3 de December de 2009 00:00

En las calles y locales del sur se escuchó otra vez ‘Liga campeón’

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Esmeraldas
ecuador@elcomercio.com

Bolívar Urbina y su hijo de 15 años ingresaron a la discoteca Crazy Cows, ubicada a un costado del redondel  de La Gatazo,   cuando faltaban 45 minutos para  que el partido por la final de la Copa Sudamericana  comenzara.

Este hombre de 42 años  fue uno de los primeros en llegar. Quería ganar  un buen puesto para presenciar el cotejo Liga-Fluminense, sin problemas, en una de las dos pantallas  gigantes  del  local. 

Desde  que arrancó el partido, Bolívar empezó a mover sus dedos pulgares, uno sobre otro, de manera circular. “Es mi cábala. Voy diciendo que pase el tiempo. En estos partidos se sufre”. 

Al final estuvieron  unos 200 aficionados, incluidos niños y adultos. La  mayoría eran    moradores  de La Gatazo.    “Vecino, ¿hay espacio?”, preguntaban al administrador de la discoteca, quien  cobraba  USD 1  por el ingreso.   “Los niños, por ser la final, pagan 50 centavos. En estos partidos por lo menos se saca algo de dinero”, aseguró el administrador.

Héctor Villacís, vecino del lugar,   traía puesta una camiseta negra de la Liga y de pie esperaba impaciente el inicio del cotejo. “Venimos  acá porque es como estar  en el estadio. Al
estar en contacto con  otros hinchas nos apoyamos mutuamente”.   

Esa fue precisamente  una de las principales motivaciones de centenares de hinchas albos que se dieron cita  en  la Tribuna del Sur. “En la casa sí tenemos televi-
sión por cable, pero preferimos venir acá  para gritar con el resto de la gente”, indicó Mauricio Pérez,  quien lucía  camiseta,  gorro y  bufanda de Liga de Quito.

En la tribuna se instalaron dos pantallas gigantes. Los graderíos se coparon antes de que el partido  se iniciara. 10  minutos después de que se moviera el balón,  la calle  quedó  colmada de aficionados.

El  lugar parecía una más de las tribunas  del estadio Casa Blanca.

Los tradicionales cánticos de Liga   hicieron que incluso   los más apagados empezaran a gritar. Hasta quienes vendían vinos y canelazos coreaban  las canciones.  “No soy de  Liga pero me sé las  barras”,  dijo  María José, quien vendía vinos  en  cartón y cantaba, a todo pulmón “yo te daré…”.

Pero los goles de Fluminense en el primer tiempo mermaron   el ánimo de los aficionados.  “Liga está jugando mal, no sé qué les pasa. Esperemos que en el segundo tiempo  jueguen mejor”, dijo Juan Puertas,  albo  desde la cuna.
Y ya en el segundo tiempo, sobre todo cuando el  jugador del cuadro  brasileño  fue expulsado, la gente era un solo griterío.
 
No importaba que el cuadro merengue estuviera tres goles abajo. Los hinchas en  la Tribuna del Sur  ya se sabían ganadores   y no pararon de alentar hasta el final del partido.

En otro punto  de la ciudad, en la Quito Sur, llamaba la atención que unas 120 personas estuvieran   aglomeradas alrededor de los dos televisores que Noemí Izquierdo, propietaria del local  Bam Bam Burguer, había colocado para el deleite de sus clientes.

Entre estos estaba Pablo, de 14 años, quien en sus manos tenía un escapulario.  “Rezo para que los jugadores tengan tranquilidad y puedan ganar el  partido”.

Al final,  los rezos de Pablo, la cábala de Bolívar,   el apoyo  de  Héctor y de los  demás aficionados  sirvieron para  que  Liga, a la distancia, ganara una nueva batalla futbolística.  “Estamos felices. Es un nuevo maracanazo”, indicó Héctor.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)