12 de July de 2009 00:00

El día antes de morir

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Por: DORIS OLMOS P. Y PABLO TORRES A.

Cuando a María le faltaban 15 días para morir, recuperó la razón y jamás volvió a perderla hasta que cerró sus ojos definitivamente.
Antes de eso no tenía noción del tiempo ni reconocía a nadie. La gente decía que  su memoria volvió  para  perdonar a sus hijos e irse en paz.



“Cuando un moribundo repunta tiene resignación  y   alegría. Se quita la queja, la duda y el resentimiento”.
José VacasMercedes, su hermana, la vio tan solo unos minutos antes de su último suspiro. Dice que tenía el mismo rostro de alguien que  está a punto de morir. “Ella se puso más finita, rosadita, nadie esperaba que se muera ese día. En  su rostro tenía paz. No había angustia ni desesperación.  Pensábamos que iba a durar unos dos meses más. Estaba muy bonita”.

Mercedes es parte de un grupo religioso y  recorre las calles de una parroquia periférica socorriendo a los moribundos. Esa es una de sus labores. 

De cuando era niño, José Vacas recuerda  a un personaje que acompañaba a los moribundos. Lo conocían como el maestro Proaño. Era zapatero. Cada vez que cerraba su negocio, se sabía que alguien del barrio estaba muriendo. Ahora, a sus 61 años, Vacas  hace lo mismo.



“Hay una teoría que dice que personas que han tenido  problemas mentales recuperan los cinco sentidos”.
Iván VelaPor eso sabe que cuando alguien está agonizando  muchas cosas cambian. Ha visto que la piel de las personas se pone tersa. Ha constatado que quienes no podían caminar se  han levantado para mirar el jardín y que algunos  hasta se han  puesto a cantar de la felicidad, cuando horas antes no tenían ánimos ni para tomar agua. Incluso le ha parecido que la enfermedad retrocede, pero eso es solo un espejismo.

Esto ocurre cuando la muerte le gana a la vida. Es la explicación de Nelson Salazar, experto en esoterismo. “La persona se ve mejor porque está a un paso de entrar a otro lugar donde ya no tiene un cuerpo físico que le haga sufrir. Como sabe que va a iniciar algo nuevo, el moribundo tiende a disculparse para empezar en paz”.

En  el imaginario popular, desde mucho antes de la época del maestro Proaño, ha existido una creencia, recogida ahora por Vacas, de que la gente nace con un límite de energía, para  30, 40, 80 o los años que sean.  Es como la carga de una pila. Por eso unos mueren antes y otros después.

Vacas explica que  durante la  vida esa energía se va consumiendo,  pero se extingue más rápido porque pensamos mucho en el futuro.  En la agonía la gente sigue pensando en las deudas por pagar, en el bebé que no conocerá o en luchar contra la enfermedad y, por ese desgaste, decaen los signos  vitales.

En el momento anterior al deceso (no hay que confundir el final de la vida con  la muerte en sí) al  moribundo ya no le importa el futuro,  ya no lucha contra la enfermedad, y a no hay aspiraciones ni fantasías. Solo  importa el presente. Y para Vacas,  eso explica el repunte en la salud unos días antes de morir.

Este  cuadro también  lo han presenciado los especialistas. En la sala de Terapia Intensiva del Hospital Carlos Andrade Marín, en Quito, a Juan Carlos López, médico  especializado en Terapia intensiva y medicina crítica, los aparatos conectados a los pacientes le han indicado que  algunos enfermos,   unas horas o un día antes de su fallecimiento, han mejorado sus signos vitales como presión arterial, recuperación de volúmenes de orina y mejora del nivel de oxigenación sanguínea , aun al estar con un deterioro progresivo de su condición, .

Este médico no sabe cómo se llama este fenómeno. Jorge Vélez, profesor de semiología médica, tampoco. Aunque le llama ‘la mejoría antes de morir’. Para  Vélez  esta mejoría se refleja en  los signos vitales del enfermo, en  su  rostro, o incluso  sus palabras.  Este galeno que atiende a pacientes crónicos en su  consultorio, en sus años de experiencia ha comprobado que cuando uno de ellos dice que se va a morir, lo cumple.

Esto lo comprobó  Ligia Venegas,   enfermera de Terapia intensiva del Hospital Eugenio Espejo, quien no imaginó que  las palabras de su padre le advertirían de su muerte.   Ese día, él decía que estaba bien, que se iba a recuperar, que quería estar con la familia,  pero pedía la presencia de un sacerdote. Ella lo dejó para ir  a su trabajo. Cuando llegó al hospital, les dijo  a sus compañeras: “Mi papá se va a morir”. Dos cosas le anunciaron su muerte: su joven aspecto, y su pedido de confesión y perdón.

Leny Jaramillo, psicóloga,  no tiene certezas sobre la veracidad de lo que algunos familiares observan en el instante anterior a la muerte. Sin embargo, considera que el componente emocional puede afectar la percepción de ese momento, sobre todo porque las personas cercanas se aferran a su ser querido y anhelan su bienestar.

En realidad, desde el punto de vista psicológico, todo es visto como una sugestión. Es decir, las personas ven lo que quieren ver. Pero Fredy Sandoval, psicólogo clínico con estudios en psicotrónica (técnica utilizada en la parapsicología para interpretar algunos fenómenos paranormales, según el bioelectromagnetismo), explica este fenómeno  desde otra  área. “Lo que pasa es que el nivel vibracional de la persona se eleva y entra en otro campo, sobre todo si ha sido alguien que ha vivido en armonía. Entonces, como consecuencia de esto, el color de su rostro es hermoso. Mejora la  expresión de su cara”.

Los especialistas consultados no tienen una teoría precisa de las causas de este fenómeno.  A nivel hormonal, no  hay una explicación exacta. Rodrigo Rovayo no conoce de ningún estudio que se haya realizado a un paciente antes de su deceso. Sin embargo, precisa que cuando alguien está en una etapa crítica terminal se produce una disminución de hormonas tiroideas, además de  una conversión de hormonas t4 en t3. Esto ocurre como un mecanismo para ahorrar energía cuando el estado del paciente ha  deteriorado. Pero todo depende del tipo de enfermedad que aqueja al moribundo.

El investigador de fenómenos paranormales, Pedro Soto, explica que este alivio es producido por el organismo en el último momento de su vida, como un intento por sobrevivir. Entonces, se registra una gran explosión que trae consigo los cambios corporales, de humor e incluso la mejoría momentánea. Pero luego todo decae.

Tampoco hay estudios de lo que ocurre a nivel cerebral. El neurólogo Iván Cruz señala que estas apreciaciones de los familiares están enmarcadas en el plano anecdótico, pues en lo académico no hay nada que sustente estos cambios. Él ha trabajado por 20 años en esta área, ha visto fallecer personas, pero no ha observado nada especial.

Ahora ya no está el maestro Proaño para seguir acompañando a los moribundos, pero la congregación religiosa de los padres Camilos  le ha tomado la posta. Están en los hospitales, acuden a las casas, llevan la unción y dan consuelo. Uno de ellos, Lirio Hernández,  ha notado un comportamiento recurrente en pacientes terminales con cáncer: tres días antes de su hora, piden hielo. Solo  quieren tomar algo helado.

También ha visto agonías largas.  Recuerda el caso de una señora que agonizó alrededor de 45 días. No podía morir. Sus hijos pensaron que debían traer al papá de un medio hermano. Solo esto le hacía falta. Ella murió una hora después de la  llegada de este hombre.

Hay muchas teorías que intentan explicar el  porqué  de este  repuntar  de vida antes del último suspiro. Nadie sabe con exactitud cuál es su objetivo o si se trata de algún indicador especial.  Sin embargo, en su lecho de muerte, recuperar la lucidez  a María, a sus 73 años,  le ayudó para despedirse de sus hijos, así como para  pedir a Dios que la lleve pronto para evitar su sufrimiento.

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