14 de March de 2010 00:00

Derroche de reservas

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Gonzalo Maldonado Albán

En su reciente libro (pp. 121-124), el economista Rafael Correa explica su visión de las reservas internacionales y del ahorro público de esta manera: “es absurdo que un país guarde dinero en el exterior -ganando intereses bajos- cuando tiene grandes necesidades de financiamiento y debe contratar préstamos caros para cubrir ese faltante de recursos”.
Suena razonable, en principio, pero ya no lo es tanto cuanto incluimos otros elementos en el análisis. Veamos por qué:

El dinero que un país tiene depositado en el exterior gana poco interés porque está invertido en instrumentos altamente líquidos y seguros.  Esto quiere decir que la probabilidad de perder esa plata es cercana a cero y que el Gobierno que administra esos recursos puede retirarlos fácilmente.

¿Por qué los Gobiernos invierten en el exterior en instrumentos de bajo riesgo? Porque son los ahorros de depositantes y contribuyentes que sirven para proteger al sistema de pagos de un país, un tema clave para la estabilidad económica y política de cualquier sociedad. Si ese dinero se perdiera y, por tanto, colapsara aquel sistema de pagos, toda la economía entraría en crisis.

Vamos ahora al asunto de las necesidades de financiamiento: un Gobierno tiene grandes requerimientos de dinero cuando incurre en enormes déficits presupuestarios; es decir cuando gasta mucho más de lo que gana. Típicamente, ese gasto desproporcionado es poco productivo y se limita a aumentar la capacidad de consumo de un segmento reducido de la población, por un período determinado.

La inflación que produce aquel gasto excesivo se encarga de evaporar cualquier beneficio posterior que ese dinero hubiera podido generar.

Por tanto, financiar abultados déficits fiscales con reservas internacionales es doblemente perverso -económicamente hablando- porque se incentiva la ineficiencia del gasto público y se debilita al sistema monetario de un país.

Se me dirá que el presidente Correa está utilizando la plata de la reserva para dar créditos productivos a largo plazo y para financiar obras de infraestructura. Aún si aquello fuera estrictamente cierto, sigue siendo cuestionable que se desvíen fondos destinados a un propósito estratégico -defender el sistema monetario del país- para financiar créditos de dudosa recuperabilidad.

Lo que ocurre en realidad es que el dinero de la reserva está cubriendo las necesidades de caja del Ejecutivo.  El ritmo de gasto de este régimen es tan desenfrenado que sus autoridades ahora están usando indiscriminadamente los ahorros que el país tiene en el exterior para que el aparato estatal pueda seguir funcionando. Nos estamos derrochando las reservas internacionales.

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