6 de November de 2009 00:00

Catarsis

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María Cárdenas R.

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Días atrás viví un momento buscado: compartir con una amiga y cruzar palabras que no se olvidan. Evaluar el significado de cada día, valorar los minutos en los que dejamos de lado el bosque para admirar cada árbol por su valor único y redescubrir el verdadero sentido de nuestra estadía en el  mundo. 

El destino, personal y comunitario, nos lleva por caminos tortuosos o, así los sentimos, sin aceptar que cada curva extrema, cada desilusión, cada golpe, no son más que lecciones. Mientras más nos falte aprender, más duro y difícil será el camino. El universo y sus fuerzas nos aleccionan hasta que de nuestra esencia salga una incuestionable definición de principios y valores. Si no enfrentamos nuestros propios demonios, aceptando el indispensable cambio, viviremos un infierno; apretando nuestras gargantas la angustia, la desesperación y la confusión, aferrándonos a lo material, a la posesión de cosas, a ganar más y más cada vez, sin que esto nos convierta en más o mejores humanos. Ante la muerte, encontramos respuestas válidas al cuestionamiento existencialista del diario.

La partida al más allá no incluye equipaje, nuestro cuerpo también se convierte en polvo. Igualmente, las posesiones, sin importar cuánto tiempo se invirtió en su consecución, quedan. Sin duda, se desperdiciaron momentos valiosos al olvidar experimentar el amor, felicidad, dolor, alegría, una caída del sol o una brillante luna. Recordarán nuestros actos, la sonrisa amplia y sincera. La memoria se construirá alrededor de cada paso que dimos, el apoyo real que brindamos a quienes nos necesitaron, la transparencia con la que nos manejamos, la honestidad de nuestras acciones. Evocarán nuestra dedicación y amor por las personas que están o estuvieron en nuestras vidas, por cómo siempre fuimos iguales sin cambiar con el viento de las condiciones, porque respetamos al resto como son y no por quererlos diferentes.

El universo nos prueba, como a personas individuales y como un conjunto de seres humanos que, de momento, hemos perdido nuestra visión. Permitimos que los excesos, la ambición desmedida, la carrera por lo material y el hambre de poder  nos desviaran. El universo exige una respuesta, con una crisis mundial que afecta a todos obligándonos a repensar el camino, corregirlo, regresar a ver a la generosa naturaleza, dejarnos de enredos innecesarios, convenios protectores de mayorías, políticos y políticas controladoras y rebuscadas, excesos de vanidad y voluntades ejerciendo la anarquía. Lo incomprensible, el clima, situaciones personales, la economía pide una purificación que nos libere de nosotros mismos. Que nos devuelva el equilibrio. Permitamos la catarsis que debe venir, que nos tome, simplifique, humanice, devuelva al camino correcto y el mundo ganará tranquilidad.

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