15 de agosto de 2016 12:23

La vida precaria de los haitianos en Brasil los lleva a emigrar a EE.UU.

Un grupo de haitianos se hospedó en un hotel de Tulcán, antes de avanzar hacia Colombia. Foto: Francisco Espinosa para EL COMERCIO

Un grupo de haitianos se hospedó en un hotel de Tulcán, antes de avanzar hacia Colombia. Foto: Francisco Espinosa para EL COMERCIO

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Redacción Seguridad

En la mochila de Kelly solo hay tres pantalones, cinco camisetas y seis interiores. Con ese precario equipaje dejó Brasil hace dos semanas. El sábado 6, el haitiano llegó a Tulcán. No pudo entrar a Ipiales por el Puente de Rumichaca, la ruta legal para pasar a Colombia.

“No importa. Yo quiero estar en Estados Unidos”, decía Kelly a este Diario. Probablemente, él ahora ya esté en alguna ciudad colombiana, tratando de avanzar hacia Centroamérica, tras haber utilizado pasos clandestinos que hay en la frontera entre Ecuador y Colombia.

En esa larga travesía también está Gilbert, otro isleño que salió hace 15 días de Santa Catalina, un estado situado en la región sur de Brasil. Ahorró USD 500 para intentar arribar a territorio estadounidense.

Trabajaba en la construcción, pero desde hace seis meses se quedó desempleado. Pasó días sin comer y dejó de enviar dinero a su familia.

El éxodo reciente y masivo de haitianos desde Brasil, país que los acogió a raíz del terremoto del 2010, ocurre por la
crisis económica que vive la nación sudamericana y porque este año se vencieron las ayudas que otorgaba el Gobierno.

Se calcula que unos 45 000 is­leños se refugiaron en Brasil tras la catástrofe. Ahora, miles intentan emigrar a Estados Unidos, usando a Perú, Ecuador y Colombia como países de tránsito. 
Chile tiene 26 años. Abandonó Marchand-Dessalines, su pueblo natal en Haití, para buscar mejores días en Brasil. Allí trabajaba en una empresa procesadora de carne. Ganaba
1 350 reales (unos USD 250).

El sueldo lo gastaba en comida y en una pequeña habitación. Lo poco que le quedaba lo enviaba a su madre. En Saint Michel de l’Attalaye, en cambio, Kelly tiene a su esposa y dos hijas adolescentes a las que no ve desde el 2013, cuando emigró a Brasil.

Él incluso vivió 15 años en República Dominicana. Todo ese tiempo trabajó en la agricultura, pero decidió salir por la situación hostil del país. "Yo con mis ojos vi que empezaron a matar haitianos. No nos quieren", comenta el isleño.

Los extranjeros aseguran que harían cualquier cosa por llegar a EE.UU. No quieren regresar a Haití ni a Brasil. "Es peor para mí allá. No hay trabajo. No hay servicios. ¿Cómo pago colegio, comida, servicios? No puedo", cuestiona Kelly.

Gilbert ahorró USD 900 para iniciar la travesía hacia EE.UU. Utilizó USD 140 para pagar el boleto de avión desde Brasil hacia Perú y el resto lo ha gastado en el pago de habitaciones en ciudades peruanas y ecuatorianas, y en comida. Solo le quedan USD 200 y otros 25 000 pesos colombianos que cambió en Tulcán, antes de intentar avanzar hacia Ipiales.

"Somos amigos. Si a uno le falta, el otro le ayuda", explica Gilbert, cuando se le pregunta si ese dinero le alcanzaría para llegar a Estados Unidos.

Las mafias cobran hasta USD 3 000 para movilizar a los haitianos hasta EE.UU. Quienes no tienen ese monto optan por hacer el recorrido solos.

Gilbert conoció a Kelly y a Chile en Santa Catalina, en las reuniones que hacía la comunidad haitiana. Desde entonces, se han vuelto inseparables.

Los isleños dicen que cientos de compatriotas han abandonado Brasil desde el año pasado. Todos utilizan la misma ruta para avanzar a Estados Unidos: Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, México...

EL COMERCIO constató que decenas de haitianos se hos­pedan en Tulcán, mientras esperan instrucciones de coyoteros que los ayudan en el recorrido por pasos clandestinos.

Administradores y recepcionistas de los hostales reconocen que el flujo de isleños no ha parado desde marzo pasado.

En un alojamiento, por ejemplo, cada día ingresan entre 10 y 20 extranjeros. En otro, contabilizaron 500 alojados en las últimas dos semanas.

Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos revelan la llegada masiva de ciudadanos haitianos a Ecuador. En el 2014 entraron 17 278 isleños, pero solo 3 369 reportaron su salida.

Es decir, 13 909 están, en teoría, en territorio ecuatoriano. En la práctica, los investigadores de la Policía saben que muchos solo utilizan al país como punto de tránsito.

Antes del 2015, los migrantes que llegaban desde Haití solo avanzaban a Brasil. Ese era "su sueño americano". Ahora, lo abandonan para ir a EE.UU.

En el 2013, por ejemplo, solo tres de cada 10 haitianos que buscaron asistencia en el Servicio Jesuita para Refugiados y Migrantes (SJRM) se quedaron en Ecuador. El resto permaneció de uno a tres meses y luego se desplazó a Brasil.

"Ahora ya no tenemos nada allá. Sin trabajo no podemos vivir", cuenta Kelly. La última vez que habló con su familia fue en abril. Ahí les contó que estaba sin dinero y que quería ir a EE.UU. Desde entonces, sus parientes no saben de él. No están al tanto de su paso por Tulcán.

Lo mismo ocurre con Gilbert y Chile. Hablaron hace 60 días con sus padres. Les comentaron que harían un largo viaje y que cuando llegaran a EE.UU. se comunicarían...

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