14 de julio de 2015 18:40

La AIEA, los ojos y oídos de la comunidad internacional en Irán

Sede de la AIEA en Viena. Foto: Iaea.org

Sede de la AIEA en Viena. Foto: Aiea.org

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Agencia AFP

En la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) , lo llaman “el calabozo”. Se trata de una sala sobrecargada, escondida en el subsuelo del organismo en Viena y en ella se aloja el material empleado para verificar que los países respetan sus obligaciones nucleares.

En esa habitación se almacenan los equipos de alta tecnología que permitirán a los inspectores de la AIEA verificar que Irán cumple con los compromisos contraídos en el marco del acuerdo histórico concluido en la capital austriaca con las grandes potencias.

Fijadas en una de las paredes del “calabozo”, cámaras empotradas en cajas metalizadas azules filman las instalaciones nucleares iraníes inspeccionadas por la AIEA.

Esas cámaras no se encuentran en el mercado, sino que son especialmente fabricadas para la agencia. Y las imágenes que registran, así como los sellos electrónicos estampados sobre los equipamientos nucleares, son infalsificables.

Otros dispositivos electrónicos, algunos sin estrenar, miden por ejemplo la tasa de hexafluoruro de uranio (en forma de gas) en las centrifugadoras. Este último, cuando es altamente enriquecido, permite fabricar la bomba atómica.

Al salir del calabozo, se entiende mejor por qué la AIEA es considerada, como dijo su director general, Yukiya Amano, “los ojos y los oídos de la comunidad internacional” en Irán.

Inspecciones reforzadas

Pero todos esos equipamientos ultrasofisticados no serían nada sin los recursos humanos que los utilizan.

Actualmente la AIEA, que ya tiene acceso a varios sitios nucleares iraníes, despliega de cuatro a 10 inspectores diarios sobre el terreno.

Tras la firma del acuerdo, la agencia aumentará su carga de trabajo, al deber inspeccionar un mayor número de instalaciones, incluidos sitios militares, donde Irán podría llevar a cabo pruebas convencionales que pueden ser aplicables a un hipotético programa militar.

Una de las principales misiones de la AIEA, en efecto, es esclarecer la posible dimensión militar del programa nuclear de Teherán.

Pese a que siempre lo ha desmentido, Irán es sospechoso de haber llevado a cabo investigaciones clandestinas hasta 2003 y quizá más adelante, para desarrollar un programa nuclear con objetivos militares.

La agencia de la ONU quiere tener acceso al personal científico, a las instalaciones y a los documentos susceptibles de estar ligados a estos trabajos de investigación.

La AIEA se ocupará igualmente de las centrifugadoras, las máquinas que enriquecen el uranio. Teherán ha aceptado disminuir drásticamente el número de centrifugadoras y de que sean precintadas con los sellos de la agencia de la ONU.

El organismo internacional también deberá comprobar la reducción de las reservas de uranio débilmente enriquecido y la transformación del reactor de Arak.

“No vamos a jugar a los vaqueros como se hizo en Irak e ir a mirar debajo de la cama, ni exigir una confesión a los iraníes, pero tenemos que esclarecer el pasado para confiar en el futuro”, explicó un diplomático occidental.


Hospitales, sitios militares

Según Thomas Shea, exinspector, la AIEA quizá deberá apoyarse en los servicios secretos extranjeros o en los disidentes iraníes.

“Si Teherán quisiera disponer de nuevo de equipos clandestinos, podría tratar de disimularlos en instalaciones industriales, hospitales, centros comerciales o bases militares”, escribe Shea en un informe para la Asociación Americana de Control de Armas.

La AIEA, fundada en 1957 por la Asamblea General de Naciones Unidas para impulsar el desarrollo de la energía atómica con fines pacíficos, fue premiada con el Nobel de la Paz en 2005, mientras que en Irán es considerada por algunos como un nido de espías y un organismo no imparcial.

Las relaciones con Teherán, sin embargo, han mejorado en los últimos dos años, según una fuente diplomática.

La puesta en marcha del acuerdo representará “un fuerte esfuerzo global para la institución”, cuyo presupuesto anual es de aproximadamente USD 351 millones, según una fuente diplomática.

“Se tratará de la operación más importante de la AIEA” y las necesidades en materia de recursos humanos, financieros y materiales serán consecuentes con la importancia de la misión, advirtió en mayo Amano, recordando que la puesta en marcha del acuerdo intermedio concluido en noviembre de 2013 entre Teherán y las grandes potencias costó aproximadamente USD 1 millón al mes.

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