22 de abril de 2016 00:00

La espera es larga para conseguir las raciones

En el sector de Los Cerezos, en el sur de Portoviejo, los damnificados piden  agua en la vía. Además, tiene recipientes para obtener agua. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

En el sector de Los Cerezos, en el sur de Portoviejo, los damnificados piden agua en la vía. Además, tiene recipientes para obtener agua. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Desde Portoviejo y Manta

Camisetas, trapos, cartones… los habitantes de las cercanías de la vía Portoviejo-Manta utilizan cualquier objeto que se ondee con el viento para llamar la atención de los conductores de vehículos que por allí transitan, eso para recibir una ayuda después del terremoto.

Cuando un carro particular o militar se estaciona en el lugar, niños y adultos se acercan para pedir agua y víveres. En ocasiones, los conductores se asustan por la cantidad de personas que rodean sus autos y se van del sitio sin brindar ayuda.

“No somos mendigos ni vagos ni saqueadores. Solo queremos cubrir las necesidades de nuestras familias”, contaba Gema Reyes, moradora de la Cooperativa Los Cerezos. Con cierta angustia, narraba que sale de su casa a las 07:00 y está en la vía hasta las 23:00, esperando la compasión de las personas que pasan por el sector.

A sus 60 años, le resulta imposible caminar más de 10 cuadras hasta la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) del sector, donde se entregan los víveres a los afectados por el movimiento telúrico. Se ubicaba bajo una improvisada carpa de tela amarilla, con sus hijos menores de edad. Le atemoriza que ellos vayan a retirar las raciones a la UPC, debido la gran cantidad de adultos que llegan.

En esa unidad ayer repartieron más de 600 kits alimenticios. Mientras esperaba que se le acercaran personas caritativas, su vecina Martha Santana contaba la molestia que siente cuando los tachan de “saqueadores y ladrones”, lo que aleja a quienes intentan colaborar.

En su relato reconocía que los dos primeros días después de la tragedia la gente se deses­peraba por ayuda, incluso algunos grupos le quitaban las fundas de víveres a los niños o a las mujeres que transitaban solos. Ese estado de pánico ya se superó, según ella.
Santana decía que en la UPC de Los Cerezos llega gente de barrios cercanos, como San Alejo y Picoazá. Por eso recomienda a las autoridades que realicen entregas sectorizadas, si es posible casa por casa.

Al sector acuden carros cisterna del Municipio de Portoviejo, que distribuyen agua en tanques o baldes que tengan.

En la UPC de la vía Portoviejo-Crucita y en Montecristi las largas filas alcanzaban más de una cuadra; sin embargo, no se registraban desmanes.

En la UPC Las Gaviotas, en Manta, sí tuvieron que ajustar la logística de entrega para corregir los desmanes del miércoles, cuando la ayuda no llegó a todos los demandantes. Ellos se cambiaron de los exteriores de la unidad a las canchas del malecón. La gente hacía filas interminables -más de ocho cuadras- para tomar un tique con su número de cédula y luego ingresar a una fila acordonada para retirar los kits alimenticios. Con ese control, se intentaba impedir que se entregara más de una ración por familia, al menos por tres días, período que debe durar.

A pesar de eso, Marcelo Albán, brigadista de la Policía, explicaba que era difícil mantener ese control, por la gran demanda. Luego de recibir la ayuda, eran guiados por per­sonal militar para que abandonaran el lugar. Se evitaba que retornaran a la fila.

En otras UPC, como en la ciudadela San José, en Portoviejo, solo se las numeran con unmarcador, según el orden de llegada. No se llevaba control de quienes recibían los kits.

En contexto
En la Unidad Comunitaria Las Gaviotas, en el centro de Manta, ayer se entre­garon 2 000 kits a los ­damnificados hasta las 15:00. Mientras en la UPC Los Cerezos, en la vía Portoviejo-Manta, se repartieron 600 kits. Las raciones duran tres días.

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