16 de January de 2010 00:00

Los Alzamora saben alimentar al ganado

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Redacción Sierra Centro
agromar@elcomercio.com

En la centenaria finca El Puente, el ordeño se inicia al amanecer. A diario se obtienen 800 litros de leche.    “La calidad es excelente. Esto se logra con un prolijo cuidado de  la ganadería. Allí se aplica un buen e interesante sistema de alimentación”, sostiene Freddy Sánchez, jefe del
Área de Política Lechera de Parmalat.

La empresa recoge  la producción  de la finca de Edwin Alzamora, uno de los ganaderos más  reconocidos de la provincia de Chimborazo.



La ganadería es hermosa. Es una pasión que exige dedicación.
Edwin Alzamora
Ganadero chimboracenseLa propiedad está en Chambo, a 10 minutos de Riobamba. En los   pastizales rodeados de árboles  pastorean vacas de la raza jersey.  Las más jóvenes se alimentan en comederos. 

Cerca de allí se encuentra  una casona  de varios patios   donde vivieron varias  generaciones de la familia Alzamora, en el siglo pasado. También hay un invernadero y un silo donde se procesa y guarda la comida para el ganado.

“Las técnicas que aprendí en Estados Unidos fueron aplicadas acá. Son sencillas, fáciles y rentables”, dice   Alzamora.

En el invernadero la  temperatura supera los 25 grados. El calor deshidrata  el pasto de las variedades pichincha e híbridos tetraploides que tienen proteína y fibra.  También hay alfalfa y llantén forrajero, que aportan minerales. 





El pasto está distribuido en 130 bandejas metálicas. Luego del proceso de secado se corta y se guarda en costales de yute para luego dar a las reses. Pueden durar más de  cinco años. 

“Hay que mantener el heno seco. Si hay humedad, el  olor es desagradable  y los animales no lo comen”, afirma  el ganadero,  quien trabaja con su hijo Fabián.

Del  invernadero se obtienen  25 pacas de heno, cada una de  75 libras. Sirven para alimentar a las terneras  y a las vacas jóvenes   que cría  Alzamora en la finca El Puente y en otra en el sitio Chugllín, también en Chambo.  En total tiene 100 animales.

Los dos lugares suman  15 hectáreas. Alzamora dice que las vacas que tienen menos de 2 años de edad necesitan esta comida para desarrollar la panza. Mientras más grande, mejor.  Lo ideal, según él, es que deben caber tres dedos entre cada costilla.

Las vacas en producción están en el campo. Comen hierba fresca y balanceado. También les da el maíz forrajero mezclado con pasto, que se guarda en   un  silo ubicado en el ingreso a la finca.

Allí se deposita esta variedad de maíz que  tiene más hojas. Toda la planta, incluida la mazorca de granos gruesos, es triturada junto con el pasto. El producto se compacta para disminuir el oxígeno. Este proceso genera que se forme el ácido láctico.

A Alzamora le encanta degustar este producto que aporta con energía y fibra. Tiene un sabor similar al del vinagre. Antes de recorrer los pastos se lleva en sus manos una ración para saborearla en el camino. “Los americanos me enseñaron algo importante: lo que es agradable para ti, es agradable para el animal. Y así es. A mis vacas les encanta”.

Para él, lo más importante es que esta técnica permite almacenar alimento  durante años. Actualmente tiene 250 toneladas de esta comida. Dice  que en épocas de caída de ceniza, sequía o exceso de lluvias, el silo le ha permitido mantener a sus vacas sin problemas.

Alzamora ha difundido la obtención de alimento a través de invernadero y silo en conferencias  y cursos dictados a pequeños ganaderos de la zona.

“Cuando mis paisanos y yo conocimos el silo,  alguien dijo que las  vacas se van a chumar. El olor era fuerte. Pero miré la ganadería  de don
Edwin y es  una belleza. Tengo un silo chiquito”, cuenta Luis Auncancela, quien cría 20 vacas en Guano.

Alzamora participa desde hace 28 años en la tradicional Feria Ganadera Macají, que se realiza por las fiestas de abril en Riobamba. Ha ganado las distinciones: mejor  ternera joven, mejor  ubre,  vaca   suprema... 

Dice que el secreto para lograr una buena ganadería es la dedicación. “Esto es hermoso”.

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