18 de July de 2009 00:00

80 bares, el espacio para gozar ‘hasta las 15’ en Machala

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Redacción  Machala
machala@elcomercio.com

Una pegajosa música ochentera se escucha en el bar Hangover.  Los Cuatro de Liverpool hacen guiños desde el rincón más íntimo del local. Parejitas de enamorados y solteros de ‘cacería’ se esconden bajo las luces de neón.

Es jueves y las manecillas del reloj apuntan a la medianoche. Ya queda poca gente, porque pronto deberá cerrar, al igual que todos los locales del sector.

En el Hangover, uno de los primeros bares en abrir en la zona rosa de Machala, la consigna es relajarse, y si es que hay chance, ligar.
Las jarras de cerveza y las pipas son la especialidad en este bar de decoración minimalista.

El Hangover es uno de los 80 bares, karaokes y discotecas que se reparten en dos calles, a lo largo de cuatro cuadras, en la nueva zona de diversión de la urbe.

“Yo soy fanático de la música de los ochenta, y quería que mi bar tuviera ese estilo”, dice Rommel Aguilar, copropietario del Hangover, abierto en la esquina de las calles Colón y Manuel Serrano. Los fines de semana nos salimos un poco del estilo –confiesa- para complacer un poco al cliente. 

En la zona rosa de Machala, ubicada en un área regenerada por el Municipio hace tres años, hay bares y música para todos los gustos. La Quinta Avenida ofrece tecno y electrónica; Verde Limón, mucho reggaetón y bachata; el Serengueti, salsa en exceso.
 
La Asociación de Propietarios de Bares agrupa a 40 locales, pero en la práctica existen el doble. La calle Colón es la espina dorsal de la zona, adornada con palmeras, bancas metálicas y farolas.

Ni bien llega el jueves, la vía se vuelve pasarela. Un grupo de adolescentes, universitarios, oficinistas, ‘divas’ locales y parejas ocupa las veredas. Deambulan en grupos hasta hallar el local adecuado, o se concentran en los exteriores de los bares más ‘in’.

En todo caso, la pinta cuenta mucho. “Siempre trato de vestirme a la moda, me junto con mis amigas y aquí decidimos dónde ingresar. Apostamos quién se ‘alza’ con el mejor partido”, dice Liz Castro. Sus amigas, vestidas con mini y blusas ceñidas, asienten.

La zona rosa aún no obtiene categoría de zona turística, aunque la Dirección de Turismo de El Oro ya tramita esa designación. “Es la variedad de locales lo que atrae a la gente hacia esta zona. Aquí hay donde divertirse, donde alojarse, y lugares con comida variada”, menciona Aguilar.

El área se consolidó luego de que la calle Colón fuera reorganizada  y de que una ordenanza obligara a los centros de diversión nocturna a desplazarse allá.

Uno tras otro, los bares se siguen abriendo en las calles aledañas. Un poco más alejadas están las cantinas y barras, con su singular clientela.

Los viejos residentes no desaprovecharon la oportunidad de sacarle rédito  a la nueva cara del sector. Hace dos años a Iván Villacrés le tentó la idea de poner un bar en el garaje de su casa, donde tenía un pequeño restaurante.

Con algo de inversión adecuó el espacio. El bar de Villacrés, Torre Colón, tiene una oferta para un público más ‘profesional’,  “para un tipo de gente que gusta de buena música y tomarse un trago moderadamente”.

Entre viernes y sábado el movimiento y el bullir de los autos no para hasta las 03:00, cuando la Policía inicia su ronda. Los trasnochados se arriman a las carretas de comidas ambulantes, que nunca faltan con una guatita o un encebollado.

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