9 de noviembre de 2014 11:37

Cataluña vota sobre su independencia desafiando el veto de Madrid

Más de un millón de personas han participado en el referéndum. Foto: Quique García / AFP

Más de un millón de personas han participado en el referéndum. Foto: Quique García / AFP

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Daniel Bosque /A FP
Barcelona

Cataluña votaba este domingo 9 de noviembre sobre su independencia de España en una consulta sin ningún valor legal, pero histórica para el nacionalismo, y en claro desafío del gobierno regional a la prohibición impuesta por Madrid

Personas de todas las edades hacían largas colas frente a los colegios que, entre aplausos de los asistentes, abrieron con normalidad pese a la suspensión decretada por el Tribunal Constitucional español.

Convocados por el gobierno del nacionalista Artur Mas, 5,4 millones de habitantes de esta gran región del noreste de España estaban llamados a responder a una doble pregunta: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?".

Cuatro horas después del inicio, 1,14 millones de personas habían depositado sus papeletas, informó el gobierno regional, quien con una alta participación espera obtener legitimidad política para mantener su pulso con Madrid. Para Mas, éste es sólo un paso para lograr una verdadera consulta con valor legal. "Nos merecemos el derecho a votar en un referéndum definitivo y esto es algo que debería entenderse en Madrid", lanzó tras depositar su papeleta en Barcelona.

El voto estaba abierto a los mayores de 16 años, incluidos muchos extranjeros residentes en Cataluña. Uno de ellos, Mariano Luchetti, argentino de 43 años casado con una catalana, votó por la independencia. "Los catalanes no merecen este tratamiento por parte del gobierno central, si miramos el ejemplo de Escocia el tratamiento es completamente distinto", dijo.

La jornada marca un hito en la escalada de tensión entre Mas y el ejecutivo español de Mariano Rajoy. A diferencia del Reino Unido, que el 18 de septiembre permitió un referéndum en que los escoceses rechazaron la secesión, Rajoy consiguió suspender la consulta en dos ocasiones recurriendo al Constitucional.

Amparándose en la libertad de expresión, Mas mantuvo su programa y llamó a votar sin miedo en este plebiscito que no tiene censo oficial ni comisión electoral y está a cargo de unos 41 000 voluntarios. Ante la permisividad final de Madrid, varias entidades contrarias a la independencia presentaron denuncias judiciales reclamando detener la votación. Y la fiscalía ordenó que se identifique a los responsables de la apertura de los colegios.

"Intentan meternos miedo pero yo estoy tranquila. No estamos haciendo nada malo, votar debería ser algo normal", dice Mercè, una profesora de 64 años voluntaria en un centro de Barcelona que, pese a todo, no quiere dar su apellido.

Un punto de inflexión

 La jornada, bautizada "9-N", es histórica para el nacionalismo de esta región orgullosa de su idioma y su potencia económica, que representa casi un 20% del PIB español.

Para Muriel Casals, presidenta de Omnium, asociación de defensa de la cultura catalana, el 9-N es un "punto de inflexión" en la crisis con Madrid iniciada en 2010, cuando el Tribunal Constitucional impugnó parcialmente un estatuto que definía a Cataluña como "nación". Desde entonces, atizada por la crisis económica e institucional en España, la apuesta por la separación sedujo a un 50% de la población según los últimos sondeos y llevo a Mas, antaño moderado, a radicalizar su postura.

"Hay que cambiar construyendo un país nuevo", afirma Casals que, junto a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), fomentó las grandes manifestaciones independentistas de los últimos años.

Poco les importa infringir la legalidad: "Las sufragistas también estaban en la ilegalidad pero su movimiento era legítimo", defiende Ricard Gené, abogado de ANC que recoge firmas para reclamar un referéndum ante la ONU y la Unión Europea.

Por su parte, los detractores del proceso denuncian un "engaño" a los catalanes, convenciéndoles de celebrar un referéndum de secesión "ilegal y antidemocrático".

"Somos españoles y catalanes y a nosotros nadie nos tiene en cuenta", lamentaba una manifestante unionista, Mercedes Gargallo. Por ello, la atención no se centra tanto en los resultados, esperados para el lunes, sino en la participación total que se conocerá por la noche y que las previsiones ubican en torno a dos millones de personas. Una alta movilización reforzaría la posición independentista en vistas a negociar un referéndum oficial con Madrid, o incluso emprender un proceso unilateral de ruptura con España como defiende el pujante partido independentista ERC.

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