5 de April de 2010 00:00

Desagravio al Papa

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Jorge Salvador Lara

Siempre se han producidos ataques virulentos contra la jerarquía católica en diversos lugares del planeta, aun contra el mismo Sumo Pontífice, verdaderas campañas en ocasiones con aparentes causas justificadas que, tarde o temprano, han terminado por desaparecer, sin mellar la imagen misma de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

Esas campañas se han identificado a través de los tiempos en un objetivo visible: poner sombras en esas características.

Así vinieron las deserciones y los cismas tendientes a dividir el cuerpo místico de la Iglesia de Cristo.

 Llegaron igualmente la propagación rencorosa, no de los aciertos y bondades de la Iglesia ni el reconocimiento de las admirables figuras de sus santos y mártires, sino la ruidosa amplificación de las faltas que, seres humanos al fin, cometía una minoría de prelados y presbíteros.

Intentaron negar la universalidad de catolicismo, sofisma al que puso evidente mentís el apostolado del Papa Juan Pablo II con sus viajes a través de mares y continentes.

Vino también la restricción de la expansiva obra evangelizadora de la Iglesia, el silencio sobre la permanente y cada vez más amplia labor de protección social en las instituciones católicas de socorro: hospitales, dispensarios, guarderías, orfanatos, hospicios, leprocomios y un sinfín de centros educativos, desde jardines de infancia, escuelas, colegios e institutos tecnológicos hasta universidades.

A lo largo de veinte siglos no han sido pocos en la Iglesia los cismas, ataques, injurias, blasfemias, campañas de desprestigio y sostenidas calumnias que, por basarse en particulares caídas deplorables, ciertamente dignas de censura, han terminado por ser olvidados y sus autores, dentro de la Iglesia, aislados, sometidos a regímenes de renovación y enmienda, o se han quitado la careta cuando en algunos casos, más que acción de la naturaleza humana han sido coacción del Gran Enemigo contra la Divinidad y su augusto misterio tridentino.

El propio Cristo, según los evangelios, más de una vez pronosticó la acción del maligno contra la cristiandad, pero el mismo Señor Jesucristo enseñó que “no debemos tener miedo” y profetizó que “las fuerzas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia”.

En estos mismos momentos es testigo el mundo de una masiva campaña, a través de los medios de comunicación que la tecnología moderna ha inventado, para desprestigiar a la Iglesia, atacar personalmente inclusive al romano Pontífice Benedicto XVI, y, en el fondo, a la doctrina misma de la religión católica.

No pueden ocultar los participantes en esta acción anticatólica que forman parte de una grosera campaña orquestada en todo el mundo y disfrazada hipócritamente como una defensa a los tiernos niños víctimas de depravación.

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