12 de febrero de 2016 21:17

7 días después de su destitución en la Comandancia de la FAE, Raúl Banderas fue evocado por la gesta del Cenepa

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Dimitri Barreto

A la conmemoración de los 21 años de la victoria del Cenepa, en representación del Presidente de la República, llegó un marino en retiro, el ministro coordinador de Seguridad, César Navas. La ceremonia se celebró este viernes 12 de febrero de 2016 en el Ala de Combate 23, en Manta.

En el acto se evocó a un héroe del Cenepa, el teniente general Raúl Banderas Dueñas, ocho días después de que el presidente Rafael Correa lo destituyera del cargo de Comandante de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), porque el oficial -junto con el Alto Mando- pidió al Régimen que se respetaran los recursos del Issfa.

El ministro Navas, en la ceremonia en Manta, dijo: "Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer y reconocer a nombre del Gobierno Nacional y de la Patria entera al señor teniente general Raúl Banderas Dueñas, quien es testimonio vivo de la hazaña de 1995, por su entrega a las causas más nobles de la Patria, por su sobresaliente desempeño en los variados ámbitos de su carrera militar y personal".

El general Banderas estuvo en el acto castrense en Manta. "Lo único que hubiera querido..., estar hoy día (como Comandante), porque yo iba a volar; como estaba prevista la ceremonia yo iba a volar", dijo el oficial que fue relevado de la Comandancia de la FAE el viernes 5 de febrero por la controversia que se presentó entre militares y el Gobierno, luego de que la Presidencia dispusiera el jueves 4 de febrero de 2016 el débito de USD 41 millones de los recursos del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (Issfa), para transferirlos al Ministerio del Ambiente, por un supuesto sobreprecio en el pago de un terreno en Samanes, Guayaquil.

Banderas es un héroe del Cenepa condecorado. Por su hazaña, cada 10 de febrero se celebra el Día de la Aviación de Combate. El 10 de febrero de 1995, los radares ecuatorianos detectaron la incursión de 5 aeronaves peruanas. El entonces mayor Raúl Banderas, piloto del Mirage F1 (número FAE 807), lideró al escuadrón que interceptó a dos aviones Sukhoi SU-22 y a una nave A-37 de la Fuerza Aérea Peruana y los derribó en la selva (el A-37 fue alcanzado por un Kfir de la FAE).

EL COMERCIO publica a continuación el testimonio que el oficial Raúl Banderas dio este Diario en octubre del 2008, sobre los hechos ocurridos ese 10 de febrero de 1995.

Raúl Banderas: ‘Mi último misil lo golpeó; luego vi la bola de fuego’

"La Base de Taura estaba en Charlie Dos (significa en emergencia máxima); en dos minutos debíamos estar en el aire. Por eso estábamos amarrados a los aviones, listos para volar donde nos indicaran. En esa posición permanecíamos dos horas.

El calor y la incertidumbre eran agobiantes y a veces nos turnábamos 24 horas. El 10 de febrero se dio la orden “conejo despegue” (apodo de combate, que le pusieron en la FAE, dice, por sus orejas grandes; el capitán Carlos Uzcátegui era Flash). Fuimos a Coangos. Salimos en dos aviones Kfir y dos Mirage (estos, piloteados por Banderas y Uzcátegui). Pero los Kfir iban más bajo.

En Gualaquiza detecté a dos puntos, entonces los enganché (el avión envía una señal electromagnética para que se siga a otras naves), pero se perdieron. Coloqué mi GPS con rumbo a Coangos y fuimos hacia allá. Buscamos visualmente porque el día estaba despejado. Le dije a ‘Flash’: tengo dos a la vista que iban al sur. Intentábamos comunicarnos con los Kfir para saber si eran ellos, pero no se pudo.

Ese momento tuve autorización de disparo de misil, pero nos acercamos más. Nos colocamos atrás de ellos, a 1,5 km (Banderas muestra la maniobra con sus manos) y para no ser detectados los radares estaban en ‘stand by’, pero mi avión me alertó que fui enganchado por un Mirage.

Le comuniqué a Uzcátegui, quien hizo una maniobra defensiva y yo mandé chaps (láminas extra finas de aluminio que se arroja para despistar al radar) la señal de enganche desaparecía unos 5 o 6 segundos y volvía.

Entonces, subimos más y vi la silueta de dos Sukhoi, aviones peruanos. Disparé el primer misil que impactó a una de las naves, hubo mucho humo negro, pero siguió volando. Uzcátegui disparó y golpeó al segundo. Nunca antes habíamos disparado a un avión, solo en los entrenamientos lo hacíamos.

Luego activé mi último misil y lo golpeó. Observé una bola de fuego. Le di la orden a Uzcátegui que saliéramos, pero activó su otro misil, no sé si lo alcanzó, pero los pilotos se eyectaron. Nos clavamos y volábamos a ras de los árboles para despistar. Todo duró dos minutos y 35 segundos.

Siempre me acuerdo de ese día. Tengo un gran respeto por los pilotos peruanos que murieron, ellos, como yo, cumplían con una misión. La guerra es así, es absurda e ilógica.

13 años después, en junio del 2008, volví a volar un Mirage. Regresé a mi casa con la misma alegría de un niño".

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