9 de marzo de 2015 17:15

Chicas desde 14 años buscan métodos anticonceptivos en centros públicos y privados de Quito

En la General Roca y Bosmediano, en Aprofe, atienden desde las 07:30 hasta las 17:30. Foto: Mariela Rosero / EL COMERCIO.

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Mariela Rosero

Carli Margarita Barbosa, de 17 años, decidió este lunes 9 de marzo buscar un método más seguro que el condón para evitar embarazarse. No acudió sola a la Asociación Pro Bienestar de la Familia Ecuatoriana, más conocido por sus siglas: Aprofe, ubicado en la General Roca y Bosmediano, en el norte de Quito. Su madre, Patricia Gudiño, de 47 años, la acompañó.

Gudiño trabaja en administración de empresas y vivió algunos años en España. Eso modificó su visión sobre la necesidad de la salud sexual y reproductiva en adolescentes. Allá los padres tenían una mejor comunicación sobre este tema con sus hijos y eso cambió sus conceptos. Tiene además un hijo de 15. 

Desde el 26 de noviembre del 2014, fecha en que el presidente Rafael Correa designó a Mónica Hernández como encargada de las políticas públicas para prevenir el embarazo adolescente, hay un debate en el país. Grupos que trabajan en salud sexual y reproductiva y minorías critican el llamado Plan Familia Ecuador, que reemplaza a la Estrategia Intersectorial de Prevención de Embarazo Adolescente y Planificación Familiar (Enipla).

En una entrevista para este Diario, Hernández cuestionó que “a través de una política pública se promueve a los adolescentes” a que “en vez de postergar el inicio de su vida sexual lo adelanten…”.

Carli niega que la apertura de su madre la incentive a tener sexo. “Mi madre supo cuándo tuve mi primera relación sexual. También fue la primera persona a quien le conté que ya estuve con mi actual pareja”, relató la chica, que esperaba un turno para que le colocaran un implante, que tendrá efecto durante tres meses.  

“Algunos padres lo ven como un tabú y los hijos terminan mal”, anotó la joven, que planea tener niños cuando cumpla 26, luego de terminar una carrera y comprar una casa.

En Aprofe, cuya matriz está en Guayaquil, el ginecólogo dijo no estar disponible para una corta entrevista con este Diario por la cantidad de pacientes que debía atender. En el lugar había una fila con más de 10 personas para cancelar por la cita, la mayoría jóvenes, dos de ellas con parejas.

En el centro norte, en la Cuero y Caicedo y av. 10 de Agosto, funciona el Centro Médico de Orientación y Planificación Familiar (Cemoplaf). Allí la obstetriz Elsa Racines maneja el área de atención a los adolescentes. El programa lo inauguraron en 1997 y está en 18 provincias del país.

La especialista cuenta que en los últimos años atienden a más pacientes menores de 25 años. En todas las sucursales, en el 2014 recibieron a más de 200 000 usuarios. El 27% del total de atenciones fue a menores de 25 años.

La mayoría es mujer y llega sola. Muy pocos padres acompañan a sus hijas. Llegan porque ya han empezado su vida sexual y quieren métodos para protegerse de un embarazo no planificado y de enfermedades venéreas.

¿Cuál es el método anticonceptivo más usado por las adolescentes? Los inyectables, que se colocan una vez al mes y que son más discretos. Según le comentan, no todas las chicas le cuentan a sus parejas que se cuidan. Así que además les piden utilizar condones.

En otros puntos de Cemoplaf en el país se reciben a chicas de 13 y hasta 12 años en busca de un método de anticoncepción. Pero en Quito llegan chicas de 14 años al programa de adolescentes. También jóvenes de 19 años con hijos. Por la Píldora Anticonceptiva de Emergencia (PAE) vienen mujeres de toda edad, incluso de 45 años.     

La obstetriz Racines señala que en general las chicas y los chicos que acuden a la consulta han empezado a tener relaciones sexuales sin contar con información correcta. Por ejemplo, creen que solo deben tomar la pastilla anticonceptiva el día que tendrán intimidad, tampoco conocen cuáles son sus días fértiles. En el caso de los varones, buena parte cree que solo deben colocarse el condón para eyacular. No saben que apenas hay una erección es posible la salida de espermatozoides.

A las opciones privadas se suman los dispensarios del Ministerio de Salud, donde hay consultas ginecológicas y se ofrecen métodos de planificación y la PAE.

Orfa Gallegos, de 43 años, llegó a las 08:30 de ayer al Centro de Salud de San Juan, localizado en la Juan Larrea y Checa, a pocos metros del Colegio Mejía y de la matriz del IESS.

Ella tiene tres hijos de 23, 21 y 4 años. El último, fruto de una nueva relación. Se ha protegido de otros embarazos con condón y también con un método inyectable. Pero le recomendaron usar un implante, porque tiene útero fibroso.

Una muchacha otavaleña, de 21 años, también hizo fila en este punto del Ministerio de Salud. Tiene dos hijos, uno de 5 años, cumplidos en octubre pasado, y otro que cumplirá 5, el 3 de mayo. Luego de su segundo embarazo ella y su pareja decidieron planificar. No podrían mantener a un tercer niño. Ella se dedica a la limpieza de casas y su esposo también hace limpieza pero para Petroecuador. “Es una solución inyectable, que me aplico cada mes”, contó.

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