir los horrores que ocurren en el Mediterráneo”, escribió Barry Malone. Además, la palabra inmigrantes “ distancia y deshumaniza ” .

En teoría, un inmigrante es una persona que se fue de su país para instalarse en otro, lo que puede incluir también a un refugiado (según los criterios de la Convención de Ginebra) o a un solicitante de asilo.

Pero “la palabra 'inmigrante' transmite la idea de elección, y presenta el problema desde el ángulo de la gestión de flujos que deben controlarse”, estima Eve Shahshahani, de la ONG Acat (Cristianos por la Abolición de la Tortura) .

Ella prefiere la palabra “exiliado”, porque esta significa “que no se ha tenido elección, sea por motivos económicos o políticos”.

El poder de las palabras

Por lo demás, “un norteamericano que se instala en París no será un inmigrante, sino un expatriado”, señala.

Expatriado es también la palabra que se utiliza habitualmente en Francia para designar a un francés que se instaló, por ejemplo, en un país africano.

Esto remite al racismo, estima Mawuna Remarque Koutonin, de SiliconAfrica.com.

“Hay todavía palabras jerárquicas, creadas con el propósito de poner a los blancos por encima de todos los demás. Inmigrante es una palabra aplicada a las 'razas inferiores'”, escribió recientemente.

“Inmigrantes no es el término adecuado para describir a las personas que huyen de la violencia y la persecución”, afirma Ariane Rummery, portavoz de la Acnur.

“La mayoría de la gente que llega a Europa actualmente viene de países en guerra”, como Siria, Afganistán, Irak, añade.

No obstante, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) considera que mucha gente queda fuera de las categorías de “ inmigrante económico” y “refugiado”, como los niños que tratan de reunirse con sus familias o las víctimas de tráfico.

“Decir que son todos refugiados” es “sumamente peligroso”, afirma Leonard Doyle, encargado de comunicación de la OIM, señalando que no hay que trazar divisiones tajantes “cuando se trata de seres humanos en situaciones muy complejas”.

Por ello, la OIM aboga por la palabra “inmigrantes” para todos.

Elisabeth Vallet, especialista de la Universidad de Quebec, señala que el lenguaje es una herramienta sumamente poderosa para los partidos ultraderechistas que recurren a frases como la de “peligro migratorio” utilizada por el partido francés Frente Nacional.

“Hablar de 'inmigrantes' es una manera de deshumanizar a la gente, de no hablar de los individuos”, agrega.

“Nadie pregunta por qué una madre está dispuesta un día a agarrar a sus hijos, cruzar el desierto, subirse a un bote para cruzar el mar embravecido, enfrentar los gases lacrimógenos de la policía. Y sin embargo esa debería ser la primera pregunta”, explica.

Para evocar el tema de la migración, hay países que optan por eufemismos particulares.

Los medios de información suecos hablan de “inmigrantes de la UE”, no para referirse a los numerosos daneses y finlandeses que trabajan en el país, sino a los gitanos rumanos, que sufren una fuerte discriminación.

Finalmente, las palabras empleadas pueden también rendir cuenta de la situación de manera imperfecta. “Hablar de flujo por varias decenas de miles de personas es un poco desubicado cuando se compara con otros episodios de la historia, como la Segunda Guerra Mundial o la guerra de España, cuando
500 000 personas se instalaron en los Pirineos
”, señala Olivier Clochard, investigador del instituto francés CNRS y presidente de la red Migreurop.

El año pasado, “600 000 personas presentaron una solicitud de asilo en la UE, es decir aproximadamente 0,1% de la población”, subraya, recordando que el Líbano acoge dos millones de desplazados.

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