15 de November de 2009 00:00

El Chullita quiteño es un ícono durante las fiestas de la ciudad

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Durante las fiestas de Quito, bailar el Chullita quiteño es  una tradición.  En las chivas, discotecas, plazas, parques y casas,  escuchar el sonido de este conocido pasacalle es algo típico. 

Al grito de  ¡Viva Quito!, los quiteños y no quiteños zapatean con alegría cuando escuchan a los trompetistas entonar  la introducción de la canción (tan tararantan tantan, tantan.... tantán).
 
La canción  original, que tiene cuatro estrofas y dura dos minutos y 36 segundos, inmortalizó a este famoso personaje de la ciudad.

El chulla era un hombre que siempre se mantenía impecable, llevaba  una flor en la solapa del terno y  un sombrero que lo hacía inconfundible, estaba presente en reuniones y fiestas sociales y tenía poca plata. Y así lo describe la canción en sus dos primeras estrofas, donde habla de un hombre que vive  rodeado de fiestas.

La canción, que fue escrita por Alfredo Carpio e interpretada por Olmedo Torres, aproximadamente en 1960, ha sido modificada por un sinnúmero de cantantes ecuatorianos. Aunque según asegura  la Sociedad de Autores y Compositores Ecuatorianos  es difícil conocer cuántos artistas la han interpretado, ya que no todos acuden a pedir el permiso necesario para cantarla.

Al ritmo de cumbia, salsa e incluso interpretada por el grupo de rock Deep Purple, cuando vino a Quito el pasado marzo, el Chullita quiteño es un ícono de las fiestas. 
                                                                    
La Guaragua, una calle del centro de la urbe, se hizo famosa por esta canción. Las bandas que acompañan a las chivas o están en las plazas de la ciudad entonan con mayor énfasis la estrofa donde se nombra a esta calle,  que tiene su propia historia. 

Para Freddy Aguirre, guitarrista del Trío Colonial, cantar esta canción es recordar lo que significa ser quiteño. “Cuando la cantamos, la gente se siente alegre y disfruta. Para nosotros, que somos del casco colonial, es muy significativo porque nos trae  recuerdos”.  Aguirre asegura que la gente canta esta canción como si fuese un himno para los que se sienten quiteños.

Jaime Enrique Aymara, por su parte, se siente identificado con esta canción por el encanto con el que se describe a la ciudad.

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