3 de April de 2010 00:00

La asistencia demora para los que regresaron

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Alrededor de 300 ecuatorianos regresaron de Chile con la ayuda de la Secretaría Nacional del Migrante, tras el terremoto del 27 de  febrero.

Ellos eran parte de  los cerca de 30 000 ecuatorianos radicados  en Chile antes de la tragedia. En Concepción, uno de los municipios más afectados, residían unos 8 000.  

En Concepción, de los médicos, estudiantes, profesionales y artesanos, el grupo mejor organizado fue el de los  otavaleños.  Ellos se las arreglaron para vivir en los mismos barrios o comunidades.

Por eso, cuando retornaron a Ecuador, continuaron unidos. De ese modo gestionan el apoyo del Gobierno Nacional. El pasado lunes, a las 08:30 se entrevistaron con el subdirector de Educación de Imbabura, Miguel Castillo.

Le pidieron un cupo para que 86 niños kichwas retomaran sus estudios en establecimientos educativos de Otavalo e Ibarra. Castillo les ofreció realizar los trámites  amparado en el Acuerdo Ministerial 337. 

A las 09:00 se entrevistaron con Germán Flores, director del MIES en Imbabura. “Les ofrezco mil disculpas por el vía crucis que han enfrentado hasta ahora. Faltó coordinación entre los ministerios. Esta semana gestionaré las raciones alimenticias y las vituallas (colchones, cocinas y cobijas). Concluiremos la información social para precisar cuántas familias retornaron”.

Cada otavaleño retornó con su   historia de Chile. Para Raúl Burga el desastre que soportó en Chile continúa en la comuna Agato en Otavalo. En las últimas semanas vendió parte de su ropa y la de sus tres hijos para costear sus viajes a los ministerios de Quito e Ibarra en búsqueda de ayuda. “Vendía artesanías en el balneario de Dichato, en Chile, pero arrendábamos un departamento en Concepción. Perdimos todo con el terremoto. Sobreviví a un maremoto, pero la necesidad de un empleo y una casa digna me tiene al borde de la desesperación”.

Ermelinda Cañamar vivía en Temuco y trabajaba  en la playa Puerto Saavedra. “Cinco meses atrás se me quemó mi casa. Aún así no me eché a morir. Tenía que trabajar por mis cinco hijos. Pero el maremoto acabó con todo. Me libré del mar y las carreteras cuarteadas, pero en Ecuador    nuestra situación es peor.  Somos gente de trabajo y  no queremos que nos regalen. Pedimos un apoyo para emprender un negocio”. 

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