2 de January de 2010 00:00

El agro no tuvo un buen desempeño

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Redacción Agromar

El año 2009 no fue tan bueno para el sector agropecuario, pesquero y acuícola nacional.

Varios factores incidieron en el poco crecimiento de este sector. El cambio de ministros fue determinante, pues hubo dos en solo un año. Salió Walter Poveda y entró Ramón Espinel, quien llegó con su  agenda, distinta a la de los otros dos ministros salientes.

La crisis económica, que impactó en la reducción de los precios de algunos productos de exportación; la sequía, la fiebre aftosa y menos pesca también afectaron a los productores.

En medio de esta caída hubo algo positivo. El crédito aumentó, en especial el del Banco  de Fomento. Hasta septiembre se entregaron USD 166 millones, 3 millones más frente al mismo período de 2008.  También se  entregaron tierras estatales  a  pequeños campesinos. Cuatro agricultores, una ganadera y un pescador hacen su  balance.

‘Con un crédito sembré frutillas’

Redacción Cuenca

Con un crédito del Banco Nacional de Fomento inicié  mi plantación de frutillas hace siete meses en el cantón Chordeleg. Como novato fue duro, pero con decisión salgo adelante.  Pedí  USD 17 000 y ya empecé a pagar los intereses.

Debo cancelar el crédito en seis años, pero  espero hacerlo en menos tiempo. Construí el invernadero, que tiene una estructura grande y las camas para el sembrío de las frutillas.
También compré  5 000 plántulas que traje de Chile. Cada planta producirá  unos dos años y  luego las cambiaré. Y  equipé  el invernadero con un sistema de riego que me sirvió para no sufrir con la sequía.

Aún no obtengo  la primera cosecha, pero hay una buena perspectiva porque el sembrío desarrolla  bien. Tengo previsto tener las primeras 280 libras por semana para mediados de enero.

El crédito me benefició porque  empecé mi negocio en mi tierra (Chordeleg). Viví 10 años en Nueva York y estoy seguro que si este crédito me lo daban antes de irme no hubiese emigrado. El trámite fue fácil.

Después de estar tanto tiempo en Estados Unidos  me cansé  y  tomé la decisión de volver  a trabajar en el país.  Para este año, mi  visión es  crecer y eso  incentiva a mi familia. Pensamos poner un sembrío de moras y venderlas.

Con lo que cosechemos vamos a vender en Chordeleg,  en principio. Ya hemos vendido algo de frutilla en esta zona, aunque no ha sido una cosecha formal.
Siempre me   preguntan  cuándo sale más producto y ya tengo clientela y debo explotarlo. Este año el  invernadero (unos 2 000 metros)  no me dio dinero, pero  en 2010 eso cambiará.

‘La pesca no fue tan buena’

Redacción Manta



Pocas capturas. Segundo Mero es un pescador de Manta.
Foto: EL COMERCIOEl mar estuvo rebelde  gran parte del año que acabó. De enero a marzo, los condenados peces se escondieron.

Capturo cabezudos, perelas, corvinas, pargos y muricos; viven entre las rocas. Les dicen que son peces de carne blanca.

Lancé hasta 700 anzuelos por cada salida, tres veces por semana, y  apenas picaban 30 o máximo 40.  Creo que las corrientes alejaron a los peces. A veces,  iban al norte y otras  al sur. 

Para navegar en mi lancha se necesitan USD 120, entre combustible, alimentos para los tres tripulantes y carnada por día. De marzo a junio muchas veces regresábamos mirándonos las caras. Cuando no hay pesca solo se come y cuando la faena es  exitosa se gana dinero.

 Nuestra salvación  ha sido el dorado que apareció de imprevisto a mediados de octubre. Este pez  lo compran  ocho fábricas que hay en Manta, Montecristi y Jaramijó. Hemos llevado hasta cinco quintales por viaje.

Un año antes estuvo mejor. Hubo atún muy cerca, abundantes corvinas y pargos. Creo que el año pasado solo trabajamos para medio sobrevivir.

Los únicos prestamistas que tenemos los pescadores artesanales son los comerciantes. Ellos nos prestan para la faena diaria y,  a cambio, toda la pesca es para ellos. Es un problema, la mayoría de veces impone sus precios.

Esos préstamos en el Banco de Fomento  tienen mucho papeleo. Al final terminan diciendo que no tenemos con qué pagarles. Muchos compañeros se endeudaron hace 15 años. Les quitaron sus botes y casas. Yo no quiero que me pase eso. Prefiero seguir con el día a día...  sé que puedo dormir tranquilo.

‘Nosotros producimos  las semillas’

Redacción Sierra Centro



La papa en Quero. Segundo Analuisa produce su propia  semilla.
Foto: EL COMERCIOEste año ha sido duro para nosotros.  La sequía acabó con gran parte de nuestros cultivos. El único producto que creció fue la papa.

Cosechamos una papa chiquita. En este pueblo, Quero (Tungurahua), el Ministerio de Agricultura no da semilla.  Al menos yo y los 32  socios de la Junta  nunca hemos  recibido nada.
Los técnicos envían semilla para quienes están en las partes altas, en el  páramo. No sé por qué motivo en la zona baja de Quero no se entregan semillas.

Tampoco  hemos pedido. Tenemos una forma distinta de trabajar. No esperamos que nos regalen nada. Para obtener semilla guardamos una parte de lo que se cosecha. En estos meses  obtuvimos 30 quintales de papa gruesa de la variedad Santa Rosa y Gabriela.    De esos, 10 fueron para semilla que se siembra cada seis meses.  La papa que tenemos es buena.
Quero abastece  a toda la provincia.  

Para tener un buen producto  preparamos   la tierra  con abono orgánico. Luego fumigamos a las plantas con los preparados de hierbas para que no les afecten las plagas. La más común es el gusanito blanco que se mete en la papa. Otra forma es rotando los cultivos. Por ejemplo, ahora  sembré papa Santa Rosa; antes fue  Gabriela.  Se debe dejar que el suelo descanse y no se gasten sus nutrientes.

También cambiamos de lugar la siembra. En el centro de la parcela cultivo  papa y a los lados  zanahoria y arveja. En otras, la zanahoria va en el centro y la papa a los lados. Hay agricultores que intercambian la semilla. Es una alternativa  par  mantener un producto bueno. Sembramos la papa, sin ayuda.

‘Mi ganado no tenía qué comer’

Redacción Santo Domingo



El ganado en Santo Domingo. Rosario de la Cruz es una ganadera.
Foto: EL COMERCIOA mí me fue regular. El verano secó los pastizales para mis 45 vacas.

No tenían qué comer y se enfermaron. Las medicinas subieron  de precio y tuvimos que gastar más. Los pequeños ganaderos no recibimos ningún  apoyo. Debemos darnos la mano unos a otros para pedir que no eleven precios de los insumos.

La fiebre aftosa nos afectó económicamente. No pudimos vender el ganado, no había feria, tuvimos que curar a las reses que se contagiaron... La fiebre llegó hasta mi   finca en el recinto Mar de la Tranquilidad (Santo Domingo de los Tsáchilas).

La Asociación de Ganaderos  estuvo bien organizada para combatir la enfermedad, pero los brigadistas se atrasaron  y nuestros animales se contagiaron. Los vacunadores deben  llegar a tiempo y estar  capacitados.

Menos mal que el precio de las reses no bajó tanto. El ganado gordo siempre se vende a un mayor precio y ese se redujo, pero en el pequeño y mediano el valor es estable. Pensaba vender un toro en  600 dólares, pero máximo me  pagan  500.  Por una vaca  de 350 libras ofrecen 400. No me conviene ese precio.

Ahora me preocupa la llegada del invierno. Necesitamos maquinaria que nos ayude a abrir las carreteras y nos presten mayor atención al campesino y pequeño ganadero. Las vías son importantes para nosotros, por ahí sacamos el ganado o los productos que cosechamos.

El camino a mi propiedad está hecho una lástima, casi no se puede entrar con carros. Los esteros han crecido, las alcantarillas están tapadas y los carros casi no pueden transitar por esa carretera en mal estado.

‘Me pagaron  bien por el cacao’

Redacción Guayaquil



El cultivo en Guayas. Willian Santillán recibió  USD 135 por quintal.
Foto: EL COMERCIOHa sido un buen año para nosotros, sobre todo por el precio. El quintal se ha mantenido sobre los USD 100  y  a nosotros -los agricultores pequeños- nos ayuda mucho en nuestra economía.

Lo que más producimos aquí, en el recinto Buenos Aires 1 (Yaguachi-Guayas),  es el cacao. También tenemos sembríos de ciclo corto. El precio máximo que hemos recibido  es  hasta USD 135 en estos dos meses. Ha sido el mejor precio desde que yo recuerdo y tengo ya más de 10 años dedicado  a este cultivo.

Lo primero que uno hace cuando recibe más dinero es pagar las deudas, luego compramos algunas cosas que faltaban en la casa, pero también queremos mejorar  el cultivo. Ahorramos para comprar tuberías y poner riego en mis cuatro hectáreas. Estoy pensando en hacer un pozo en los siguientes meses,  que cuesta como USD 500.

Este año se produjeron hasta 30 quintales por hectárea. Aquí cosechamos algunas variedades de cacao nacional y tratamos de cuidar las plantas para mejorar esa producción.

Tiene una mejor calidad y  le damos un mejor tratamiento. De la Asociación de Exportadores de Cacao  hemos recibido charlas sobre la poda y el abono de los árboles. También cómo darle valor agregado para tener más ingresos. Por ejemplo,  mi mamá ya está haciendo bolas de chocolate para vender.

Eso nos motiva a nosotros como agricultores. Entre 12 agricultores de la zona hicimos un vivero y así  queremos renovar las plantas más antiguas y  que no son productivas.

‘Al fin tengo tierra para sembrar’

Redacción Esmeraldas



Un agricultor de Esmeraldas. Luis Sánchez recibió 4 hectáreas.
Foto: EL COMERCIOHemos luchado 17 años por esta tierra. Pero al fin tenemos papeles.

Estoy contento con las cuatro hectáreas que nos dio el Ministro de Agricultura  a cada socio. Somos  120 de la cooperativa Nuevo Timbre. Hubiera sido mejor que nos den un terreno más grande. Tengo a mi esposa y un hijo y me puedo defender; otros tienen familias numerosas.

Seguiré cultivando verde (plátano), cacao y productos  como tomate, maracuyá, pimiento y sandía. Esos tienen buena salida en el mercado.

Pero ahora que tenemos la tierra necesitamos dinero para cultivar. Necesitamos que el Banco de Fomento nos dé créditos, para seguir adelante. Calculo que requiero, al menos, USD 400 para semillas y abonos.

Nuestra lucha aquí ha sido dura. La hacienda El Timbre era una de las haciendas más famosas de Esmeraldas desde donde se exportaba banano. Luego pasó  a los hermanos Isaías y finalmente la AGD (Agencia de Garantías de Depósito) se tomó el predio, por deudas.

La hacienda (900 hectáreas) estaba abandonada y nosotros necesitábamos tierra para sobrevivir. Nos organizamos y durante las invasiones hubo cuatro o cinco muertos. Eso ya quedó atrás. Ahora hay que seguir luchando.

Gracias a Dios, por primera vez los campesinos, que producimos los alimentos para el país, somos tomados en cuenta. Solo una duda me ronda por la cabeza, ¿no sé si estos certificados de garantía de posesión serán definitivos o habrá que tramitar los títulos de propiedad?

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