27 de December de 2009 00:00

Comuna en shock por un asesinato

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Redacción Sierra Centro

Josefa Yantalema cuida a sus tres bisnietos en su pequeña vivienda. Wilson, de 7 años; Johnny de 6 y Javier de 4 quedaron huérfanos tras la muerte de su madre Inés Chucuri, de 26 años. La mujer fue asesinada, la noche del pasado 16 de diciembre, en su casa, ubicada cerca de la plaza central de la comunidad de Sanancahuán, a 13 kilómetros del cantón Guamote, en Chimborazo.

En la casa de paredes de bloque y techo de zinc también viven  Delia, de 12, Norma de 10; Édgar de 8 y Jeanette de 6. Ellos son hermanos de Chucuri. La mujer estaba a su cargo y los cuidaba porque sus padres murieron.



Más datos de la comuna
La comunidad de Sanancaguán está habitada por 650 personas. El 30% de la población migró a Ambato, Quito, Guayaquil... La gente se dedicada a la agricultura y a la ganadería.
La vía de ingreso al pueblo está en proceso de ser  rehabilitada, pues las lluvias dañaron el camino y lo dejaron cerrado.
Hoy  desde las 10:00 hasta las 15:00, se realiza una radiomaratón en la comuna Sanancaguán. El objetivo del evento es recolectar dinero para ayudar a los niños huérfanos. Sus familiares piden fondos para darles alimentación, vestimenta y estudios. En la cadena humanitaria participarán las radios Colta, Sensación de Guamote y El Agricultor.Yantalema, de 80 años, cuenta que no tiene dinero para mantener a los siete niños. Con  lágrimas en los ojos dice que su nieta Inés  mantenía la casa. “Ella compraba mis medicinas para la artritis, alimentos y ropa para los niños. Ahora que murió no sé qué hacer. Las autoridades ofrecieron ayuda. No sé si cumplirán”.

En la pequeña parcela tiene pocos sembríos de papas y cebada. También cría  cuyes que se mueven inquietos en cajas apiladas.  Para llegar a la vivienda hay que caminar por un estrecho chaquiñán cubierto de un lodo espeso. 

Sara Sislema, de 20 años, cuñada de Inés, ha asumido a medias la carga del hogar. Ella trabajaba en una floricultora en Quito, pero ahora  apoya en el cuidado de los niños, que visten ropa raída y sucia y juegan en el estrecho patio.

Yantalema se lamenta por no tener una casa más grande para recibir a todos los infantes. Para moverse  se apoya en dos maderos que sirven de bastón. “Ya no puedo caminar, me duelen las piernas, no puedo trabajar para mantener a los niños, tengo pena”.

Sislema detalla que Inés, luego de que murieron sus padres, buscó trabajo en la ciudad. La aceptaron en una  floricultora.

Con los USD 70 que ganaba a la semana mantenía el hogar y financiaba los estudios de sus tres hijos y  cuatro hermanos. Ellos estudian en la escuela Carmela López de Vallejo, localizada en el centro del pueblo.

Inés estaba separada de su ex marido José Rufino P., hace cinco años. Pero él regresó hace poco tiempo  pidiéndole perdón y matrimonio. “Le dije que pensara bien y me fui para Quito a trabajar”, dice Sislema.

La mañana del 17 de diciembre, ella y su esposo recibieron una llamada telefónica. En ella los dirigentes de la comunidad le informaron que Inés fue asesinada. Ángel Chuto, líder de Sanancaguán, está indignado con lo ocurrido. El comunero sostiene que el asesinato ocurrió porque el ex esposo de la mujer se negó a pagar USD 3 900 de las pensiones alimenticias de sus tres hijos.

Él cuenta que el 14 de diciembre, José Rufino P. regresó a la comunidad para pedirle matrimonio a Inés. Los dirigentes de la comuna, en una asamblea,  aprobaron esta decisión. En la Intendencia de Policía de Chimborazo se firmó un acta de compromiso. Además, fijaron para el jueves 17 de diciembre la fecha del casamiento. “Todos creíamos que lo que decía era verdad. Él lloraba y  nos convenció. Pero sus intenciones fueron otras”.

Asegura que a las 03:00 de ese día, Josefa Yantalema encontró  muerta a su nieta en su vivienda. Pronto pidió auxilio en la comunidad. Se presume que la pareja discutió.“En la pelea estranguló a Inés. José la mató”, dice Chuto.

Los comuneros decidieron buscar al hombre para castigarlo por su crimen. Fueron a la comunidad Gualipite, a 24 km de Sanancaguán. En el sitio detuvieron a Aurora Parques, madre de José Rufino P. y conversaron con otras personas de la localidad. Les dijeron que estaba en Baeza, en la provincia de Napo.

Una delegación de la comuna viajó allá para detenerlo. También capturaron a su conviviente Rosa R., con quien tiene dos hijos.

Con los detenidos, regresaron a su comunidad, estaban dispuestos a hacerlos pagar por el crimen. El 20 de diciembre, luego de una reunión de los dirigentes locales, les exigieron que se desnuden y que carguen el féretro de Inés Chucuri hasta el cementerio. También fueron obligados a cavar la tumba. Luego se entregó a la Policía a José Rufino P.

En Sanancaguán rige un reglamento interno. Los casos de robo, maltrato… son analizados por los líderes de la comuna, que está integrada por una plaza central y un puñado de viviendas de bloque y techo de zinc.

En la casa comunal, permanecen detenidas Rosa R., actual pareja de José Rufino P. y su madre Aurora P. A ellas se les exige que  cancelen los  USD 3 900 de las pensiones de los pequeños.

Rosa  R. asegura que hace más de una semana, su pareja  le comentó que la abandonaría para regresar con su ex esposa. “Le dije que regrese, pero que pague las pensiones alimenticias de los dos hijos que tiene conmigo. Desde entonces desapareció. La gente de Sanancaguán me culpa que yo la mandé a matar. Eso es falso”.

La mujer explica que no tiene dinero para defender a su esposo ni para pagar la deuda que se le impuso. “Él tendrá que defenderse como pueda porque ahora tendré que trabajar para mantener a mis niños y cancelar parte de su deuda”. La madre de José Rufino P. asegura que ella desconocía del problema de su hijo y de lo sucedido el 17 de diciembre pasado.

Silvio Velasco, fiscal de Asuntos Indígenas de Chimborazo, pidió la orden de prisión preventiva en contra de José Rufino P. que fue acogida por el Juez que lleva la causa. Al momento está detenido en el Centro de Rehabilitación Social de Riobamba.

La defensa del presunto asesino está a cargo de Mario Yépez. El abogado dijo que “el caso es delicado y que hay que tratarlo con absoluto cuidado para no cometer errores”. Esta semana, continuarán los trámites judiciales y se ordenarán nuevas diligencias para determinar si el hombre fue responsable o no de la muerte.

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