15 de March de 2010 00:00

El dengue y el invierno en la costa

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Todos los años en la estación invernal, el litoral ecuatoriano ha sufrido las dolorosas consecuencias de inundaciones, deslaves, pérdidas  de viviendas y lo que es más grave, la  aparición de enfermedades tropicales que son endémicas y se convierten en epidémicas, creando un grave problema de salud pública.

Vamos a citar solamente el dengue clásico y  hemorrágico, en menor escala el paludismo, que en este año ha sobrepasado las expectativas de las autoridades y ha evidenciado algunas falencias para su control, los hospitales han colapsado y los centros y subcentros de salud que representan el primer nivel de atención no han logrado descongestionar la demanda por falta de información oportuna a la población para que concurran a esos establecimientos que son los que deben ventilar estos casos con suma facilidad.

Es decir, que la gente pobre de las zonas suburbanas y rurales no tienen el cabal conocimiento de cómo funcionan los servicios de salud del Estado y para eso es necesario la educación sanitaria y el impulso de los programas de prevención de las enfermedades. Los hospitales de segundo y tercer niveles son de mayor complejidad y no debieran ser utilizados para resolver estos problemas, sino en caso de emergencia nacional o saturación de los niveles inferiores. Es claro, que desde hace muchos años no ha mejorado suficientemente la infraestructura hospitalaria y hoy que el Gobierno ha destinado un mayor presupuesto para estas actividades, es menester realizar una moderna planificación para evitar estas complejas y difíciles situaciones y evitar la crisis del sector, contratando además los profesionales necesarios, los recursos auxiliares y los insumos médicos necesarios para solventar con éxito estos dolorosos trances.

Finalmente hay que hacer realidad el concurso de las otras entidades del sector público y privado involucrados en el Sistema Nacional de Salud para que sean más solidarios en circunstancias por las que atraviesa la salud pública del Ecuador.

Ojo con los ladrones y bolsiqueadores

Kléber Barragán

Estaba sentado al fondo de un bus de la línea 27 de la ciudad de Guayaquil, que iba repleto.

Cuando estoy por llegar a mi destino me interceptan  dos jóvenes de mal aspecto, uno se pone en mi delante y otro se pone por detrás, pido permiso y el primero se pone molesto  y se me pega demasiado. Yo presentí   que  iban a robar.

Cuando ya me  bajo, contento, porque según yo evité el robo y busco mi celular para alertar a la Policía y ¡oh sorpresa!,  me habían bolsiqueado. Ya  pasaron tres minutos  y no los alcancé,  se  lo  llevaron.

Me quedó la lección para dar un buen consejo: siempre  estemos alerta y precavidos al interior de un transporte urbano.

En este caso tal vez yo tuve parte de  culpa porque sé que en esa línea siempre roban y lo olvidé, estaba distraído,  yo iba chateando con mi teléfono sin tomar las debidas precauciones.

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