17 de March de 2010 00:00

El aire de Quito tiene 3 enemigos

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Redacción Sociedad

Una amigdalitis obligó a Anaí Jaramillo, de 7 años, a faltar a clases desde el lunes 15. La alumna de tercero B de básica de la Unidad Educativa Sucre acudió al dispensario médico del plantel, luego de sentirse mal desde la tarde del domingo.

La atendió el médico Danny Burgos, quien reconoció que al menos el 70% de los entre 25 a 30 consultas que atiende a diario corresponde a pacientes con problemas de vías respiratorias. Solo el lunes de 16 niñas que atendió entre las 07:00 y 09:00, ocho fueron por faringitis, amigdalitis y bronquitis.

Los indicadores altos
René Parra, jefe de la Red de Monitoreo Atmosférico de Quito, advirtió que en el 2009 subió a 19,35 microgramos (µg) de material particulado por metro cúbico de aire, que superan los 17,95 del 2008.
En el 2004 y 2005, las concentraciones medias de CO en Quito fueron  de 1,17 mg/m³. En el 2009 disminuyeron en un 38%.  Aunque la legislación no establece límites, la Red registra las concentraciones de otros contaminantes como el benceno (produce cáncer de sangre) y formaldehído (produce cáncer de pulmón).
En el 2009, las concentraciones medias fueron de 8,4 y 2,95µg/m³.
 En el país se analiza  la posibilidad de aumentar los PAH en los combustibles. Eso les volvería mucho más contaminantes.

Aunque asumen que no es la única causa, Burgos y Héctor Guerrero, rector del plantel educativo, coinciden en que la alta contaminación del aire en el sector agrava los problemas de salud. El plantel está ubicado en las calles Montúfar y Silva, en el Centro de Quito, que son muy transitadas por buses y más autos.

Esa sospecha es ratificada por el estudio Impacto de contaminantes del aire de Quito en la salud, elaborado por un equipo de médicos y expertos ambientales de Ecuador y de EE.UU.
Fernando Sempértegui, uno de los responsables de la investigación, enumera tres grandes enemigos de la calidad del aire: el material particulado fino (menor a 2,5 micras), el monóxido de carbono (CO) y los hidrocarburos poliaromáticos (PAH).

Sempértegui explica los efectos. Estas partículas emitidas por los vehículos que funcionan especialmente con diésel, se introducen en las células respiratorias y causan una inflamación crónica. Se encuentran en el humo negro que sale por el escape y facilitan la introducción de bacterias y virus, responsables de infecciones.

“Estas partículas son calificadas como un asesino en medio de nosotros, ya que el pequeño tamaño les permite navegar profundamente en los alveolos de los pulmones”, reza el informe. 

A eso se debe que en especial niños como Anaí Jaramillo, que permanecen en zonas con alta contaminación, sufran con mayor frecuencia infecciones respiratorias y neumonías.

La convicción de Burgos es  que estas complicaciones no solo afectan a los niños, sino también a los adolescentes y adultos, que comprenden el personal administrativo, profesores y estudiantes secundarios del plantel.

En cambio, los PAH son temibles porque causan mutaciones de los genes. Al ocurrir esto, alternan la estructura de la molécula que tiene dos cadenas unidas entre sí. Pero al introducirse los PAH las atrofian  y, por tanto, alternan la estructura de los genes y su funcionamiento.

Uno de estos genes es el P53 que evita  que las células se vuelvan cancerosas. De ese modo cualquier célula puede dispararse y formar un tumor. Ese es el mecanismo más básico del potencial cancerígeno de los PAH. La principal incidencia es el  agravamiento de los casos de cáncer de pulmón y de mama.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que los niveles tolerables de PHA no deben pasar de 10 nanogramos (milmillonésima parte de un gramo) por metro cúbico de aire.

Pero el estudio del equipo de  Sempértegui determinó que, por ejemplo, en la 12 de Octubre, sector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, se supera en 22 veces ese límite. 

Los médicos consideran al  CO como otro enemigo ambiental que se asocia con el retardo en el desarrollo fetal. La explicación de Sempértegui es que cuando el CO penetra en el organismo de la futura madre  se mezcla con la hemoglobina. Así se da paso a la Carboxihemoglobina (COHb) y que, a través del cordón umbilical, pasa a su hijo.

Si se  supera el límite de 2,5% de CO en el contenido de hemoglobina, se desmejora el abastecimiento de oxígeno y de nutrientes. Y los efectos se reflejan en el peso, la talla y el perímetro de la cabeza del recién nacido.

Así, por ejemplo, por cada punto porcentual de incremento de COHb materna,  la talla del  recién nacido es 7 milímetros menor. Estos resultados se establecieron con un seguimiento hecho a 101 madres que dieron a luz en la Maternidad Isidro Ayora, de Quito. El 11%  presentó COHb mayor al 2,5%.   

Los expertos aseguran que frente a este estado de contaminación, el uso de mascarillas especiales resulta lo más recomendado. Pero para no llegar a esos extremos la solución es mejorar la combustión de los vehículos y la calidad de los hidrocarburos.

Punto de vista 

José Becerra/ Observatorio Ambiental de Quito

‘Otras energías son la solución’

Debemos cambiar de combustibles, siguiendo las experiencias de los países europeos. Hay un plan piloto en Guayaquil con los biocombustibles: estos mejoran el rendimiento y bajan las emisiones contaminantes.

Además, dadas las condiciones de Quito, tenemos que incorporar nueva tecnología sobre  energías basadas en hidrógeno, electricidad y gas para la movilización de los vehículos. La energía con base en hidrógeno, por ejemplo, se obtendría al separar los componentes del agua.

Instalar las plantas para producir estos nuevos combustibles requiere de inversión. Pero más es cuestión de decisión política y de inversión. Pero no en función de cuánto estoy ahorrando; es decir, sigo con los combustibles fósiles porque me ahorro unos cuántos millones de dólares. No debe importar cuánto se invierta en las nuevas energías, a cambio del  bienestar de la gente. El problema es que en el país hay un imperio del petróleo. Mientras exista eso, nada cambiará.

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