30 de enero de 2018 16:52

250 colegios del Guayas calibran planes específicos de intervención contra las drogas

Los rectores de 250 colegios públicos y privados de la zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) participaron en un taller sobre consumo de drogas organizado por el Ministerio de Educación. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

Los rectores de 250 colegios públicos y privados de la zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) participaron en un taller sobre consumo de drogas organizado por el Ministerio de Educación. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

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Elena Paucar

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Bajo rendimiento escolar, problemas de disciplina, peleas entre compañeros, continuas salidas al baño… El rector Pedro Arana describe algunos de los signos de alerta que ha detectado en los jóvenes con problemas de consumo de drogas que asisten al colegio que dirige.

“Las drogas destruyen al chico y a su familia. Los tiempos de abstinencia son terribles, porque tienen dolores y otras secuelas”, comenta la autoridad de un plantel público del suroeste de Guayaquil.

Los rectores de 250 colegios públicos y privados de la zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) compartieron sus experiencias en un taller organizado por el Ministerio de Educación, como parte de la campaña Más unidos, más protegidos.

La reunión se dio este martes 30 de enero del 2018 y su finalidad es establecer planes de intervención para prevenir y reducir los casos de consumo de drogas, específicos para cada institución.

Daniela Ocaña, una de las capacitadoras del taller, explicó que los establecimientos fueron elegidos por su grado de vulnerabilidad. La selección parte de un índice de concentración territorial, realizado por la Secretaría Técnica de Prevención Integral de Drogas, que consistió en cruzar bases de datos de la Policía, el Ministerio de Salud, el INEC y el ECU 911.

“Esa información no solo implicaba el consumo dentro de los planteles, sino también las denuncias por comercialización en su territorio, las atenciones de emergencia y ambulatorias en los centros de salud por consumo de sustancias, las incautaciones de la Policía, el índice de la pobreza y las proyecciones de población”, indicó Ocaña.

El estudio se aplicó en todo el país. Su resultado fue una escala de vulnerabilidad, desde muy alto hasta bajo. Las zonas 8, 5 (resto de cantones de Guayas) y 9 (Quito) son las más complejas, como explica Daniela Ramírez, coordinadora de políticas de prevención de drogas en el ámbito educativo del Ministerio de Educación.

“La idea es que puedan diseñar, desde sus propias realidades, planes para mitigar y prevenir esta problemática, partiendo del desarrollo de habilidades y destrezas de los niños, niñas y adolescentes”, aseguró Ramírez.

Los rectores coinciden en que el consumo de drogas se disparó desde el 2013. En ese año se aprobó la tabla de cantidades máximas admisibles para la tenencia y consumo de drogas en el país.

Andrea Zavala dirige un colegio en el suburbio de Guayaquil. La vulnerabilidad, dice, está marcada por el entorno. “Cuando detectamos casos aplicamos el protocolo: los derivamos a centros de salud y damos clases asistidas, en casa”. En el 2016 asistieron a dos estudiantes bajo el protocolo del Ministerio de Educación.

La coordinadora de políticas de prevención de drogas explica que el protocolo es una base. Después del taller de este martes, los planteles más vulnerables elaboraron un plan más específico, según cada realidad.

Para el plan también hicieron un diagnóstico, que incluye datos de la última Encuesta Nacional sobre consumo de Drogas (2016). Esa investigación determinó que a los 14 años, en promedio, se da el primer consumo; y varía según el tipo de estupefaciente (marihuana a los 14,88 años, pasta de coca a los 14,86, H a los 14,39). El consumo de H subió de 0,5 en 2012 a 2,51% en 2016.

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