21 de abril de 2015 11:22

El ‘contador de Auschwitz’ admitió ser cómplice del Holocausto y revela detalles

Oskar Gröning

Oskar Gröning entró a la sala con la ayuda de un andador. Foto: EFE

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GDA y AFP

En el primer día de su juicio en Alemania, Oskar Gröning, conocido como el "contador de Auschwitz", pidió "perdón" a las víctimas del Holocausto, asumiendo su culpabilidad "moral" y describió en detalle algunas de las macabras ejecuciones que presenció.

En el que podría ser uno de los últimos grandes juicios por el Holocausto, Gröning está acusado de asistir en el homicidio de unas 300 000 personas, aunque él siempre lo ha negado. Se expone a una pena de entre 3 y 15 años de cárcel por "complicidad en 300 000 homicidios agravados".

Los cargos se remontan el período entre mayo y julio de 1944, cuando llegaron a Auschwitz 137 trenes con unos 425 000 judíos de Hungría.

"Para mí, no hay ninguna duda de que comparto una culpabilidad moral", dijo Gröning al inicio del juicio en la ciudad de Luneburgo, en el norte de Alemania. "Comparezco ante las víctimas con remordimiento y humildad (...) Respecto a si soy culpable en términos penales, ustedes decidirán", añadió, durante una larga declaración pronunciada con voz firme. "Pido perdón", agregó.

La audiencia, celebrada ante una gran afluencia de medios y la presencia de 67 partes civiles, sobrevivientes y descendientes de las víctimas fue traducida simultáneamente en inglés, hebreo y húngaro.

El hombre, que entró en la sala con sus dos abogados y con la ayuda de un andador, no eludió ninguna pregunta y se defendió con firmeza hasta la suspensión de la audiencia a media tarde. En un momento, incluso rió cuando su abogado pidió al juez que hablara más alto para que su cliente pudiera escucharlo. El juicio se reanudará mañana, 22 de abril.

EL "CONTADOR"

Gröning es denominado "el contador de Auschwitz" porque recolectaba las pertenencias de los deportados cuando llegaban al campo de concentración, inspeccionaba los equipajes, y recogía y contabilizaba los cheques bancarios que pudiera haber para enviarlos a las oficinas de la SS en Berlín y así ayudar a financiar la campaña nazi.

"Al enviar los cheques bancarios él ayudó al régimen nazi a beneficiarse económicamente", dijo Jens Lehmann, abogado de un grupo de sobrevivientes y familiares de víctimas de Auschwitz que son los demandantes en el caso.

Gröning tenía entonces 21 años y según admitió era un férreo partidario nazi cuando fue enviado a trabajar a Auschwitz en 1942. Su caso es inusual porque a diferencia de muchos hombres y mujeres de la SS empleados en campos de concentración, él ha hablado abiertamente en entrevistas sobre el período que pasó en la instalación de la entonces ocupada Polonia.

El antiguo contador, que regresó a Alemania después de la guerra, nunca se escondió. Antes de ser atrapado por la justicia, había contado a la prensa y a la televisión su pasado en Auschwitz, explicando querer "combatir el negacionismo".

En una extensa entrevista con la revista alemana Der Spiegel en 2005, Gröning dijo que no sentía "nada" cuando veía a judíos siendo llevados a las cámaras gas. "Si estás convencido en que la destrucción del Judaísmo es necesaria, entonces ya no importa cómo se llevan a cabo esas muertes", declaró, en referencia a comportamiento como un joven oficial de la SS.

Su proceso judicial ilustra la severidad creciente de la justicia alemana con los antiguos nazis, desde la condena en 2011 de John Demjanjuk, ex guardia del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), a cinco años de prisión.

Cerca de 1,1 millones de personas, incluidos alrededor de un millón de judíos de Europa, murieron entre 1940 y 1945 en el campo de Auschwitz-Birkenau, de un total de 6 millones de víctimas durante el Holocausto pergeñado por Adolf Hitler.

ACLARACIÓN

Oskar Gröning -viudo, jubilado, con dos hijos de 65 y 70 años- relató su adhesión voluntaria a las Waffen SS (la milicia de las SS) en octubre de 1940, y su primer puesto en la administración, para ser transferido posteriormente a Auschwitz en 1942. Allí permaneció hasta el otoño de 1944.

Describiendo la vida cotidiana en el campo de concentración, se esforzó por marcar la diferencia entre su trabajo y el de los guardias directamente implicados en el exterminio, asegurando que su tarea consistía principalmente en "evitar los robos" de los equipajes de los deportados.

"Había mucha corrupción y tenía la impresión de que existía un mercado negro" en el interior del campo centrado en los "relojes de oro" de los recién llegados, se defendió Gröning, asegurando que no tuvo "nada que ver" con el procedimiento de los asesinatos.

"CONMOCIONADO"

Gröning contó que varias veces intentó abandonar el campo de concentración, "conmocionado" por las escenas a las que había asistido, algunas de las cuales relató.

Justo después de su llegada, en noviembre de 1942, había visto a un guardia matar a un bebe porque "lloraba". Lo agarró de los pies y lo estampó contra un vagón. Su superior admitió que "este hecho no era particularmente aceptable" pero consideró que su salida del campo era "imposible".

Tres semanas más tarde, patrullando en el campo después de varias evasiones, oyó gritos "cada vez más y más fuertes y desesperados, antes de morir" de las personas en las cámaras de gas, y dijo que después asistió a la cremación de cuerpos.

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