22 de November de 2009 00:00

‘Los dictadores ahora se valen de la manipulación a los ciudadanos’

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Redacción Política
politica@elcomercio.com

La Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes) cumple 25 años  de vigencia en el país. Durante  este tiempo esta entidad, que se financia   con el auspicio de la fundación Konrad Adenauer y con recursos propios,  ha realizado una serie de estudios económicos y sociales que han contribuido al debate nacional.
 


HOJA DE VIDA
 Osvaldo  Hurtado  L.
Fue presidente  de la República, entre 1981 y 1984. Presidió la Asamblea Constituyente de 1999.
Está alejado de la vida  política, pero no se ha alejado de las investigaciones sociales  en  Cordes.

La entrevista con el ex presidente Osvaldo Hurtado, quien es uno de los fundadores de Cordes, se desarrolló en este contexto. También se abordaron temas de la coyuntura política nacional.

¿Cuál ha sido el aporte de Cordes en estos últimos 25 años de democracia?
 
En un país tan inestable, creo que es un éxito que una institución haya vivido 25 años. A través de este tiempo hemos hecho un aporte al debate político razonado de los problemas nacionales, hemos presentado cifras, hemos realizado análisis,  hemos exhibido argumentos, hemos hecho investigaciones y reflexionado para buscar lo que más le conviene al fortalecimiento de la democracia y al desarrollo del país.
 
Algunos sectores identifican  a Cordes con  la Democracia Cristiana…

Si Cordes hubiese estado al servicio de una causa política, ya habría desaparecido  junto con la Democracia Popular, a la que le atribuían el control de Cordes, o junto con el desafortunado final de mi carrera política.
 
¿Cuánto ha cambiado el país en  los últimos 25 años?

 Es distinto de una manera significativa, sobre todo por lo que ha ocurrido en la primera década del siglo XXI, en la que el Ecuador se ha transformado, ha progresado, ha avanzado como no lo había hecho en ninguna década.

Y eso, ¿gracias al petróleo?

A varias razones. Una, por  los altos precios del  petróleo que hemos tenido en esta década. La segunda son las remesas enviadas por los emigrantes y que llegan, por lo menos, a una cuarta parte de la población del Ecuador.  Y  la  tercera, por la criticada dolarización, que al impedirle al Gobierno tener una moneda propia le ha hecho un inmenso bien a los ecuatorianos, porque la dolarización ha permitido que se mantenga estable la capacidad adquisitiva.
 
¿Por qué no se ha presentado ese cambio en lo político? Usted sostiene que ese tema todavía no ha sido tocado…

Las tres causas que le he expuesto son de carácter económico, externas, que están fuera del control de los ecuatorianos.  Con lo que quiero decir que la política no solo que no ha tenido que ver en el progreso del Ecuador de manera significativa, sino que en muchas ocasiones ha sido un obstáculo, tal como ocurre hoy con la  revolución ciudadana.
 
¿No ha  cambiado el político ecuatoriano?

Desafortunadamente no. La política de hoy sigue siendo casi exacta a lo que ha sido siempre, con excepciones.  En  2007 leí una  biografía de Velasco Ibarra, esta  se centraba en los primeros años del gobierno de Velasco Ibarra, es decir en los años 30, hace casi 80 años.  Al comparar lo que  ocurría en el primer velasquismo y  lo que ocurre hoy   da la sensación de que ocurre lo  mismo.

¿Por qué no ha cambiado la forma de ser del político?
 
Ecuador  tiene pocos ejemplos buenos por seguir. Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil son unos. Pero frente a ellos tiene los malos ejemplos de Venezuela, Cuba, Nicaragua, que el Ecuador sigue al pie de la letra y por eso en el Ecuador hoy, en política, más que a una democracia se parece a una dictadura. Ponga   a Pinochet, Franco, Mussolini, Hitler… y encontrará enormes parecidos con este Gobierno. 

El presidente Correa ha ganado  las elecciones ...

Este es el invento contemporáneo de los dictadores. Ya no dan golpes de Estado, ya no se escudan en las Fuerzas Armadas, se valen de la manipulación a  los ciudadanos en procesos electorales que no son democráticos.

¿Aún piensa  que Ecuador vive una democracia ficticia?

El Ecuador no tiene ni un Estado de Derecho, ni un régimen constitucional. La Constitución  es violada regularmente por el presidente de la República, por la Asamblea, por la Corte Constitucional... Eso nunca ha ocurrido.

¿Algún momento el ecuatoriano dejará de esperar un protector, un cacique y empezará a caminar por sus propias potencialidades?

Las sociedades que progresan, los estados que se desarrollan, las naciones que viven en democracia no tienen caudillos. Ese es un anacronismo  del Siglo XIX, tienen instituciones y cada cuatro años viene el mejor de los ciudadanos a administrar esas instituciones y a ninguno se les ocurre quedarse en el poder de forma vitalicia, como se les ocurría a los dictadores ecuatorianos del Siglo XIX. Lo que ocurre en el Ecuador es lo contrario, la destrucción sistemática de todas las instituciones, hasta el Banco Central, la Cancillería, la unidad de Policía que combatía el narcotráfico. Función Legislativa no existe, Corte Constitucional no hay… como toda dictadura hay un ciudadano que ordena y el resto obedece…

¿A dónde va este Estado?

A  un gobierno absoluto, como las dictaduras de los siglos XIX o XX de América Latina o de Europa…

¿El ecuatoriano está dispuesto a soportar esto?

Yo creo que no. Siempre hemos vivido en el Ecuador en  libertad.  Creo que el país no va a soportar una tiranía, una dictadura constitucional, creo que el sentido de libertad que tenemos los ecuatorianos en algún momento se va a expresar en las calles, inevitablemente.

¿Qué debe pasar para que se inicie a manifestar públicamente este descontento?

Eso es muy difícil saberlo. Lo que si le puedo indicar es que la  forma de ser de los ecuatorianos es absolutamente volátil, quien hoy es popular, mañana es impopular. Acuérdese que los tres últimos presidentes elegidos por el pueblo no terminaron su mandato, gobernaron apenas la mitad de los cuatro años. Pretender el Ecuador gobernar 13 años es demencial, simplemente no es posible, no existe en la historia centenaria del Ecuador un régimen que haya podido permanecer en el poder por tanto tiempo.

¿Por qué vive esta hipnosis colectiva el ecuatoriano?

Creo que al igual que el problema económico, que tiene un fuerte ingrediente cultural, cosa que lo demuestro en el libro titulado Las Costumbres de los ecuatorianos, creo que el problema político del Ecuador también tiene un ingrediente cultural. Los políticos ecuatorianos son iguales a los ciudadanos, no existe sociedad en el mundo en el que los políticos sean distintos a los ciudadanos.

¿El trámite de la Ley de Comunicación se enmarca en la forma de hacer política que usted denuncia?

Esa no es una ley de una sociedad democrática, es una ley de un régimen dictatorial.

¿A dónde apunta?

A lo que ya ha iniciado a realizar el Gobierno. Tiene varios canales de televisión, radios, periódicos, pero eso no es suficiente. Ningún presidente ha tenido ese control de los medios de comunicación. ¿Y quién cree que fija la política editorial en esos medios de comunicación? Es en la oficina del Jefe Supremo donde se ordena lo que se dice y se calla en los medios de comunicación y, como toda quedan medios de comunicación libres, hoy los quiere subordinarlos a través de una ley, para que los ecuatorianos no sepamos nada de lo que hace el Gobierno.

Se plantea la creación de un Consejo de Comunicación  que tendrá facultades para imponer sanciones los medios que no cumplan la norma…

Será un Consejo de censores, que se desempeñarán como pasa-sillas del jefe supremo. No como jueces independientes, no como ciudadanos honestos.

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