Correa dedicó su sabatina a la capital

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Santiago Estrella G. Redactor

No hubo banderas de Alianza País ni nadie llegó a la Plaza de la Independencia vestido con los colores del movimiento político oficialista. El único verde flex fue el de los chalecos policiales.

El presidente Rafael Correa cumplió con su palabra y la sabatina se realizó, desde las 10:00, durante tres horas y media. Dijo que era una orden de los mandantes que lo acompañaron en sus recorridos por la campaña electoral.

El exhorto del presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Domingo Paredes, para que no realizara la sabatina quedó en palabra vacía.
El Primer Mandatario ya lo había advertido, pero ayer acusó a la cabeza del CNE de intervenir en otras funciones del Estado. Y recalcó que un exhorto “es un anacronismo, una petición, algo que no pueden ordenar, porque no hay base legal”. Y si hay esa capacidad legal, pidió que “ordenen” para que no haya “medias tintas”.

El exhorto de Paredes, según el Presidente, pudo traer “graves consecuencias”. Dio lugar a tuits “fascistas” o a la convocatoria a un ‘cacerolazo’, que se hizo a través  de las redes sociales para las 10:00,   cuando comienzan las sabatinas.

En el preciso momento en que decía eso, dos jóvenes llegaron a la plaza con una paila pequeña y dos tapas de ollas. Apenas pudieron ingresar. Enseguida, fueron rodeados por los dos cuerpos de seguridad que, uniformados con camisetas naranjas y con radios transmisores en sus manos, o camisa blanca y pantalones negros, que parecían haber heredado por lo holgados que les quedaban. Por lo menos seis de ellos comenzaron a empujarlos hasta que la Policía uniformada llegó para custodiarlos hasta un lugar menos inseguro.

Cristian, así se llama uno de ellos, se definió como un vecino. “Y como la sabatina se hizo en mi barrio, vine a apoyar a mi Presidente como se merece”, y mostró las tapas de las ollas que no hizo sonar, que nunca pudo hacer sonar.

Otros dos ciudadanos también fueron retirados a empellones, no solo por los guardias que no tenían una identificación visible, sino por quienes lucían camisetas naranja y que después las cambiaron por  blancas. Y hasta algunos miembros de la prensa presidencial reclamaron su presencia allí.

La referencia a las obras del Cabildo quiteño

Para el Presidente, se quiso arrebatar al pueblo ecuatoriano, y sobre todo a los migrantes, el derecho de que les informe de lo actuado en la semana del 16 al 21 de febrero.

El enlace de ayer fue una suma de lo que se ha hecho, de lo que se está haciendo y de lo que se hará en la capital, según el Primer Mandatario. Hospitales, centros de salud, carreteras, escuelas, colegios, centros de desarrollo comunitario, etc.

Al fin de cuentas, “lo bueno está por venir”, anotó el Jefe de Estado. Y agregó:  siempre “gracias a la Revolución Ciudadana y al Municipio de Quito”.
Las cámaras de televisión dejaron en evidencia que la Plaza Mayor de la capital ecuatoriana estuvo abarrotada. No obstante, los organizadores debieron retirar las sillas que quedaron vacías en plena intervención presidencial.

Hubo los curiosos y los que caminaban por el sitio. Otros recibían frutas en un estand del Ministerio de Desarrollo Social, en el cual se les informaba sobre las bondades vitamínicas. “Correa ha estado aquí”, dice María Luisa, de unos 80 años. Esperaba a su nieta, en una banca. “Vino a poner la boca”, se ríe y se cubre los labios.

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