15 de mayo de 2016 00:00

Difícil acceso al servicio de agua en tres cantones

Servicios básicos como el agua son de difícil acceso algunas de las zonas afectadas por el terremoto del 16 de abril. Foto: Juan Carlos Pérez/ EL COMERCIO

Servicios básicos como el agua son de difícil acceso algunas de las zonas afectadas por el terremoto del 16 de abril. Foto: Juan Carlos Pérez/ EL COMERCIO

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Bolívar Velasco  (I)

Muisne, Pedernales y Manta padecían de un difícil acceso al agua antes del terremoto del 16 de abril, principalmente por la calidad y el abastecimiento.

En el primer cantón, las alternativas eran los pozos profundos o el acopio de agua lluvia.

Por ejemplo, en la parroquia San José de Chamanga se pagaba USD 1 para llenar un tanque con el agua que les proveía a diario un tanquero.

Esa era la única opción que tenían los pobladores desde hace 12 años cuando colapsó el sistema de agua formal que les construyó la Prefectura.

Según el presidente de la Junta Parroquial, Gabriel Mendoza, este proyecto funcionó un mes debido a que las tuberías presentaron fisuras y otras estallaron por la fuerza del caudal. Desde entonces, el agua del tanquero solo se emplea para lavar la ropa y para el baño debido a que no es potable.

Esta se extrae de los ríos Daule y Mache que quedan a 15 minutos de Chamanga.

Para la cocción de los alimentos, las familias compran recipientes de agua envasada, pero no todos pueden acceder a eso porque no cuentan con dinero.

Cuando no hay recursos, hierven el agua y lo consumen, como lo hace Erudijes Ortiz, una de las vecinas de este sector afectado por el sismo.

Mendoza dice que al momento no se puede determinar si a futuro se consideraría una obra para satisfacer de agua a la población donde actualmente se encuentra la parroquia. Las autoridades les dicen que los 5 915 habitantes deben evacuar debido a que viven en una zona que no es segura.

En Pedernales el agua es entubada, no potable. Así lo sostienen los habitantes y los técnicos del Municipio.

Según María Luisa Muñoz, directora de la empresa de Agua Potable, el abastecimiento, antes del terremoto, llegaba al 70% de la población urbana.

El problema es la calidad y distribución, agrega Muñoz.
El flujo de agua no era constante; se hacía por turnos a cada sector, cada dos o tres días. Entonces la gente debía abastecerse para los días sin agua.

Para ciertos sectores, especialmente los asentamientos que crecieron alrededor del casco urbano y en las afueras, la distribución se hacía a través de tanqueros.

Después del terremoto se habilitaron dos bombas de la Prefectura de Pichincha.

Giovanny Falcones, director de Obras Públicas del Municipio, cuenta que arreglar el sistema de agua potable costará unos USD 8 millones, pero que el proyecto, que presentarán a Senagua y al Banco de Desarrollo, incluye abastecimiento y distribución para Coaque, Chorrera y Cojimíes.

En Manta, poco a poco se restablece el servicio de agua.

El Municipio indica que han avanzado en la recuperación de la red en un 85%.

Para cubrir el faltante se hacen un despacho de entre 140 y 150 tanqueros diarios.

Para el alcalde Jorge Zambrano, esta es una oportunidad para crear un sistema inteligente y sostenible para toda la ciudad.

“Una etapa para desarrollar un modelo urbanístico que tome en cuenta algunos de los desafíos del futuro, entre estos, la escasez del líquido vital a causa de sequías en el futuro”.

En la actualidad las plantas de Ceibal y Colorazo proporcionan el líquido vital a Manta.

La situación

Senplades  indica que la cobertura de agua por red pública en Muisne alcanza el 13%.

El indicador  se basó en el antiguo sistema que funcionaba con pozos. Pero colapsó hace 42 años, según el Municipio.
La planta de tratamiento del sistema alimentado por el río Tachina, en Pedernales, genera 17 litros por segundo. La producción no alcanza a cubrir el casco urbano.

La EPAM, con ayuda de la empresa francesa Veolia, recupera las redes de agua potable en los barrios Jocay, Miraflores y otros.

Muisne, Pedernales y Manta piensan en proyectos para garantizar el servicio.

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