8 de febrero de 2018 00:00

En una cirugía de 20 horas, a Tito le extrajeron un extraño tumor de la cabeza

Tito (con gorra, en el centro) junto a sus padres, Tito y Marjorie, y su hermano Ernesto. Foto: Mario faustos/ EL COMERCIO

Tito (con gorra, en el centro) junto a sus padres, Tito y Marjorie, y su hermano Ernesto. Foto: Mario faustos/ EL COMERCIO

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Elena Paucar. Redactora (I)
epaucar@elcomercio.com

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Tito es fuerte. No hubo berrinches cuando retiraron los puntos que formaban un arco en su cabeza, tampoco se intimidó con los pinchazos -que fueron muchos- para exámenes, sueros y la anestesia.

Por esa valentía, el niño de 12 años ocultó a sus padres los síntomas de un tumor que se extendió rápido dentro de su cabeza. Por dos meses tuvo dificultad para respirar y la visión borrosa le molestaba.
“Nos contó que algo no andaba bien, pero pensábamos que era una broma. Decía: con este ojo veo en HD y 4K; y con este -el izquierdo- veo en VGA”, recuerda Marjorie Macías, su madre. Los síntomas se agravaron en noviembre.

La familia pensó que solo era una gripe cuando visitaron al primero de muchos médicos. Hasta que una tomografía reveló una masa enraizada en la base del cráneo, que se extendía detrás del ojo izquierdo.

“Nos recomendaron hacer una biopsia, me desesperé. Buscamos otros diagnósticos y el tercero fue fatal: nos dijeron que era un tumor inoperable”, contó Tito Vásquez, el padre. La familia lo cuenta como una anécdota, mientras el niño se recupera en casa después de 14 días de hospitalización.

Antonio Matamoros, jefe de Otorrino del Hospital Luis Vernaza, cambió el diagnóstico. Identificó que era un angiofibroma nasofaríngeo juvenil, un tipo de tumor benigno (no canceroso), formado por vasos sanguíneos y tejido fibroso. Aparecen en la parte posterior de la nariz, desde donde se diseminan; son más frecuentes en hombres jóvenes. Su incidencia mundial es de 0,05%.

El especialista ha operado a más de cien pacientes desde 1987 (todos hombres, de entre 10 y 33 años). Pero el gran tamaño en el caso de Tito representaba un alto riesgo.

El tumor estaba enraizado, como en forma de U. Era duro, como caucho, y nacía en la base del cráneo, con prolongaciones hacia la fosa nasal izquierda, el nervio óptico, cerca de la carótida interna y había causado un edema. “Hasta hace unos años eran inoperables, pero ya se pueden extirpar”.

Tito estuvo 26 horas en el quirófano. La cirugía duró 20 horas, más seis para la preparación y recuperación. Ingresó a las 07:00 del 22 de enero y salió al mediodía del 23. Al hospital llegó el 17, recibió el alta el 30.

El equipo estuvo formado por intensivistas, anestesiólogos, cirujanos cráneo-faciales, oftalmólogos y neurocirujanos. Usaron instrumentos de precisión para dividir el tumor en fragmentos de entre 4 y 2 centímetros. Primero hicieron una embolización, microcirugía para detener el crecimiento. Ingresaron con un catéter por la carótida, para tapar las arterias que lo alimentaban. El procedimiento evitó un sangrado excesivo en la cirugía.

Para la extracción usaron instrumentos de neuronavegación, aparatos de radiocirugía que aspiran, coagulan y extraen las partes del tumor. Y emplearon microscopios y ultrasonido para destruirlo, abrir espacio y retirarlo.

Tras la cirugía no hubo complicaciones, salvo lavados nasales periódicos para eliminar las costras que pueden aparecer en la cavidad que ocupaba el tumor. El médico recomienda prestar atención a los signos de alerta, como la obstrucción nasal frecuente y sangrados, para intervenir más temprano.

Matamoros, quien lideró la operación, dice que en el Luis Vernaza detectan entre cinco y seis casos de este tipo por año. De los de gran extensión, como el de Tito, ha diagnosticado uno cada cuatro años.

Hace siete años tuvo una operación igual de larga a un chico de 15, que ahora cursa la carrera de Odontología en la universidad. “Toma más tiempo porque hay que preservar todas las estructuras, como el nervio óptico, y que las secuelas sean mínimas”.

Los angiofibromas nasofaríngeos son muy raros. El especialista dice que no hay origen claro, se sospecha de un factor hormonal que no ha sido comprobado. Unos nunca se desarrollan y desaparecen por sí solos al pasar los 15 años.

Según el diagnóstico, el tumor de Tito creció en los últimos dos años. Aceleró su desarrollo después de la detección. No podía respirar, un edema cubrió su pómulo izquierdo e incluso su voz se afectó. Antes de la operación festejó con su familia su cumpleaños.

El 18 de enero ya estaba en el hospital y sus padres adornaron el lugar con globos y peluches. Esperan festejarlo en unas semanas.
Con mi esposa -recuerda el padre- vimos el anochecer y el amanecer fuera de ese quirófano. Ahora están felices y agradecidos con Dios y con los médicos. “Mi hijo Tito venció todo mal pronóstico y con su fortaleza resistió tantas horas la anestesia”.

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