17 de junio de 2016 08:50

¿Por qué tarda tanto la justicia en juzgar los crímenes del nazismo?

Oskar Gröning

Oskar Gröning, excontable de Auschwitz, fue condenado en el 2015. Foto: Archivo EFE

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Agencia AFP

Esto es lo que los tribunales alemanes de la posguerra hicieron, u omitieron hacer, a la hora de juzgar las atrocidades cometidas durante el Tercer Reich.

El sistema judicial alemán es blanco de las críticas. Se le acusa de haber emitido pocas sentencias, demasiado indulgentes, y además tarde.

Consecuencias judiciales


Según el historiador alemán Andreas Sander, unas 6 650 personas fueron condenadas desde 1945 por los Aliados occidentales, la República Federal Alemana (RFA) y más tarde por la Alemania unificada.

Pero la mayoría lo fueron por denuncias o persecuciones, y solo el 7% por “asesinatos masivos”, entre los que se incluye el genocidio de los judíos. Solo el 9% de las penas superan los cinco años de prisión (hay 166 cadenas perpetuas).

La exRepública Democrática Alemana (RDA) fue más radical, con 12 890 condenados entre 1945 y 1989 y penas más severas, según el jurista holandés Christiaan Rüter. Pero resulta complejo realizar un balance, advierte Daniel Bonnard, de la universidad de Marburgo. Es muy difícil distinguir los juicios políticos de los emprendidos contra antiguos nazis, principalmente porque los magistrados eran “proclives a emitir dictámenes ideológicos”.

¿A qué se deben las sanciones leves?

A “la presencia de antiguos nazis en la administración y la justicia” y a “las elecciones políticas efectuadas en 1949”, cuando se fundó la República Federal Alemana, explica Daniel Bonnard.

Los alemanes, deseosos de olvidar y de reconstruir, rechazaron el resultado de los juicios celebrados por los Aliados, al considerarlos “una justicia de los vencedores”.

Y la joven RFA se negó a incluir la noción de “crímenes contra la humanidad”, que permitiría tomar en cuenta la dimensión colectiva del exterminio. No lo hizo hasta 2002, y fue sin efecto retroactivo.

¿Qué efectos ha tenido?

“Con el Derecho común penal”, los jueces estaban atados de manos, resume Andrej Umansky, investigador de derecho penal de la universidad de Colonia.

La calificación de “asesinato con agravante” conlleva la cadena perpetua (que en la práctica se reduce a 15 años). Pero los magistrados “tenían ante sí a acusados de edad avanzada e integrados” socialmente, que habían actuado en el marco de un “Estado dictatorial”, recuerda Umansky.

Durante décadas, los tribunales siguieron dos principios.

Por un lado exigían pruebas de una participación individual. Hubo que esperar a la condena en 2011 de John Demjanjuk, un exguardia de Sobibor, y la del año pasado contra Oskar Gröning, excontable de Auschwitz, para prescindir de este requisito.

Además reservaban las condenas más largas para quienes habían matado por iniciativa propia o con saña. A los otros los trataban como “cómplices”, ejecutantes “desprovistos de voluntad propia”, afirma Daniel Bonnard.

¿Por qué los juicios tardaron tanto?

La creación en 1958 de la Oficina de Investigación sobre los crímenes del nazismo permitió acelerar los juicios. Pero ya habían transcurrido muchos años desde la guerra y los recuerdos de los testigos se difuminaban.

Además, en 1968, tres líneas introducidas en una ley por un jurista con pasado nazi bastaron para provocar la prescripción de muchos procesos. Los miembros de la Oficina central de la seguridad del Reich (RSHA), encargados de organizar la deportación de los judíos, se libraron así de un juicio “a pesar de una investigación enorme”, cuenta Andrej Umansky.

Este episodio pasó desapercibido en aquel entonces, pero resurgió en 2012 con el escándalo provocado por “el caso Collini”, novela del abogado Ferdinand Von Schirach. Ese mismo año, el ministerio de Justicia encomendó a una comisión de investigación el estudio del caso.

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