28 de octubre de 2016 09:35

Hasta ocho meses puede tomar conseguir un empleo en Quito

David Guerra cambió su oficio de artesano por la  venta de comida en los parques. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

David Guerra cambió su oficio de artesano por la venta de comida en los parques. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Redacción Quito

La tasa de desempleo en Quito llegó a septiembre de este año a 8,7%, mientras que para el mismo mes de 2015 se ubicaba en 5,2%. Con 79 329 personas sin trabajo, la capital ocupa el primer lugar en materia de desempleo del país, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

En septiembre del año pasado, 14,8% de desempleados a escala nacional tardaba seis meses o más en hallar un trabajo. Este índice subió en el mismo mes de 2016 al 23,5%, según el INEC. Este Diario pidió la información específica de Quito, pero esa entidad dijo que la desagregación de datos para la capital no es representativa.

Sin embargo, según datos de la Bolsa de Empleo de la Agencia de Promoción Económica del Municipio, Conquito, hallar un trabajo para un desempleado en la capital en 2015 podría tomar en promedio seis meses, y para 2016 el tiempo de espera aumentó a ocho meses.

Ante este panorama, quienes habitan en la capital ecuatoriana no se cruzan de brazos. La necesidad y capacidad de reinvención los impulsa muchas veces a cambiar de oficio o a ofertar sus servicios profesionales de manera independiente, convirtiéndose en sus propios jefes.

Mayra Gallego laboró hasta hace tres años como diseñadora en un museo. Dejó su plaza de trabajo para culminar su tesis y graduarse de diseñadora gráfica en la Universidad Católica del Ecuador.

Desde entonces no ha encontrado otras oportunidades en su área.
En diciembre del año pasado, su esposo Xavier Guerrero Casares, comunicador social, perdió su empleo en un ministerio. Con un hijo de un año y ocho meses, la espera por el trabajo ideal no es una opción.

Aunque la pareja no cesa en su búsqueda de empleo, desde enero se dedica a la venta de comida. En principio, ambos se enfocaron en ofertas de desayuno para trabajadores de oficinas gubernamentales, pero en los últimos meses el negocio mutó a servicio de catering para talleres en Sangolquí.

“Hasta el cuarto mes estuvo bastante bien, entregábamos a diario unos 100 productos. Luego, por la crisis, bajaron bastante las ventas”, comenta Mayra. Al mes el negocio les genera cerca de USD 400. Para la compra de ingredientes, no les queda otra opción que recurrir a la tarjeta de crédito.

Cristina Arias, tecnóloga en sonido, ejerce como profesional independiente, dada las escasas oportunidades de hallar un empleo fijo en su área y a los bajos sueldos. “En un canal de televisión me querían ofrecer USD 450 mensuales, en horarios rotativos de lunes a sábado, mientras que por día de trabajo para un comercial yo cobro USD 250. Hay meses en los que facturo 1 000 y otros cero”, cuenta Cristina.

Arias trabaja para productoras audiovisuales y organizaciones no gubernamentales. Es divorciada y sostén de hogar: mantiene a su hija de 10 años y a su madre de 76.

También una mala jugada del destino puede obligar a cambiar el rumbo. David Guerra, oriundo de Manabí, ejerció como artesano, su verdadera pasión, por 20 años, cuatro de ellos en Quito.

Diseñaba mesones en granito y mármol y decoraba casas y edificios en construcción. Pero un accidente laboral le afectó la visión de su ojo derecho. Quedó en el desempleo porque no contaba con los recursos para sanarse y retomar su oficio de años. Así, se vio obligado a cambiar de actividad.

Desde hace ocho meses su rutina es otra. Antes de que aparezcan los primeros rayos de sol, comienza su recorrido por la ciudad desde el Playón de La Marín, en la vía que va al norte, hasta la avenida Colón. Sobre una carreta expende bolones de chicharrón, corviches, tortillas de camarones, sánduches, café, chocolate, avena y maicena.

De 05:00 a 12:00 vende sus productos y por la tarde compra los ingredientes en el Mercado de Chimbacalle.

A pesar de que añora su oficio de artesano, dice que no le ha ido mal porque ahora es su propio jefe. Al día hace entre USD 50 y 60. En su anterior oficio ganaba 200 a la semana.

Extranjeros sin trabajo

Los extranjeros que llegan al país también enfrentan esta realidad. Mara Llinas vive desde hace 10 meses en Quito. Aunque no forma parte de las estadísticas actuales de desempleo, por el tiempo que lleva en el país, hace tres meses inició un emprendimiento por no encontrar un trabajo estable en su profesión de relacionista industrial.

El emprendimiento ya tiene nombre: Bocaditos Ávila. Mara y su socia Jéssica Verde ofrecen dedos de queso cubiertos de masa de harina de trigo –conocido en Venezuela como tequeños– y variedad de dulces a restaurantes.

Aunque recientemente consiguieron otros empleos, los planes son continuar con el emprendimiento. “Por ahora no es tan rentable, porque tenemos pocos clientes. Pero sí me gustaría poder dedicarme solo a esto. Es mejor trabajar para ti, puedes tener más calidad de vida”, dice Llinas.

Emprendedores por necesidad

Alfonso Abdo, director de Conquito

Según estadísticas internacionales, Ecuador es un país de emprendedores por necesidad, mas no por oportunidad. Los emprendimientos gastronómicos y de artesanía son los que nacen más rápido, pero no necesariamente triunfan. En promedio, uno de cada 10 fracasa, pero el fracaso es parte del proceso. En Conquito ayudamos a los que buscan trabajo para que puedan identificar que son su principal herramienta de búsqueda de empleo.

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