6 de febrero de 2018 07:28

Un desfile en Pyongyang para robar protagonismo a los Juegos de Pyeongchang

Foto publicada por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte (KCNA) el 4 de febrero de 2018 muestra al líder norcoreano Kim Jong-Un (C) en la fábrica de autobuses de Trongley de Pyongyang. AFP

Foto publicada por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte (KCNA) el 4 de febrero de 2018 muestra al líder norcoreano Kim Jong-Un (C) en la fábrica de autobuses de Trongley de Pyongyang. AFP

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Agencia AFP
Seúl

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Al organizar un desfile militar el jueves, víspera de la inauguración de los Juegos de la Paz, en Corea del Sur, Pyongyang busca aprovechar la gran exposición mediática para reafirmar ante el mundo su potencia nuclear, estiman los expertos.

Corea del Norte anunció el mes pasado que este año celebraría el 70 aniversario de sus Fuerzas Armadas el 8 de febrero, en lugar del 25 de abril.

La noticia sorprendió en el extranjero, sobre todo porque Corea del Norte había emprendido desde principios de enero un espectacular giro diplomático con la decisión de enviar una delegación a los Juegos Olímpicos de invierno que se celebrarán del 9 al 25 de febrero en Pyeongchang.

Las últimas imágenes tomadas por satélite, que datan del lunes, muestran a unas 13 000 personas ensayando en un campo cerca de Pyongyang, pero con un número limitado de piezas de artillería y blindados, según la web estadounidense de referencia 38North.

“El Norte se declaró el año pasado Estado nuclear”, recuerda Park Won-Gon, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Handong.

“Quiere 'normalizar' su auge militar y su estatuto de potencia nuclear organizando el desfile y participando al día siguiente en los Juegos Olímpicos como si nada, como si no hubiera nada malo en ello”, explicó a la AFP.

Dicha estrategia podría ser contraproducente.

Acogida con satisfacción por Seúl y el Comité Olímpico Internacional, la presencia norcoreana en los Juegos Olímpicos suscita el escepticismo de numerosos expertos que ven el ello una maniobra para limpiar la imagen del régimen y aliviar sanciones que pesan sobre él. Pero sin ceder nada en relación con la cuestión nuclear.

'Farsa'
Estados Unidos ha dicho que “preferiría” que el desfile norcoreano no se llevara a cabo el jueves y la web de información estadounidense Axios citó a un asesor del vicepresidente estadounidense Mike Pence -que asistirá el viernes (9 de febrero del 2018) a la ceremonia inaugural- refiriéndose a la participación norcoreana como un acto de “propaganda”.

“Todo lo que hacen los norcoreanos en los Juegos Olímpicos es una farsa destinada a ocultar el hecho de que son el régimen más tiránico del planeta”, agregó el asesor.

La dinastía Kim, que gobierna el norte de la península desde hace 70 años, domina perfectamente el arte de monopolizar la atención mundial.

A menudo Pyongyang disparó o amenazó con probar misiles cuando personalidades importantes visitaban Seúl o durante elecciones o investiduras en Corea del Sur o Estados Unidos.

Corea del Norte
destaca también por los gigantescos desfiles en los que miles de soldados atraviesan al paso de la oca la plaza Kim Il-Sung, antes o después del baile de vehículos militares cada vez más impresionantes, reflejo de los supuestos avances del programa balístico nacional.

Esta exhibición de poderío militar se suele llevar a cabo ante decenas de miles de espectadores y la mirada satisfecha de Kim Jong-Un en la tarima principal.

Corea del Norte acostumbra a invitar a cientos de periodistas extranjeros para que el acontecimiento tenga la mayor repercusión internacional. Algo que no hizo este año.

Los desfiles son también una operación de comunicación dirigida a los norcoreanos “para luchar contra eventuales celos de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang”, observa Cheong Seong-Chang, del Instituto Sejong.


'No mendigar un diálogo'
“Es una forma de decirles: 'Tenemos retraso en relación al Sur desde un punto de vista económico pero ventaja en el ámbito militar”, explica.

En Seúl, este desfile es una bofetada para el presidente Moon Jae-In, partidario de una reanudación del diálogo intercoreano y que presionó para una presencia norcoreana en los Juegos.

Termina, según 38North, de coronar “un año de avances espectaculares de los programas nuclear y balístico del Norte”.

Este tipo de desfiles generalmente se preparan durante meses. Pero parece que el del jueves será menos importante que los anteriores, tal vez también debido a las gélidas temperaturas que se registran en esta época del año en Pyongyang. Y por ahora no se ha visto ningún misil en las imágenes vía satélite.

El hecho de que no haya ningún periodista extranjero invitado refleja tal vez un deseo de controlar mejor la narración de este desfile.

El Norte, afirmaba a los diputados el primer ministro surcoreano Lee Nak-Yeon, “trata de evitar dar la impresión de que provoca a la comunidad internacional”.

Sobre todo cuando una delegación de muy alto nivel norcoreana encabezada por Kim Yong-Nam, que ostenta el cargo ampliamente honorífico de jefe de Estado de Corea del Norte, es esperada para la ceremonia de apertura.

“El desfile busca probablemente afirmar el nuevo estatuto nuclear de Corea del Norte”, adelantaba el lunes un editorial del diario surcoreano JoongAng.

“Debemos acoger a los atletas del Norte -escribió- pero no debemos mendigar un diálogo”.

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