13 de junio de 2014 16:34

Crónica de una desbandada militar

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EFE

A las ocho de la tarde del pasado lunes, el cabo iraquí Shaalan Abdelwahab defendía su posición en un puente del oeste de Mosul. De súbito, todos sus oficiales se excusaron para "ir a reuniones". Cinco horas más tarde, la segunda ciudad de Iraq había caído en manos de los yihadistas.


Así es el relato de una desbandada militar sin precedentes que ha sumido a Iraq en un estado cercano a la desintegración, con unas fuerzas armadas humilladas y un gobierno desbordado que solo ha podido recurrir a la movilización ciudadana.

En el campamento para desplazados levantado junto al paso de Jazaz -el último puesto controlado por las fuerzas kurdas antes de entrar en la provincia de Nínive- el cabo Abdelwahab rememora la noche en que sus superiores desaparecieron y miles de soldados huyeron bajo la única premisa del sálvese quien pueda.

"Poco después de las ocho, explotó un camión bomba cerca de la posición donde resistíamos a los milicianos del Estado Isámico de Iraq y el Levante (EIIL). De repente, los oficiales se retiraron sin dar órdenes, argumentando que tenían reuniones", dice.

Una hora más tarde, los yihadistas del EIIL avanzaron hacia las posiciones bajo control del Ejército y hacia la sede de la gobernación, que tomaron sin dificultades.

A la una de la madrugada, el cabo emprendió una huida precipitada junto a 400 compañeros, porque las divisiones que custodiaban la ciudad habían perdido el control y los extremistas habían tomado las comisarías de policía.

Al tiempo que el EIIL se hacía con las armas, la munición y los vehículos en los cuarteles, los helicópteros militares dejaban la ciudad rumbo a Bagdad.

"Regresamos a nuestros batallones y allí, sin ninguna orden, algunos se quitaron sus uniformes militares y se vistieron de civiles para escapar", rememora este joven, de 25 años.

Según su relato, el único superior que intentó mantener la ciudad fue el general Mahdi al Garraui, jefe de la Policía Federal en Mosul, quien pidió a los soldados que no dejaran sus puestos.

Fue en vano. Tan solo continuaron luchando las fuerzas especiales del Ejército, que no pudieron evitar la caída de la ciudad.


"Qué puedo hacer si mi comandante ha huido? Qué iba a hacer yo?", se pregunta una y otra vez, buscando respuestas imposibles.

Para Abdelwahab, todo fue "como una película", pero de muy dolorosas consecuencias.

Tras varios días durmiendo en una mezquita, el cabo consiguió llegar al paso controlado por las tropas kurdas (los llamados "peshmergas"), dejando atrás a su mujer y sus dos hijos en Mosul.

Sin embargo, no se le pasa por la cabeza regresar a su hogar. Los extremistas ya han pedido a su familia que se entregue, pero sabe que, si lo hace, será sometido a un juicio sumario ante un tribunal islámico por formar parte de lo que ellos denominan como "el Ejército de Irán".

"Los que hemos huido estamos dispuestos a suicidarnos antes que a entregarnos al Estado Islámico", afirma.

Todo el país se pregunta en estos momentos cómo es posible que, en apenas unos días, la segunda mayor ciudad del país, capital de la provincia de Nínive, pudiese caer en manos de los insurgentes suníes.

Abdelwahab abona la tesis lanzada por el primer ministro, Nuri al Maliki, de que todo es fruto de una complot.

"Lo que ha sucedido en Mosul es una conspiración. Hasta el último momento, nuestros oficiales estaban dando informaciones falsas sobre cuál era la situación real sobre el terreno", asegura.

Ahora, el EIIL se ha adueñado de Mosul junto a sus aliados del extinto Baaz, el partido único del exdictador Sadam Husein, cuya mano muchos perciben detrás de la rebelión que ha puesto a Iraq al borde del desastre.

Sin embargo, la ciudad, como reconoce el joven, ha recuperado la tranquilidad y sus vecinos no parecen descontentos, ya que han recuperado la electricidad y los combates han cesado: "Solo quienes tienen a sus hijos en el Ejército están sufriendo ahora".

Abdewahab no cree que el Gobierno central pueda recuperar la plaza, puesto que, a su juicio, el primer ministro Al Maliki no cuenta con la confianza de la gente.



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