3 de January de 2010 00:00

Una artesana que huele a canela

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En la casa de Patricia Arend todo huele a un aroma dulce. Casi se pueden saborear la canela, el clavo de olor y el anís. En su taller, el olor se intensifica todavía más. A ella le encantan las manualidades. Empezó pintando figuras de cerámica, pero un día aprendió a manejar la canela y se quedó con este oficio. Entonces, buscó quinua, ajonjolí, pimienta dulce y anís estrellado para completar sus obras.



Tenga en cuenta

Los diseños que ofrece a sus clientes van desde pequeños adornos o cajas para guardar joyas hasta centros de mesa con flores artificiales. 

Si desea algún tipo  de recuerdos para eventos sociales o artesanías en canela y especias puede llamar a los teléfonos: 273 0336/ 09 643 2146.Ahora,  esta es su profesión. A menudo la invitan a exposiciones de artesanos para presentar sus productos. Ella hace de todo. Maneja a la perfección lo que le han enseñado y  también crea motivos propios.  Todo empieza en su  cabeza. Luego hace  un boceto de lo que desea.

Después toma la canela. Algunos años le han enseñado que trabajar con este material no es tan fácil, ya que se encoge, por eso tiene sus trucos.

Para empezar el trabajo debe tener cortezas de canela diferentes a las que se venden en el mercado. Requiere aquellas completas, largas y gruesas. Entonces, toma cartón, diseña y corta. Después pega los pedazos alrededor del molde. Ella sabe que para este oficio lo principal es la paciencia. Y ella la tiene en buenas cantidades.

Así logró una de sus creaciones que todavía no ha visto reproducción: un molino de viento. Está hecho de canela con clavo de olor y  más.

También tiene pequeños adornos, como una canasta con flores que sirve como ambiental. Tiene obras grandes, como aquella que hizo para un matrimonio. Le pidieron un gran pozo elaborado  de canela y especias dulces para que los invitados depositen allí los sobres con sus regalos.

Su afición por la canela  la ha llevado  a investigar sus propiedades. Sabe que es buena para la digestión,  así lo cuenta a sus clientes.

El día en que sus hijos crecieron, ella buscó esta distracción. Ahora, es su negocio y recorre algunos lugares del país. De la ciudad va a los pueblos, duerme en carpas improvisadas, conoce diferentes destinos y difunde su arte por las ciudades. Incluso disfruta de anécdotas jocosas y divertidas y otras no tan amenas. 

La vida de artesana  le ha permitido conocer amigos.  Generalmente tiene cuatro compañeros con los que comparte el tiempo mientras se dedica a su negocio. Se ayudan unos a otros y  vigilan sus negocios mutuamente.

Una vida dedicada a un negocio propio le permite decir que:  “Lo importante es la voluntad y luchar por lo que se quiere” .

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