2 de abril de 2015 11:39

Cristianos rememoran en Jerusalén las últimas horas de Jesús

Monjas católicas participan en una procesión con velas encendidas en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro con motivo del Jueves Santo. Foto: Atef Safadi/ EFE.

Monjas católicas participan en una procesión con velas encendidas en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro con motivo del Jueves Santo. Foto: Atef Safadi/ EFE.

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Agencia EFE
Elías L. Benarroch

Miles de cristianos rememoran en Jerusalén las últimas horas en la vida de Jesús peregrinando a los lugares santos en la ciudad vieja, donde el jueves 2 de abril de 2015 ha tenido lugar la ceremonia del Lavatorio de los Pies y, por la noche, la Hora Santa.

Las ceremonias se iniciaron con una misa a primera hora en el Santo Sepulcro oficiada por el arzobispo Fuad Twal, quien recordó en su homilía la importancia del sacerdocio y del amor fraterno instituido por Jesús en el Jueves Santo.

"Hoy celebramos el sacramento del amor de Jesús por todos nosotros, obispos, sacerdotes, hombres y mujeres consagrados, creyentes y por toda la Humanidad. Un amor sin límites", dijo Twal, máxima autoridad católica en la zona y quien mañana encabezará el Vía Crucis por la Vía Dolorosa.

En una solemne ceremonia en la que lavó los pies a doce notables de la comunidad cristiana, Twal insistió en que "este es el amor que Jesús nos enseñó con su ejemplo y el camino que debemos seguir".

"Ningún siervo es mayor que su señor", dijo parafraseando el evangelio de Juan y recordando el ejemplo de las dos primeras monjas palestinas que serán canonizadas, Maria Alfonsina Ghattas y Mariam Baouardy, en una ceremonia que tendrá lugar en El Vaticano el próximo 17 de mayo.

"Ellas lo entendieron y tuvieron una vida de oración, humildad y penitencia, irradiando (a la vez) felicidad y amor", subrayó.
Siguiendo el 'statu quo' religioso entre todas las corrientes cristianas, las puertas del Santo Sepulcro se abrían y cerraban hoy de acuerdo a un estricto protocolo, con cientos de peregrinos agolpándose en sus puertas para ver como Yaqub Nuseibe cumplía la misión que se le encomendó hace siete siglos.
La familia de Nuseibi, musulmana, lleva siglos abriendo y cerrando las puertas del sepulcro en una misión que le encomendó Saladino, y que cumplen a rajatabla "de padres a hijos".

"Es (una misión) muy especial de la que estamos orgullosos porque es uno de los lugares sagrados más importantes del mundo", dijo a Efe tras echar de nuevo la llave esta tarde.
La jornada del Jueves Santo gira en Jerusalén en torno a los lugares por los que pasó Jesús en el día previo a la Crucifixión, por lo que por la tarde los peregrinos se trasladaron al Cenáculo, escenario de la Última Cena, para recordar las institución del sacerdocio y la eucaristía.

En este lugar, que Israel y el Vaticano se disputan desde hace años, se celebró la cena pascual, en la que se considera que Jesús diseminó su obra y mensaje por todo el mundo.

"El Jueves Santo es la institución de la Eucaristía, ese es el mensaje. El significado de Jesús que se ofrece como alimento. Él hace el sacrificio de entregarse al pueblo y al mundo entero", indicó el padre Sergio Olmedo, un chileno de la Custodia de Tierra Santa que vive en la zona desde hace 22 años.

El Cenáculo, hoy extramuros, se encuentra sobre el lugar donde los judíos veneran la tumba del bíblico rey David, de cuya extirpe creen que vendrá el mesías.

Debido a su reducido tamaño, sólo unos pocos afortunados -alrededor de doscientos- pudieron entrar en el oficio, celebrado en varios idiomas y donde se volvió a repetir el lavatorio de pies.
"Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde", relatan los evangelios sobre la que es una de las ceremonias más emblemáticas del Jueves Santo.

Alejandro Gabaldón, peregrino de México, dijo a Efe que esta ceremonia lo que transmite es que Jesús "cumple sus promesas y se queda con nosotros".

"Cuando dice que estaré con vosotros hasta el fin del mundo lo cumple con el sacramento de la eucaristía", abunda.

En su enésimo peregrinaje, este creyente considera que "el venir aquí es ser testigo del amor de dios y de vivir un encuentro con él".

Por la noche los peregrinos volverán a celebrar misa, esta vez en la Basílica de la Agonía, en el huerto de Getsemaní, al que Jesús se retiró a orar y meditar, y donde vivió su Pasión antes de ser entregado por Judas.

La oración allí, precedida de una procesión de monjes franciscanos, palestinos cristianos y peregrinos, escoltados por bastoneros ataviados con uniforme otomano, es el preámbulo a la principal procesión de la Semana Santa en Jerusalén, el Vía Crucis, que recorrerá mañana las catorce estaciones de la Vía Dolorosa. 

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